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6:12 pm. Lunes 22 de Noviembre de 2021
Opinión
6:12 pm. Lunes 22 de Noviembre de 2021

Por mucho tiempo, la democracia chilena ha sido considerada como una de las más estables en la región latinoamericana. Sin embargo, el 18 de octubre de 2019 inició lo que prensa denominó “estallido social” y desde entonces, el dinamismo político del país austral ha sido noticia. El pasado domingo, Chile vivió las elecciones más importantes desde el retorno de la democracia y lo hizo en un ambiente de alta politización, de incertidumbre y el resultado electoral da cuenta de ello: por un lado, José Antonio Kast, considerado por muchos como el representante de la extrema derecha, y por otro, Gabriel Boric, un joven de extrema izquierda que salió de la revolución pingüino y que con el apoyo del partido comunista se aseguró un lugar en la segunda vuelta. ¿Cómo entender estos resultados y qué se esperaría para Chile?

Lo primero que vimos en Chile fue la materialización de un choque generacional donde muchos jóvenes, que se venían movilizando, asistieron a las urnas y entregaron su apoyo a un proyecto que apela a la refundación del país, al cambio de modelo y que cuestiona los avances de los últimos 30 años. Llama la atención que este grupo se encuentra conformado principalmente por jóvenes de clase media-alta y clase alta, los mismos que conforman la generación con mayor acceso a bienes y servicios de la historia de Chile. Por su parte, 3 de los 4 candidatos más votados (incluyendo a Kast) representan proyectos asociados con la derecha, pero que en esta oportunidad se hacen cargo de reformas (y no refundaciones) con un especial énfasis en la restauración del orden público y en la reactivación económica. La premisa, que capturó principalmente a quienes se han visto afectado por la violencia, a pymes y a sectores populares ha sido la misma “necesitamos el orden para volver a crecer” y sin duda, gran parte de su éxito atiende a los profesionales de más de 40 años y adultos mayores que han vivido los cambios del último tiempo.

Lo segundo, es la significativa diferencia electoral entre la capital y las regiones. Aunque en Santiago ganó el candidato más joven, fueron las regiones quienes inclinaron la balanza política, especialmente aquellas que enfrentan desafíos como la inmigración ilegal-descontrolada o la violencia. Al igual que en otros escenarios, estos temas hacen parte de la vida cotidiana de las personas y afecta su calidad de vida. Paradójicamente, en los debates presidenciales estos temas fueron los más ignorados, siendo reemplazados por asuntos identitarios o temas valórico como el aborto o el matrimonio igualitario. Tal vacío supo ser aprovechado por Kast, denunciando la desconexión de los medios y de la élite cultural en los temas que “de verdad importan a los chilenos” y los resultados parecen darle la razón.

Ahora bien, hasta el 19 de diciembre cada candidato intentará redoblar esfuerzos para conquistar nuevos votantes, a esos sectores de centro, que aspiran a la moderación, que quieren cambios, pero no refundaciones y que, sobre todo están preocupados por el aumento de la violencia como resultado de las protestas y que extrañan el orden. En Colombia aún falta mucho para las elecciones, pero considerar la experiencia de Chile podría darle buenas pistas a cualquier candidato que quiera llegar a la casa de Nariño. @kdiarttpombo

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