Unimetro
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7:00 am. Viernes 20 de Noviembre de 2020
Opinión
7:00 am. Viernes 20 de Noviembre de 2020

La estrepitosa, y no menos desconcertante caída de nuestra selección de fútbol en las dos fechas FIFA de eliminatorias suramericanas nos ha dejado un hálito de desesperanza, de incredulidad y desilusión. En menos de una semana pasamos del cielo al infierno. Primero frente a Uruguay en nuestra casa 3-0 y luego ante Ecuador en la aplastante derrota 6-1.

Situación para rasgarse las vestiduras mereciendo un análisis profundo y una decisión que igualmente debe ser contundente en el grupo en el que cuerpo técnico, jugadores y directivos de la Federación están seriamente comprometidos. Bien dice el refrán “Entre más alto se sube, más fuerte es la caída”. Colombia ha pasado de un pedestal que creíamos cada vez iba subiendo a una realidad profunda de incertidumbre.

Antes de iniciarse la tercera fecha de competencia suramericana todo parecía sonreírnos en un juego ante Uruguay en el que nos abrumábamos en estadísticas invencibles en nuestra casa, con nuestro calor húmedo, de un horario propicio y con envidiable presente de nuestros jugadores en Europa. Los Zapata, Muriel, Cuadrado, Davinson, Suárez, Morelos, Ospina y especialmente el renombrado James Rodríguez, nos ilusionaban con presentaciones optimistas ante los charrúas.  Pero la verdad nos pintó la cara de amarga e increíble derrota en la que técnico y jugadores son justamente señalados como responsables.

O tal vez sea mejor tildarlos de “irresponsables”. No de otra manera podríamos calificar a un entrenador de enormes pergaminos y experiencia, pleno de errores en la conformación de una nómina titular y, desubicado en los cambios en momentos de apremio. Índice quizás de desconocer el momento actual de los jugadores o prefiriendo recomendaciones ajenas a la actualidad futbolística y de rendimiento. Por ejemplo, el mejor jugador de marca en la línea media es, por todos sabido Wilman Barrios. Pero el técnico se da el lujo de cambiarlo en el juego ante los charrúas dejando una enorme franja despejada para el rival. Y en el segundo juego ante Ecuador vuelve a marginarlo para correr luego a incluirlo desesperadamente cuando el marcador era adverso ampliamente.

Colocar a Cuadrado como marcador de punta habiendo convocado a dos marcadores naturales como Muñoz y Orejuela no se entiende, porque además restaba profundidad dado el desequilibrio del jugador del Juventus en apoyo a los delanteros. Y así fueron marcándose las desacertadas variaciones del técnico Queiroz en el manejo del equipo en la cancha. 

Pero igualmente la responsabilidad de los jugadores les cala en gran porcentaje. Porque según se pudo apreciar, daban la impresión de no querer correr, lucían en línea de confort. Tal vez creyéndose superiores a los rivales o quizás, por alguna profunda división y contradicción en el plantel entre sí, o hacia el entrenador. 

Bien hemos sido defensores del estratega portugués, pero en esta ocasión no podemos dejar de señalar las equivocaciones o desaciertos en el manejo del equipo. Elementos considerados “Estrellas” en el fútbol europeo como James Rodríguez, Muriel, Zapata, Mina etc. mostraron desatención - por voluntad propia o por desmejoramiento físico - lo cierto es que a esta selección  se le vio caminar, no correr; se le vio confortable no ambiciosa, se le notó apacible no decidida. Y lo peor, se les vio falta de propósito, de pundonor por defender la camiseta tricolor. 

El mayor referente, James Rodríguez, de reiteradas acciones controversiales en los últimos tiempos en Europa, puso de manifiesto su mal momento anímico y se mantuvo fuera de concentración, siendo uno de los peores calificados futbolísticamente. Incluso se dice que entre James y jugadores como Barrios, Fabra, Cuadrado, Muriel y Zapata hubo enfrentamientos por la falta de actitud en la cancha que estos últimos le reclamaban a Rodríguez. Se afirma que el arquero Ospina se negó a jugar ante Ecuador por diferencia con el técnico y que hubo manoteos entre varios jugadores. Muestra inequívoca de lo que en el argot futbolístico se conoce como “Rompimiento del camerino”.

Hoy, las críticas no son solo por la derrota ante un rival que tradicionalmente ha estado por debajo nuestro; más allá del preocupante y abultado marcador, la falta de actitud en la cancha es lo que ha dejado una inmensa desazón en el pueblo colombiano. Especialistas en materia sicológica explican que cuando falta la voluntad intrínseca en la persona, el cuerpo humano es abrumado por la pesadumbre y el desinterés de sobrevivir. 

Colombia entró en un estado cataléptico y no fue capaz de por lo menos intentar salir del mismo. Su falta de amor propio nos condujo a un conformismo y complacencia sin acordarnos que estamos representando a millones de colombianos. No se tuvo sentido de pertenencia, ni siquiera nos importó. Por ello y es, nuestro pensamiento personal, creemos que es hora de tomar medidas drásticas de manera urgente. 

Sin esperar que sigan acumulándose males y defectos individuales y colectivos. En tal sentido creería necesario el cambio del cuerpo técnico. Con una selección  acorde con el prestigio adquirido internacionalmente en las últimas eliminatorias y en los últimos mundiales. Y no, a que vayamos a regresar a los años cuarenta cuando éramos goleados por Brasil, Argentina, Uruguay etc. con seis, siete, ocho y nueve goles.

Por lo menos en aquellos tiempos de los años cuarenta,  Colombia competía con un seleccionado conformado por jugadores amateurs y no profesionales y no teníamos roce internacional como los de ahora a los que se les exige máximo rendimiento.

Cambio de actitud, comenzando por la dirigencia de la Federación a la que parece se le salió de control la selección. Con juegos de preparación frente  a rivales europeos, sin tanto consentimiento a quienes se estiman estrellas, y en cambio, con exigencias por igual a “Capitanes y soldados rasos”. Pero también al cuerpo técnico cuyos trabajos sean supervisados por una comisión técnica que avale cada actividad. 

Y si hay que comenzar por la cabeza, que el nuevo técnico -ojalá extranjero- tenga conocimiento de  nuestro juego suramericano. Es -como dice el Pibe Valderrama- tiempo de hacer correcciones, de adoptar medidas trascendentales y volver a la unión de grupo. 

Las individualidades para lucimiento personal hay que dejarlas de lado y entender que unidos todos, podemos. 

“Arrieros somos y en el camino andamos”. Caminemos juntos por el mejor sendero para llegar a la meta final Qatar ¡2022..!. 

 

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