Universidad Metropolitana
5:00 am. Jueves 30 de Julio de 2020
Opinión
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La hipersexualización infantil es definida por el psicólogo clínico Rafael Ortega Rondón como “un complejo proceso que ocurre entre niños y niñas, principalmente en niñas, que hacen suyas formas de pensar y actuar que no están acordes con su edad cronológica y cuya lógica está basada en una exaltación preferencial hacia el aspecto sexual, por encima de cualquier otro aspecto”.

En el 2007, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó un documento en el que se denuncia la tendencia de la sociedad del siglo XXI a sexualizar a los niños. De esta manera, medios de comunicación, redes sociales y medios publicitarios emiten mensajes eróticos y sexuales al público infantil bajo la mirada pasiva, de los padres y de la sociedad en general.

Ortega comenta que el fenómeno no es nuevo, ni focalizado, es un problema mundial. “Los niños actúan exaltando su aspecto sexual con el propósito de obtener mayor aceptación o valor social, lo cual los induce a preocuparse de manera desproporcionada e inusual por su imagen corporal. Esto suele ocurrir desde muy temprana edad 3 a 5 años y se incrementa durante la pubertad y la adolescencia”.

La pregunta #sinrecato es: ¿Por qué ocurre la hipersexualización infantil?

Expertos concuerdan en afirmar que los estándares de belleza, en la actualidad, han influenciado fuertemente a la sociedad, al punto que también los niños se preocupan por su aspecto físico y son más vulnerables a este tipo de mensajes.

Al respecto, Ortega afirma que “el culto al cuerpo, para algunos adultos, no todos, es lo más importante, su apariencia lo es todo. La lógica es que las personas tienen mayor valor social si su aspecto físico es deseable, perfecto hasta llegar al punto de creer que mientras más deseo sexual despierto en los demás, más bello soy. Más valor social tengo como ser”.

Los padres y adultos deben ser orientadores y no dejar pasar por alto las señales que indican que existe un problema que bien podría prevenirse si se actúa, a tiempo, con determinación, serenidad y respeto.

En la actualidad, muchos adultos admiten que no es tan fácil saber, cuando ven niñas de 13 o 14 años, si esa es su verdadera porque parecen de 18 o 20 años. Es natural la confusión por muchos factores: el aspecto físico, la manera de actuar, de vestir y su forma de abordar a las personas. Es por eso que es muy común que algunas niñas prefieran de 15 años recibir como regalo una cirugía plástica que una fiesta o un viaje.

Aunque la hipersexualización se observa más en niñas, los niños también pueden experimentarla y ocurre cuando entre los 13 a 15 años toman suplementos vitamínicos y asisten al gimnasio para verse mayores. También pueden aparecer trastornos alimenticios como la anorexia, bulimia, entre otros.

Otro aspecto es la práctica sexual en edad temprana con penetración, situación que conlleva en consecuencias físicas y psicológicas como: embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, promiscuidad, etc.

Ortega hace unas recomendaciones para los padres que pueden enfrentar esta situación:

-La sociedad actual moldea conductas y si no interviene oportunamente puede verse afectada la personalidad de los hijos, trastocar e interrumpir su formación.

-La infancia es una etapa trascendental que no debe interrumpirse.

-Rechazar la idea de aislar a sus hijos del mundo exterior.

-Desde pequeños, mostrar a los hijos interés de lo que ven o lo que leen y orientarlos.

-La comunicación debe ser clara y las explicaciones adecuadas a su edad.

-Las niñas son las más vulnerables con la hipersexualización.

-Los padres deben agudizar los sentidos, escuchar a sus hijos, no como un interrogatorio.

-Permitirles ser críticos, que expongan su punto de vista y que saquen conclusiones.

-Enseñarles la educación en valores, es aportarles un escudo que los protegerá.

-Aprovechar la cuarentena para reactivar ese canal de comunicación con los hijos.

No deja de ser preocupante la información que reciben los niños a través de internet, sobre todo en la cuarentena, porque están conectados con mayor frecuenta a sus dispositivos digitales, recibiendo mensajes e información, cada vez, más adulta que los aleja de su niñez.

Pero no todo es negativo. El hecho de estar en casa permite conocer de primera mano, qué es lo que sienten, cómo piensan y, por supuesto, esa es nuestra labor como adultos y como padres: orientar, apoyar y despejar cualquier duda o inquietud que nuestros hijos tengan.

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