Unimetro
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10:20 am. Viernes 27 de Mayo de 2022
Opinión
10:20 am. Viernes 27 de Mayo de 2022

Increíble, inaudito, lo nunca pensado, ¡pero se dio! Junior quedó eliminado en una noche negra frente a su público en el Estadio Roberto Meléndez. Goles comenzando cada período, goles terminando cada etapa, un penal desperdiciado cuando el marcador estaba para empatar a uno y otras ocasiones sin concretar marcaron una lánguida y desastrosa jornada de fútbol juniorista. Unión de Santa Fe llegó y cumplió su cometido. Vino a ganar y lo logró gracias a su efectividad y a la pésima actuación del cuadro de casa que nunca descifró a su rival.

Junior parece sufrir el síndrome de penaltis botados. Como en aquella de hace algunos años cuando Harlam Barrera, presa del nerviosismo y de su poca experiencia, desperdició la mejor oportunidad para que Junior se coronara campeón de esta misma Copa Suramericana. Ahora fue Miguel Ángel Borja, un experimentado y curtido jugador que ostenta títulos de Libertadores y que anoche lanzó su disparo al cuerpo del portero del Unión de Santa Fe.

Nada parecía escrito en bien del Junior. Hasta el ”Loco” Alves abucheado y rechazado por el público rojiblanco en su paso por este club hace algunos años, propinó tremendo golazo a Viera en la parte final de la primera etapa para colocar una ventaja que se hacía más apremiante. Lo peor y vergonzoso el aplastante marcador 4-0, nunca antes visto aquí.

Unión de Santa Fe por el contrario, aplicó acertadamente cada movimiento en cada espacio del campo. Y, aunque sometido a un dominio casi absoluto del Junior, sorteó bien cada acción apremiante. Defensivamente sacó a relucir su capacidad, ayudado también por la ineficacia de los defensores y la ineficacia de los atacantes junioristas que presa del nerviosismo quizás no acertaban en sus remates o porque abusaban en el toque del balón.

Qué lejos nivel futbolístico mostró la divisa barranquillera. Qué espectáculo bochornoso frente a una afición que creía haber encontrado en el plantel una verdadera representación internacional. La de anoche fue para olvidar, para entender que en juego no se gana de camiseta, ni de soberbia; en el deporte se gana con capacidad, con inteligencia y con pundonor. Quizás como en el juego frente al Nacional en los cuadrangulares se pecó en ese fútbol inoficioso y engañoso que caracteriza al equipo de Juan Cruz Real. No es tocando veinte ni treinta veces el balón como se llega al gol. Las transiciones de los rivales son rápidas, precisas y eficaces, en contraposición a la del onceno local. Y en ese desgaste improductivo que ya los contrarios conocen, sacan ventajas al equipo rojiblanco.

No se admitía ninguna otra argumentación que no fuera la de clasificar. Junior lo sabía muy bien; como igual Unión de Santa Fe sabía también que tendría que salir a ganar; su compromiso iba más allá que la del cuadro barranquillero. La diferencia, ventaja para los tiburones, era que el juego sería el Estadio Roberto Meléndez, con el aliento de la hinchada y la casa de los rojiblancos y había que hacerla respetar. Por el contrario, el visitante nos avasalló, nos burló y se dio el placer de golearnos en nuestro patio.

El público no solo de la ciudad sino de todo el Caribe y quizás más allá, expectante confiaba en la victoria del onceno de casa. Ahora se siente defraudado, engañado y viviendo quizás de una ilusión que se vuelve a escapar en el orden internacional. Ya se perdió la primera batalla. Quedan dos: la liga y la Copa Colombia. Veremos realmente en lo que resta, de qué está hecho el equipo; ojalá no sea de humo como nos acaba de demostrar en esta Copa Suramericana.

¡La de anoche, una verdadera vergüenza. ¡Una lánguida y triste noche para olvidar...!

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