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Opinión
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El Diccionario de la lengua española ofrece las siguientes definiciones de la palabra Oropel: 1. m. Cosa de poco valor y mucha apariencia; 2. m. Adorno o requisito de una persona; 3. m. Lámina de latón, muy batida y adelgazada, que imita al oro. También incluye una locución verbal coloquial como esta: Ostentar gran vanidad y fausto, sin tener posibles para ello.

El gran compositor colombiano Jorge Villamil legó una hermosa canción cuyo título es, también, Oropel. Aunque su contenido enfatiza en la falsedad en el amor (en el oropel que se esconde detrás del engaño a los sentimientos), el sentido de la letra podría extenderse a otros comportamientos humanos o actividades de la vida.

La melodía, interpretada por el clásico dueto de Garzón y Collazos, contiene, en uno de sus estribillos, frases como esta: Amigo, cuánto tienes cuánto vales, que se conecta directamente con el tema de las apariencias, con el hecho de que la gente no vale por lo que es, sino por lo que aparenta ser, sobre todo en materia monetaria.

Villamil remata su idea general con esta otra aseveración: Principio de la actual filosofía, amigo no arriesgues la partida. Tomemos otro trago. Brindemos por la vida, brindemos por la vida, pues todo es oropel.

El oropel del diccionario y de la canción de Jorge Villamil se refiere a la falsedad de las cosas y de la gente. Su significado se puede traducir también como el hecho de que no todo lo que brilla es oro… o con la famosa frase, casi proverbial, de que las apariencias engañan.

La sociedad contemporánea es muy dada a reproducir esos comportamientos banales, de poca sustancia, mediante los que las personas y las cosas se nos presentan con la apariencia de lo que no son, fingiendo ser oro cuando no pasan de ser un simple latón sin valor.

Se podría aseverar que toda la cultura actual está permeada por esta matriz de aparentar lo que no es, con el propósito de engañar al otro o de pescar incautos.

Esa situación no toca solo al amor, como lo destaca Villamil, sino a casi todas la relaciones humanas.

En todas partes se cuecen habas, es decir, en todas las clases sociales, en todas las ideologías o profesiones se dan como hierba virgen los falsificadores, los engaña bobos, los engatusadores que venden gato por liebre, o simple lata por metal precioso. El tango Cambalache recoge muy bien la esencia de ese problema.

Si uno revisa la política colombiana, se da cuenta de inmediato que casi todos los sectores políticos, por la razón que sea, le dan cabida al oropel, a los corruptos disfrazados de impolutos, o a los farsantes que portan la máscara de la decencia, a los asaltantes de lo público que dicen proteger lo público.

El oropel, la falsificación de los principios y los valores, es casi como la verdolaga: se da silvestre y en abundancia. Casi no hay profesión o actividad que se escapen a su influjo, pues da la impresión de que los agentes que lo portan necesitaran de la falsedad y del engaño para vivir.

Hay lata que se quiere vender por oro en todos los vericuetos de la vida nacional.

Tanto entre los detentadores del poder y la riqueza, como en casi todos los estratos sociales. Esta situación hace aún más válida la frase sabia de la melodía de Jorge Villamil: El oropel es el principio de la actual filosofía. Amigo, no arriesgues la partida. Tomemos otro trago. Brindemos por la vida, brindemos por la vida, pues todo es oropel…

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