10:59 pm. Jueves 14 de Marzo de 2019
Opinión
10:59 pm. Jueves 14 de Marzo de 2019

El trampolín, el comodín y hasta el “Para muertos” son estos algunos de los otros tantos calificativos que se le endilgan al Junior cada vez que como frente al San Lorenzo, se viene a pique cuando todo le parece dispuesto para la victoria. Hay quienes prefieren calificar al equipo de mediocre, sin jerarquía, como equipo de barrio que no alcanza la dimensión que históricamente merece.

Y como siempre, las justificaciones envuelven los malos resultados. Esta vez fue –dicen algunos- por la expulsión del marcador Gabriel Fuentes. Siempre habrá la excusa que intenta justificar la derrota. Estamos acostumbrados a ello. Porque en verdad pareciera que en el Junior no aspiraran a cosas mayores. No importan los esfuerzos, como ahora, de parte de los directivos de conformar un grupo supuestamente con serias aspiraciones de pelear la Copa Libertadores.

Lo de Fuentes, también se afirma, no es más que el mal ejemplo que reciben jugadores “novatos” de quienes como Teófilo Gutiérrez son considerados grandes referentes del club. Si Teo acumula un enorme registro de expulsiones  a lo largo de su carrera en los muchos clubes en los que ha militado, Fuentes va camino a superar en breve tiempo la marca del jugador de La Chinita. En menos de un año en primera división, Fuentes acumula cinco expulsiones y otras tantas amonestaciones, lo que pareciera indicar que no está mentalmente preparado para una alta competencia.

Casos como el de Teófilo y Fuentes son considerados como falta de fundamentación desde comienzo de la práctica del fútbol. La disciplina y comportamiento deben iniciarse desde niños, en categorías menores cuando la mente es fresca y receptiva a las enseñanzas no solo sobre tácticas, movimientos o de aprovechamiento de virtudes técnicas; también las normas de conductas dentro y fuera de las canchas son de singular importancia. Profesores de escuelas deportivas como Toto Rubio y Gabriel Berdugo han dicho muchas veces que al deportista debe formársele primero como hombre y luego como jugador.

Alguna vez escuché- y así lo expuse en una columna pasada en este mismo espacio- el técnico Julio Comesaña dijo que en Junior no se necesitaba un sicólogo sino muchos, porque cada jugador es una mente distinta y habría que colocar un sicólogo para cada uno de ellos. Estoy por creer que algo de razón debió tener Comesaña. No hace mucho Junior anunció la contratación de un especialista en sicología humana y hace pocos días se anunció que el equipo entraba en la onda de alta tecnificación al ser pionero en el uso de un drone para analizar el comportamiento del equipo en la cancha, los movimientos, virtudes y defectos de los jugadores en cada línea. En fin, ¿será acaso que también se requiere contratar no uno sino muchos siquiatras que evalúen y amolden la mentalidad de cada futbolista?

La falta de Gabriel Fuentes en un momento inoportuno y en circunstancias innecesaria fue tan burda como lo fue la expulsión de Teófilo en el juego frente al Palmeiras la semana pasada. En competencias internacionales seguimos mostrando grandes falencia de actitud. El año anterior  en juego ante un rival del Brasil, Germán Gutiérrez, también dejó en desventaja al club por una falta inapropiada y de allí se originó la derrota del equipo.

Ya no solo nos merecemos los epítetos de la prensa interiorana que nos consideran equipo alegrón y sin categoría, sino que a nivel internacional también nos conocen como el equipo trampolín y “Para muertos”. Ejemplos los hay por montones y este, ante San Lorenzo, que acumulaba 15 juegos seguidos sin ganar nos ratifica tal creencia. En Junior, los  jugadores no solo  sieguen siendo el centavo que falta para completar el peso, sino que además desaprovecha las grandes oportunidades de seguir creciendo o acumulando victorias cuando todo el camino  parece expedito.

Si hablamos de actitud mental, nos referimos a esa creencia que, tras algunas buenas actuaciones y alguna victoria lograda en Colombia, nos creemos los mejores de todos; y quizás también nos “tragamos el amague” cuando desde el interior los comentaristas dicen que tenemos el mejor equipo y que jugamos mejor que nadie. El ego parece hacer mella y dejamos la humildad a un lado y nos volvemos arrogantes.

Esta nueva caída en la Libertadores nos ratifica en el criterio-muy personal- de que no estamos preparados para alcanzar un título internacional como la Libertadores. El año pasado llegamos muy cerca de la Suramericana, pero nos faltó ese gol que nos diera la victoria. Faltó el centavo para el peso. Ahora en lo que va de la Libertadores nos volvemos a desnudar en falencias no solo de capacidad futbolística sino en actitud mental para alcanzar la meta.

Una ilusión más que parece desvanecerse. Porque hasta ese fútbol envolvente que caracterizaba al equipo se ha venido a menos. Seguimos manteniendo posesión del balón, pero seguimos fallando en la concreción. Nos falta definición de los goles. Pretendemos siempre llegar al gol con demasiados toques y con lujos infructuosos y hasta sentimos miedo de rematar al arco. Y en fútbol no solo se gana jugando bonito, sino marcando goles. Junior por ahora en la Libertadores muestra más expulsiones (2) que puntos (0) y goles marcados (0).

Es urgente el cambio de actitud de los jugadores y del mismo cuerpo técnico, Recuperar la memoria es urgente si aspiramos a cosas mejores. De lo contrario volveremos a convertirnos en solo un animador más tanto en el torneo colombiano como a nivel internacional. 

 

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