Universidad Metropolitana
4:31 pm. Sábado 08 de Febrero de 2020
Opinión
4:31 pm. Sábado 08 de Febrero de 2020

«Sin llegar a la condición de semidiós –como lo fue en tiempos remotos–, el médico era tratado con especial consideración, con sumo respeto». —Fernando Sánchez Torres.

A decir verdad, no me compadezco de lo que pasa en nuestro país como consecuencia de las decisiones tomadas en el sector salud por sus dirigentes políticos, pues soy un convencido de que los únicos culpables de que a los médicos les difieran el pago de sus salarios por varios meses y, que además, ejerzan su profesión en condiciones denigrantes, es decir, sin mediar contrato que a la postre los priva de vacaciones, horas extras, cesantías y seguridad social, entre otros, son los propios galenos.

Desde la implementación de la ley 100 de 1993, el gremio médico debió ejercer un liderazgo en pro de la defensa de sus intereses. Sin embargo, en una actitud casi que masoquista, muchos de sus miembros han venido apoyando en las urnas a sus verdugos. Tal es el caso, de los triunfos de Uribe en el 2002, 2006, 2014 y 2018, los de Roy Barreras y de los otros tantos médicos que elección tras elección se reeligen como congresistas.

Desde hace 27 años, es decir, desde la creación de la ley 100 de 1993, los conformistas y apáticos profesionales de la salud colombianos nos hemos dejado meter en la boca los 10 dedos de las manos, y creo que hasta los 10 de los pies, de algunos dirigentes políticos que defendieron y abogaron por el diseñó de un modelo de salud que favorece a la intermediación, en desmedro y a despecho de los ejes del sistema como el colega que lee esto y yo.

En el año 2015, con el ánimo de reivindicar los constantes abusos a nuestra profesión, se aprobó la ley estatutaria de la salud (ley 1751 de 2015), la cual, en un fragmento del artículo 18 reza lo siguiente: «los trabajadores, y en general el talento humano en salud, estarán amparados por condiciones laborales justas y dignas, con estabilidad y facilidades para incrementar sus conocimientos, de acuerdo con las necesidades institucionales».

Desafortunadamente, la mencionada ley no solo es letra muerta sino un derroche de imaginación y utopía porque, sencillamente, no hemos tenido los cojones para enfrentar al sistema en defensa de su aplicación, si tenemos en cuenta que, los médicos somos un gremio fuerte que puede obligar a cualquier gobierno «a batirse en retirada», para ponerlo en términos militares. Sin embargo, no lo hacemos porque «la tropa» está dispersa, acobardada y sin liderazgo. Muchos, pisoteando su propia dignidad, actúan como ruedas sueltas y negocian bajo cuerda motivados por el ardor de sus estómagos.

Así las cosas, si a los médicos no les pagan sus salarios y trabajan en condiciones desventajosas, no deben considerarse como víctimas de nuestro sistema de salud, sino que se está haciendo justicia. Justicia porque, esos profesionales de la salud han sido complacientes, apáticos y conformes ante una ley que cambió la percepción de la salud en Colombia, la cual pasó de ser un derecho de la población a un negocio asegurador muy lucrativo de la infausta intermediación traducida en EPS.

En resumen, los médicos colombianos no debemos dejar de pensar y creer que nunca vamos a pagar por culpa de nuestra actitud complaciente. Está claro que, desde hace 27 años venimos pagando el alto precio de nuestro conformismo, apatía, pasividad y falta de liderazgo.

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