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5:00 am. Domingo 26 de Junio de 2022
Opinión
5:00 am. Domingo 26 de Junio de 2022

El ex presidente Uribe aceptó reunirse con el Presidente electo Gustavo Petro, decepcionando a radicales de bando y bando, quienes critican a Uribe por matizar la derecha y a Petro, por dialogar con su archienemigo de antaño. Para mí, por el contrario, es la mejor noticia que augura un gobierno distinto, un gobierno demócrata. Para poder construir país, toca dialogar. El diálogo, la unión y el propósito común, Colombia, obliga a que los polos opuestos trabajen juntos en pro del país, pensando más en Nación y menos en el titular del periódico o revista amarillista de turno. Colombia tiene que dar el salto democrático de poder, sin temer, tener gobiernos de derecha o izquierda, según la elección del electorado, que no afecten la economía y por el contrario, cada uno a su manera, la hagan pujante y podamos lograr consenso en unos mínimos innegociables para nuestros compatriotas. 

La nueva era que avizora una reunión en paz entre Uribe y Petro, es la oportunidad perfecta para fundamentar un país diverso donde todos quepamos, donde todos tengamos un lugar. El presidente electo tiene que construir puentes en vez de muros, diálogos en vez de exclusiones, capital en vez de expropiación. Su actitud inicial y su aterrizaje anuncia al pueblo que se puede gobernar, hacer bien y generar bienestar, con una mejor visión de país. Hace dos años, en círculos cercanos cuando afirmaba que Petro sería presidente, en mi salón de clases tanto en la Javeriana de Bogotá como en la U. del Norte de Barranquilla, sólo el caos cabía en el imaginario colectivo, mis estudiantes de los diferentes semestres lo veían imposible y temían las consecuencias; los mercados, no alejados a esto, tiemblan ante la posibilidad de que un gobierno radical afecte un país débil como el nuestro, pero los anuncios del Presidente electo podrían calmar las aguas turbulentas que hoy vemos. Con su conducta permite suponer ¿Y si pasa lo contrario? ¿Y si Petro, como presidente, logra mejorar la economía, establecer unos mínimos de salud, educación y dignidad para la población? De eso tan bueno no dan tanto, dice mi Yaya, mi mamá, pero si el presidente electo comienza dialogando con su mayor opositor y el político más importante de la historia moderna del país, Álvaro Uribe Vélez, augura al menos un buen comienzo, una moderación, un talante de estadista y no de un revolucionario. 

El ex presidente Álvaro Uribe y el presidente electo Gustavo Petro

Espero y en cuatro años, mi columna no sea sobre una decepción, de corazón no, por mí, por mi empresa, por mí hija. Espero y podamos decir que Gustavo Petro, como presidente, emuló demócratas admirables de otras latitudes, cerró la brecha de la paz, aumentó el capital nacional y extranjero y redujo márgenes de pobreza importantes, desechando toda duda que pesaba sobre él por un sector de la sociedad que le temía. Desde aquí le deseamos lo mejor al gobierno que comienza porque todos necesitamos que le vaya bien. La reunión entre Uribe y Petro, es histórica para Colombia, simboliza muchísimo y toca leerla como es, como una nueva era. Ojalá rompamos el ciclo y cambiemos para bien, ojalá demos el salto que siempre hemos añorado a una democracia dialogante, a una nación en paz, próspera y en libertad. Si el diálogo entre Uribe y Petro sale bien, Colombia entra en una nueva era democrática y eso, se lo debemos a ambos.

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