Universidad Metropolitana
5:04 am. Jueves 19 de Marzo de 2020
Opinión
5:04 am. Jueves 19 de Marzo de 2020

Las cifras, lo sabemos todos, son frías y lucen impávidas, como una lápida. Alrededor de ellas conviven los matemáticos en batalla singular con los logaritmos. Y las ecuaciones, pero siempre petrificados dentro de  la rotunda  atención que tienen que aplicarle  a la ejecución de cualquier operación.

Sobre la frialdad de los números se ha hecho singular literatura. Pero nadie, que sepamos, ha logrado “el milagro” de Chelo hacer humorismo con las cifras arrancándole a esa mole impávida torrentes de carajadas o valerse de su pétreo significado para convertir sus relatos en deliciosas croniquillas.

Chelo es uno de los periodistas más recursivos con que cuenta el Atlántico. Ajeno al egoísmo es incapaz de librar batalla contra la verdad. Respeta y admira al cultor del deporte, pero es socarrón y egoísta con alguna de sus manifestaciones. No es un periodista por vocación sino por condiciones Sus afectos inconmensurables se han aliado a la pelota; y sus cordiales antipatías las ha montado en brioso corcel para restarle importancia al fútbol. Califica al primero como “juego de ciencia, y al segundo como actividad indefinida”.  Y es que él no se explica que lo que se dilucida con las extremidades pueda tener repercusión sobre la inteligencia.

Una de las tantas condecoraciones por su labor como periodista deportivo por mas de 75 años.

 Las crónicas de Chelo se leen con fruición. Y en cualquier lugar o momento  su lectura produce inefable placer. Es el resultado de las cosas agradables. El filón de ese salero-quien lo creyera- proviene de los “numeritos” que fabrican los “hits” y los “errores” en que se enreda la actividad del deporte de su preferencia  y que se estereotipian en la planilla que le sirve de pauta e inspiración.

Para Chelo, la gesta de un partido la arranca desde su génesis. Y en su información, que es también apretada síntesis  hay la visión  retrospectiva  de las “dudas” del cátcher, la “angustia” del pitcher  y la “firmeza” del bateador, los antecedentes del que está en turno, pero mandando sin ceremonial al mundo de las sardinas a la Real Academia  para llenar el  relato de su picardía costeña que es una salsa que le da sabor y color a la crónica.

En el Heraldo donde acumula 44 años escribiendo su columna diaria

Y cuando el aficionado llega al punto culminante del relato, ya Chelo,  ha dicho dos anécdotas, ha clavado tres pinchazos, se ha llevado por delante a los parciales y ha puesto a tambalear a la misma junta directiva. Y todo eso extraído de unos simples numeritos –auténtico jeroglífico-  para el profano –estampado en su desgarbada letra en un modesto cuaderno colegial, impregnado también como Chelo, de un demirriado aspecto. Porque no es un  Tarzán que se diga. 

Chelo es dueño de un estilo peculiar, y ese estilo es su mejor rúbrica. Fabricante de “Slogans” deportivos, tiene la virtud de romper el hielo con un certero apunte o desbaratar una eventual tensión con un irónico comentario. Es un  luchador que forja los minutos de su vida al calor de su noble corazón, llevando por delante, como una bandera, esa inagotable bondad que le acredita su procedencia espiritual, pidiendo “solo vía para su alegría de vivir”... Y es que ¡ese es su estilo, y así es Chelo..!   

                                                                                             

 

                                                                                             El saleroso Chelo De Castro

(Crónica de los años setenta, de Henrique Ruiz Machuca,  “Lagardere”,  publicada en una importante revista deportiva por uno de los más reconocidos periodistas de la época).

Bajo el título Chelo de Castro, El Gran Mariscal, se cubre todo un recorrido histórico de cien años de vida, onomástico al que acude hoy el laborioso e incansable cronista del barrio San Roque. Centuria al que pocos llegan y de los cuales él, Chelo, ha dedicado 75 al noble oficio del periodismo. Su especialización, el deporte.

Es el compendio de su trajinar diario desde que plasmó en sus controvertidas y apreciadas crónicas en un periódico de la ciudad y tronó en su gangoza pero temeraria voz a través de las ondas hertzianas de distintas emisoras y que todavía se mantienen vigente.

Chelo De Castro escribe y ha publicado ininterrumpidamente desde 1945 una columna deportiva en diferentes periódicos de Barranquilla. Comenzó su larga y exitosa carrera de columnista en el Semanario La Unidad. En el periódico La Prensa siguió escribiendo su columna desde 1950. A partir de 1960 trasladó sus escritos a EL Nacional, un vespertino de Julián Devis Echandía. En 1968 laboró en Diario del Caribe, donde permaneció los siguientes ocho años. A partir de 1976 se desempeña como columnista del periódico El Heraldo. A sus 100 años sigue desempeñándose en este importante medio escrito de la ciudad, gozando del aprecio de todos y del reconocimiento total del público barranquillero.

En su inseparable máquina Underwood, aliada fiel de sus columnas

Desde el 7 de abril (día de Barranquilla) de 1953 transmite a diario por la radio local el programa "Desfile Deportivo", el cual fundó con Mike Schmulson. Fue transmitido primero por Emisora Atlántico por algunos meses, La Voz de la Patria durante 40 años, 18 años por Uniautónoma y luego en Radio Aeropuerto y Emisoras Unidas.

