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11:39 am. Domingo 15 de Septiembre de 2019
Opinión
11:39 am. Domingo 15 de Septiembre de 2019

Para la mayoría del interior del país está claro que Alex es presidenciable. Por ello, desde comienzos de 2019 cuando se dejó entrever que existían diferencias entre Vargas Lleras y la Casa Char que adelantarían el nombre de Alex en la contienda presidencial para el 2022 y no para el 2026 como todos tenían presupuestado, arreciaron las noticias sobre los presuntos pecados de Alex.

Sin embargo, estas líneas no están dirigidas a una opinión política sobre una carrera presidencial que aún no empieza, pero sí ha llamado la atención de los medios capitalinos, en su afán por empezar a bajar la que parece inamovible popularidad de Alex, dejando a los barranquilleros y a quienes vivimos en Barranquilla como simples vasallos que juran fidelidad ciega a su feudo, y uno de los principales pecados que le endilgan es su forma de gobernar mediante un imperio de amiguismos. Por ello, me decidí a contar esta particular historia.

En el año 2008 el señor Alex Char asume por primera vez la Alcaldía Distrital de Barranquilla y encuentra una ciudad hasta ese momento inviable, porque antes de llegar a la solución de los arroyos, de los parques, los grandes escenarios deportivos, de la pavimentación de vías, de los mega colegios, y todas las obras que hoy la ciudad disfruta... se necesitaban recursos…y eso era lo que la ciudad no tenía. El Distrito estaba no sólo quebrado sino que estaba bloqueado financieramente. Nadie le prestaba dinero. El Distrito estaba en Ley 550. Existían en los juzgados de Barranquilla carteles que iniciaban procesos ejecutivos con documentación falsa y así se llevaban los dineros de todos los que tributamos en la ciudad y que bien podían servir para esas obras.

En ese contexto Alex, el amiguista, con su entonces Secretaria de Hacienda y secretario jurídico, llamó a su equipo a uno de los más prestigiosos abogados de esta ciudad y le pidió conformar un grupo de profesionales del derecho, para darse a la tarea de ir por la defensa legal del Distrito, primer paso para sanear financieramente la ciudad. Yo fui una de esas abogadas escogidas. Si yo! Que no soy amiga de ninguno de los miembros de los Char, que nunca voto por partido político en particular, que no pertenezco a Cambio Radical, con un perfil de litigante y docente universitaria. Fui escogida dentro de ese grupo, a quien Alex y Elsa siempre nos dejaron claro en las reuniones lo que esperaban profesionalmente de nosotros, por lo tanto, nuestra permanencia sólo dependía de los resultados en la gestión encomendada. Así de simple, sin un voto, sin amiguismos, sin drama.

Esto quise contarlo porque deducir que la Barranquilla actual de la que todos disfrutamos se logra sólo con amiguismos sería un craso error. Se necesitan muchas virtudes para llevar a la ciudad al lugar de desarrollo donde hoy se encuentra. Y también es un error catalogarnos de vasallos, casi como analfabetas, porque los resultados electorales del Atlántico no les favorecen en su afán por disminuir al presidenciable. Señores de prensa del país andino: ya nosotros dimos voto castigo alguna vez que un candidato de una de las casas políticas también influyentes y tradicionales trató de quedarse con la Gobernación, nosotros ya hemos vivido administraciones nefastas para la ciudad, cada una peor que la anterior, por ello la decisión que tome Barranquilla no corresponde a un juramento medieval, sino a la realidad que vivimos, que sentimos, que disfrutamos.

Y aprovechamos el momento para desearles muchos éxitos en la opción que esta vez escojan para Bogotá… porque llevan tres equivocaciones seguidas.  De fracasos y corruptelas. Buena suerte!

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