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5:00 am. Viernes 30 de Octubre de 2020
Opinión
5:00 am. Viernes 30 de Octubre de 2020

En medio de la incertidumbre que por estos tiempos nos demarca la pandemia del Covid-19, del miedo a la muerte que impide hasta poder despedir a familiares víctimas de la enfermedad por el temor al contagio, pero también, con la esperanza de un pronto remedio que ponga fin a tan implacable plaga mundial, los barranquilleros en particular se debaten en la decisión o escogencia de si debe haber o no Carnaval en el 2021.

Decisión que está en manos de las autoridades de gobierno: alcalde, secretaría de salud y ministerio de salud. He ahí donde entra a dilucidarse la conveniencia o no entre la llamada reactivación económica y el riesgo inusitado de la salud de los ciudadanos. En las encuestas callejeras y no oficiales que se han adelantado, el concepto mayoritario es que debe primar la salud antes que la economía; es decir, preferible no realizar el carnaval, para proteger a la gente.

Desde luego, son apenas pruebas encuestadoras al azar y sin una muestra fehaciente que marque una inclinación certera o definitiva. Los principales afectados por una eventual suspensión del Carnaval de Barranquilla son los llamados “hacedores de la fiesta”, entre quienes se encuentran bailarines de cumbiambas y comparsas, artesanos, costureras, zapateros, maquilladores, creadores y decoradores de carroza, músicos de orquestas y grupos musicales, personal de logística, acróbatas, actores, gimnastas, disfraces y demás muestras folclóricas. Sostienen todos estos protagonistas que la fiesta debe mantenerse bajo condiciones especiales como hacerla de manera virtual, tal como se están realizando la mayoría de las actividades en estos tiempos.

Otros sin embargo, gran parte del común de la gente, expresa su inquietud y se inclina por la cancelación definitiva del evento. En tal sentido, el Alcalde Jaime Pumarejo, máxima autoridad distrital, ha dado un primer anuncio de suspender momentáneamente el carnaval. No ha dicho que se cancela ni que se aplaza para otra fecha- sino que se suspende- hasta ir decantando el futuro inmediato que nos vaya deparando la pandemia.

EL Carnaval de Barranquilla es la máxima expresión folclórica de Colombia. Una fiesta de cuatro días oficiales, con una antesala de por lo menos dos meses en que los organizadores realizan muestras multitudinarias como la Guacherna, Carnaval de los Niños y otros eventos y en el que el pueblo concita su atención presencial. Jornadas pletóricas de entusiasmo, alegría y sana convivencia. Considerada la más alegre del país que se ha realizado ininterrumpidamente desde 1865 fue declarada por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. La versión 2021 está seriamente amenazada por la pandemia del Covid-19.

Los barranquilleros nunca han dejado de disfrutar su tradicional fiesta, ni siquiera durante las dos guerras mundiales, ni en la década de la gran depresión, ni  en la época de la gripe española. Por la alarma que vive el país es muy difícil que se autorice la realización de los multitudinarios desfiles y conciertos que cada año tiene esta ciudad. Sería entonces este 2021 la primera vez que se suspendan o aplacen.

De todas maneras, las carnestolendas del 2021 prevé una crisis económica derivada de la pandemia. Sea que se realice o no, será un duro golpe para las finanzas del Distrito que se nutren enormemente de los ingresos por concepto de impuestos a los eventos y toda clase de espectáculo. Y para la clase trabajadora por la falta de generación de ingresos a quienes intervienen en las fiestas incluyendo vendedores ocasionales, creadores de vestimentas, disfraces, productos alegóricos como pitos, caretas, y artículos ambientales como espuma, maicena y demás productos como alimentos y refrescos.

En Barranquilla, el carnaval mueve una economía superior a los 300.000 millones de pesos y registra una población de más de un millón de turistas y visitantes nacionales y extranjeros que acuden a los distintos eventos festivos.

En la historia del Carnaval de Barranquilla en 155 años, la única vez que fueron  suspendidos algunos eventos oficiales, más no los populares fue en 1947. El 15 de febrero mientras se desarrollaba la Batalla de Flores, en un accidente de aviación en el Cerro El Tablazo, en Bogotá, murieron 48 personas entre las cuales reconocidas miembros de las familias Dugand, Donado y Volpe de la sociedad barranquillera y ejecutivos norteamericanos, de la Oil Company Petrolum, un canadiense, un francés y un británico y el reconocido futbolista Romelio Martínez igual que su pequeño hijo Romelio Jr. Las autoridades  decidieron suspender eventos en clubes y sitios sociales, pero los bailes populares y desfiles individuales en calles siguieron desarrollándose.

Para el 2021, el Carnaval está programado para celebrarse entre el 13 al 16 de febrero, pero con la eventual suspensión se ha propuesto por algunos sectores protagonistas que algunos eventos sean trasladados para el segundo semestre o en fechas más adelante a lo largo del año. Hay quienes sugieren que algunos actos se cumplan en el mismo mes de febrero pero de manera virtual, con carácter pedagógico manteniéndose el espíritu tradicional sin que se corra riesgo alguno.

Bien sea que se aplace o se cancele, lo cierto es que la fiesta del Carnaval del 2021 se vivirá  diferente a lo que tradicionalmente es en nuestra ciudad. El pueblo está consciente del estado de alarma que se vive en el país y antepone la prevalencia de salud y vida a cualquier manifestación que ponga en peligro de muerte a la gente. En ese sentido parece estar de acuerdo el Alcalde Jaime Pumarejo, la directora de Carnaval S.A. Carla Celia y los representantes de los hacedores del carnaval.

Lo que se puede asegurar es que la pandemia del Covid-19 parte la historia del carnaval en Barranquilla a partir del 2021.

Comenzará entonces a escribirse un nuevo capítulo de la tradicional y más emblemática fiesta de Colombia, bajo la muy valedera argumentación de que la salud y la vida están por encima de cualquier otra consideración, una de ellas la reactivación económica. 

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