Esos 75 años describiendo en páginas diarias de periódicos y lanzando al aire a través de su Desfile Deportivo en 67 años están enmarcadas en un libro de 180 bellas e ilustradas páginas con fotografías a color y blanco y negro dispuesto para ser llevado al público próximamente.

Trabajo periodístico- de quien esto escribe- que narra y describe la vida y obra de un personaje único quizás en el oficio a quien sin duda podremos asegurar es el más longevo de cuantos existen en el país y más allá. Hoy, 19 de marzo, Día de San José y conmemorativo a los 100 de vida de Chelo referimos en esta breve crónica, detalles de algunos de los recuerdos entregados por el mismo protagonista y reseñados en la obra distribuida en capítulos que van desde su llegada al mundo, su paso por escenarios como El Estadio Moderno, Romelio Martínez, Tomás Arrieta, Coliseo Humberto Perea, Metropolitano Roberto Meléndez y todos cuanto reflejaron en Chelo su entusiasmo por el mundo del deporte.

Un 7 de abril fue paseado por las calles de Barranquilla distinguido como el Gran Mariscal

Conocedor al dedillo de todos los vericuetos deportivos y perteneciente a una estirpe familiar de quien fuera el primer gobernador del Atlántico Diego A, De Castro, y pariente del padre del fútbol en Colombia Arturo de Castro Palacio, Chelo sigue dejando para la historia con su pluma y su voz las hazañas de nuestros insignes deportistas, igual como ha sentenciado y condenado las maldades de dirigentes ensañados bajo el influjo del poder y el interés personal.

El libro Chelo de Castro, El Gran Mariscal describe en simpáticos capítulos narrativos sus más encomiables y severas controversias y polémicas con sus opositores del oficio de la región caribe entre los cuales Melanio Porto, Fabio Poveda y Edgar Perea (ya fallecidos) y otros connotados comentaristas cachacales que han intentado infructuosamente robarle derechos primigenios a Barranquilla como madre deportiva de Colombia. A todos, cual punta de lanza en sus escritos y tronante voz ha sabido vencer. A todos ellos, como a dirigentes locales y nacionales ha sentenciado sin temor alguno desnudando y señalando  indolencias con el deporte en la ciudad, el departamento y el país.

En el libro, el maestro Chelo relata historias y anécdotas del Estadio Moderno cuando a sus 10 años, tomado de la mano del “Flaco” Meléndez era llevado al estadio de las calle de las vacas; allí, aunque parezca mentira, se hizo hincha del Junior en tiempos del amateurismo. Después en el profesionalismo, fue testigo de las geniales locuras de  Heleno de Freitas, de las memorables tardes en el Tomás Arrieta y de prodigiosas peleas en el Coliseo Humberto Perea; recuerda orgulloso haber compartido en el Colegio de Barranquilla apuestas atléticas con Rafael Cotes, Humberto Perea  y de los zapatazos descomunales del “Flaco” Meléndez. Describe su vida periodística, el haber sido padrino de los escenarios deportivos y de su deseo de Morir ejerciendo el periodismo.

Entre tantos homenajes, merecidísimos todos sin duda, por parte del Congreso de la República, de la Asamblea Departamental, de la Alcaldía, de organismos deportivos nacionales e internacionales, hay uno en especial  que el maestro recuerda con entusiasmo. “Sí, fue el calificativo que me dieron como El Gran Mariscal de Barranquilla que se me otorgó como Ciudadano Ejemplar un 7 de abril día de Barranquilla”.

Así, a sus 100 años de vida, don Chelo De Castro, siente el fresco viento pasar sobre sus canas despeinadas y  mientras recuerda “tantos, remolinos de nostalgias”,  él, impávido y firme, aunque con su salud un poco deteriorada por el paso del tiempo parece dispuesto a no dejarse quitar el vigor que siempre le distinguió.

Esposa, hijos, nueras y nietos. Chelo siempre ha estado rodeado de todos ellos.

“Si Dios me da licencia, me retiro del periodismo en el 2015”, había sentenciado  el 9 de noviembre del 2013 en una entrevista al periodista Francisco Figueroa. Ahora la cosa es a otro precio. Quiere morir al pie de la vieja Underwood, una  máquina de escribir que le regaló un día el director de El Heraldo Juan B. Fernández.

En enero  acumuló 72 años de casado con doña Judith Vásquez, unión que ramificó en  siete hijos: José María, José Víctor, Aníbal, Iván, Darío (Chelito) el músico, Silvana y Bellita.

Entre sus muchos vocablos regalados a la Real academia destacan: Bicoca, ¡Jeme a Jeme..!  Cabrillero, Verdulero “Cógeme  ese  trompito en la uña”,  ¡Mondis miquis  jopin yegua!,  Tete a tete.. Friolera, Pregunta pringamocera, Never come back,  Bambinazo, “Vencejo”,  ¡Et pa plu..!                                    

Hoy, en su centuria de vida, mientras esperamos aparezca un auspiciador para la edición y publicación del libro, seguros estamos que los mejores deseos de sus innumerables seguidores, son el poder mantener el disfrute en la lectura de sus columnas del periódico y los oyentes de su programa radial, sin importar su voz gangosa, seguirán escuchado todas las mañanas aquel estribillo anunciando...  “Desde Barranquilla, cuna del deporte...

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