Unimetro
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1:14 pm. Domingo 17 de Octubre de 2021
Opinión
1:14 pm. Domingo 17 de Octubre de 2021

Si nos basáramos en la temperatura de las redes sociales, el técnico Reinaldo Rueda ya habría salido de la dirección del combinado nacional. El último empate con Ecuador provocó la ira de quienes quieren ver rodar la cabeza ensangrentada del cuestionado timonel.

Lo que ocurre en Colombia con el técnico también sucede en otros países: una parte o la totalidad de la afición culpa al líder de la mala marcha del equipo, sobre todo cuando aparece una seguidilla de derrotas.  La raíz de este comportamiento está en la frustración por no ganar, la cual, muy a menudo, se convierte en odio o violencia

La frustración por no ganar en la mayoría de los casos, pero también hay otros motivos, como las enemistades del técnico, la pérdida de una supuesta o real identidad futbolística, el deseo de un equipo más atacante o la aspiración de ganar jugando bien, entre otros aspectos.

El fútbol es el deporte más pasional y polarizante, al menos en muchos países de Latinoamérica, y los técnicos están sometidos a leyes inexorables, como aquella de que el que pierde y pierde se va, el que empata y empata ve temblar su cabeza, o el que recibe una goleada saca técnico va a descansar a otra parte.

A Rueda varios periodistas deportivos y parte de la fanaticada no le perdonan haber salido como salió de Chile. Le han colgado, para rematar, el sambenito de técnico defensivo y muchos son tan inflexibles con él que no le reconocen ningún logro, sugiriendo que la selección no levanta cabeza por este entrenador.

La medida para establecer lo que ha hecho Rueda con la selección no puede ser solo el último empate con Ecuador, ni tampoco el magnífico partido que su equipo le hizo al onceno de Chile. Pienso que lo mejor es mirarlo todo acudiendo a la perspectiva histórica, con los pros y los contras.

Ecuador no se fajó a jugar como el cuadro austral. Chile intentó hacer un partido de tú a tú y fue superado ampliamente por Colombia, como lo demuestra el marcador y como lo reconocieron el estratega y los jugadores chilenos. El onceno nacional lució muy bien e hizo respetar la localía al triunfar con contundencia, efectuando la mejor puesta en escena de la época Rueda.

El lance con Ecuador fue muy distinto. Este equipo vino a no dejar desplegar su juego a la selección nacional. Cerró espacios y canales de circulación, como las bandas. Compactó líneas, creando una muralla de atletas fuertes e impasables que presionaron en todo el terreno para asfixiar a Colombia.

El cero a cero fue el resultado de la manera como el entrenador Gustavo Alfaro paró a su equipo y lo hizo rotar por todo el campo, presionando de modo sistemático para maniatar al onceno nacional y para hacer deslucir a los mejores jugadores nacionales.

Esto hay que escribirlo pues, en el lenguaje de algunos periodistas y de la fanaticada dolida por el empate, parece que Colombia hubiera jugado sola, sin ningún adversario enfrente.

El mismo dispositivo que hizo ver ofensiva a la selección contra Chile fue el aplicado contra Ecuador, con un resultado completamente distinto, no por culpa de los jugadores y del técnico, sino del onceno ecuatoriano, que vino a jugarse la vida en Barranquilla después de la inesperada derrota en Venezuela.

Lo que se ha analizado no es para justificar nada, sino para entender cuáles fueron las circunstancias que evitaron la tan añorada victoria que hubiera inundado al país de felicidad, y de mucha tranquilidad a Reynaldo Rueda y a su equipo.

Entiendo que hay personas exitistas a quienes solo les complacen las victorias. Pero hay que observar, más allá de la pasión, lo que ha ocurrido con el seleccionado patrio. Rueda encontró un camerino fragmentado y un grupo desmoralizado por las goleadas sucesivas ante Uruguay y Ecuador.

Los números ubicaban a la selección por debajo de la zona clasificatoria al Mundial de Catar. Ante sus adversarios nuestro equipo había perdido aquel prestigio obtenido en los tiempos de Francisco Maturana y José Pékerman, por efecto de la crisis que sufría.

Este onceno de Rueda no despliega el vistoso fútbol del pasado (si cerramos los ojos ante la anomalía del partido ante Chile), presenta dificultades notables a nivel de creación de juego y de volumen de ataque, pero ha progresado, si nos atenemos a las cifras y al tono del camerino.

Aunque no les guste a los detractores, Rueda puso al onceno en la zona de clasificación al Mundial y levantó la autoestima del grupo, después del desastre de la corta era Queiroz. A pesar de los altibajos, el cuadro parece haber adquirido otra fisonomía, como se vio en la pasada Copa América, donde obtuvo el tercer lugar después de Argentina y Brasil.

No es el onceno soñado por la mayoría, más que nada en cuanto a un mejor funcionamiento de sus líneas y de un estilo vistoso, pero está en la pelea y con muchas posibilidades de clasificar. La tiene muy dura, enfrentando de visitante a las dos potencias mundiales de Latinoamérica.

Pero puede hacer buenos partidos, incluso a Brasil y Argentina, como ya lo demostró en la pasada Copa América. Eso que algunos ven como un defecto, la tendencia a defenderse y a saber defenderse, quizás se convierta en una gran virtud a la hora de conseguir puntos en el exterior, sobre todo con las potencias suramericanas.

Al partir de la corta historia del proceso Rueda y al pensar en las posibilidades de la selección en el futuro inmediato se ve como un error gravísimo prescindir de sus servicios. Lo mejor es continuar con él, aunque no llene las expectativas de buen fútbol a que fueron acostumbradas nuestras retinas en procesos anteriores.

Sacar a Reinaldo y traer a otro estratega, en las condiciones actuales, sería una especie de suicidio que las directivas del fútbol no van a propiciar. Toca esperar a que el equipo mejore en su fútbol con la inclusión de otros talentos, como James Rodríguez.

Si Colombia le hubiera ganado a Ecuador quizás esta columna hubiese sido innecesaria. Hay que desearle lo mejor al equipo, que eleve la calidad de su juego y que consiga los resultados necesarios para que nos posicione en Catar.

Si esto ocurre, quizás toque escribir otra columna para narrar el viacrucis de una selección y un técnico que, contra todos los disparos de sus detractores, supieron sobreponerse a las circunstancias adversas para obtener el gran objetivo: el pasaje al Mundial de Catar. Que así sea.

El entrenador Reinaldo Rueda

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