Universidad Metropolitana
5:00 am. Viernes 26 de Junio de 2020
Opinión
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“Tras de cotudo con paperas”, reza un popular refrán que utilizaban nuestros abuelos y padres para resaltar que a un mal le caía otro y otro simultáneamente. Pues bien, es el caso de Colombia por estos tiempos, pero más severamente a nuestra Costa Caribe y diría yo, con mayor énfasis a Barranquilla.

Como si fuera poca la dramática situación que se vive en nuestra ciudad por el desbordamiento del coronavirus a tal punto de estar colocando el mayor número de afectados y de víctima fatales, se suman otros hechos que, por naturaleza o por la mano del hombre, nos atormentan cada día sin misericordia. Bien por la indisciplina social como se le ha llamado al desorden de habitantes de muchos sectores o por la falta de un mejor manejo administrativo, lo cierto es que Barranquilla sigue imponiendo marca nacional como consecuencia del Covid-19.

No aparece control alguno que pueda frenar o por lo menos apaciguar la curva ascendente de la pandemia. Pese a las ahora medidas más “drásticas” de la Alcaldía Distrital y la Gobernación, Atlántico y su capital Barranquilla particularmente, luce de verdad, como “la ciudad de brazos abiertos” a todos los males que puedan aparecerse en estos momentos.

Al Covid-19 se le suman los constantes “ahogos” por el contaminante aire que nos viene de la Isla Salamanca, del otro lado del Río. Problema que no es de ahora sino de años atrás por la quema sin misericordia de colonos y personas irresponsables que intentan robarse tierras para parcelar o sembrar en tierra sin dueños. De nada han valido las intervenciones de anteriores administraciones distritales y departamentales exigiendo a sus similares del Magdalena para corregir de manera definitiva este mal en tierras de nadie.

Lo cierto es que los habitantes de Barranquilla particularmente del norte y centro, se ven abocados a toda clase de enfermedad por el aire contaminado que seguidamente nos envían desde la Isla de Salamanca. Como si fuera poco, sometidos a los constantes cortes de energía eléctrica por Electricaribe, los barranquilleros debemos pagar las consecuencias del inoperable servicio de una empresa inepta y corrupta que “roba” a los usuarios con crecientes facturas por un servicio que no se presta o se presta a medias.

Esto de la energía es otro mal que parece no tener remedio como no parece tenerlo por ahora el Covid-19. Un puntillazo más, como para probar la capacidad de aguante de los caribeños, nos acaban de dar el miércoles con el apagón general que se presentó en toda la Costa. Doce horas después de esta emergencia autoridades y funcionarios de Gecelca y Electricaribe aún no tenían claro qué fue lo que pasó. Transelca simplemente se limitó a responder que se debió a una falla técnica en una subestación en Sabanalarga. Como consecuencia del apagón también se debió soportar la falta de servicio de agua a la población costeña.

Y, como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, ahora nos anuncian otra “pandemia”: La invasión de partículas de arena provenientes del Desierto del Sahara. Del África nos mandan nubarrones de  polvos y arenas grises y rojizas que seguramente causarán más afectaciones respiratorias en la población. San Andrés y Providencia fueron las primeras afectadas en Colombia y en horas de la tarde de este jueves y en la mañana de hoy  viernes  se presagiaba mayor intensidad de dicho polvo contaminante en el centro del país y principalmente en la Costa Caribe.

Jocosamente algunas personas denuncian que si de Asia (China) nos mandaron el Covid-19 y del África nos envían arena y polvos del Desierto del Sahara, ¿qué debemos esperar ahora de Oceanía y de Europa? ¿Sera acaso que América se ha convertido en el objetivo máximo para todos caerle sin  contemplación?

Tan estigmatizados estamos que hasta el Viceministro del Interior acusa a Barranquilla de ser la causante de su contagio por el Covid-19 sin sospechar siquiera que su irresponsabilidad de haber intervenido en reuniones y otros contactos públicos los hizo con el tapabocas colgado en el cuello. Qué ejemplo estamos recibiendo de quienes debieran ser las primeras muestras contra el contagio.

Lo cierto de todo es que este virus- como lo dijo el secretario de la ONU Antonio Guterres -nos ha puesto de rodillas a todos y no hemos sabido afrontarlo. “Estamos en medio de la niebla y hemos perdido la total confianza en políticos e instituciones”.

En lo particular, los barranquilleros aguardamos la esperanza de sobreponernos a todas estas contingencias. Para dejar de seguir siendo además la ciudad de brazos abiertos a todos los males.

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