12:33 pm. Viernes 23 de Noviembre de 2018
Opinión
12:33 pm. Viernes 23 de Noviembre de 2018

En estos días escucho a muchos amigos y a gente con quien trabajo, hablar de una película: Bohemian Rhapsody. La película trata sobre la historia de la famosa banda de rock inglesa Queen y de los altibajos que tuvo su vocalista Freddy Mercury. Algunos dicen que es buena, otros que regular, para mi esposa es excelente y así se ha vuelto tema de conversación, de moda; lo cierto es que cada función está llena de aplausos, de fans, de críticas, de comunidad LGBT que se identifica con un cantante genial que arrasaba en escenarios, pero que debía esconderse en el closet para no ser rechazado a pesar de su talento.

Pero yo hoy quiero hablarles de otra película, de una que  no me gusta para nada y que se mueve entre el drama y el suspenso.

Una que aterroriza no solo a mí sino a millones que vivimos en el caribe colombiano. Esa película se llama Electricaribe.

La trama de Electricaribe empieza a finales de la década de los 90, cuando se crea esta empresa para distribuir y comercializar energía eléctrica. La película toma un giro inesperado cuando arrancando el 2000, aterrizan en ella los españoles de Unión Fenosa. Estos terminarán

entregando en 2009 todo el negocio a otros paisanos: los dueños de Gas Natural, expertos, como lo dice el nombre de su empresa, en gas. Y entonces, empiezan los interrogantes y las dudas de cómo, recibiendo un flujo imparable de dinero producto de subsidios y altas tarifas, Electricaribe, según sus dueños, no daba plata a pesar de tener presencia en los 7 departamentos de la región Caribe y de atender a 2.6 millones de usuarios y de la distribución del 25% de la energía que consume toda Colombia.

Las excusas principales se volvieron de conocimiento público: morosos, alto mantenimiento y un alto pasivo pensional. Y es por esta razón que Electricaribe se vuelve un mal negocio, no sin antes sacar cientos de miles de millones de sus arcas, antes que invertir en una infraestructura que dejaron envejecer y, en muchas ocasiones, a su suerte.

El resultado es que hoy Electricaribe se convirtió en una amenaza para el futuro del caribe colombiano, al dejar a sus habitantes con un promedio anual de 112 horas sin energía durante el último año. Una estadística que da vergüenza, son 8.5 veces más de lo que enfrenta un usuario del centro del país,  y que nos hace preguntar ahora dónde estaban los entes reguladores nacionales que al parecer se fueron a ver la película, pero estaban era chateando por celular.

Ahora, a dos años de cumplirse su intervención llega una nueva interventora de nombre Ángela Rojas y quien tiene en su currículo haber sido secretaria general de la Superservicios durante 8 años. Con estos cambios llegó también el aplazamiento de la precalificación de interesados en comprar a Electricaribe, decisión tomada al existir solo una empresa interesada, la italiana ENEL,  que antes de hablar de plata ha pedido información acerca del real estado de la compañía; pero si la comprara tendría el 48% de la comercialización y distribución de la energía en Colombia (sumando Codensa, Emgesa y Electricaribe), situación que trae críticas y voces con respecto a cómo el Congreso tendría que modificar el límite de participación en el mercado eléctrico. Ahora el punto que espanta a los inversionistas es el tener que invertir mínimo en los próximos 10 años la módica suma de 7,6 billones de pesos que necesita su infraestructura para salir adelante. Y así frenar el sufrimiento de hogares y empresas ante tantos cortes de luz.

¿Por qué no crear un Electricaribe 2.0?, un nuevo ente que sea público, que reciba del Estado los 10 billones para modernizar la infraestructura que se necesita, que además sea visionaria e invierta en otras formas alternativas de producir energía para llegar a todos los rincones más apartados y así dejar de ser visto únicamente como la empresa costeña compradora de EPM, Emgesa e Isagen, a los cuales por cierto se les adquiere un 25% del total de la energía que consumen en Colombia los usuarios regulados.

Electricaribe debe cambiar por el bien de todo el país, porque el problema no se arregla subiendo tarifas, como sugieren en el MinHacienda. Escenario que desincentiva la llegada de nuevas empresas y condena a los menos favorecidos de la Costa a pagar más que nadie en el país por energía, no olvidemos que La Guajira tiene una pobreza del 52,6% mientras en Antioquia está en el 21.3 y Magdalena bordea el 48.58 frente a un Valle del Cauca con 21,1%.

En el Atlántico la cifra de personas en situación de pobreza rodea el 24,3% frente a una Bogotá que está en el 12,4 en palabras clara “el Caribe colombiano es la región con mayor población por debajo de la línea de pobreza monetaria”. Y antes que se diga que en la Costa la gente no quiere pagar y busca justificaciones para ello, vale la pena mostrar cómo en Barranquilla, especialmente en sus barrios subnormales, se han vivido excesivos abusos tarifarios de Electricaribe, obligando a casas donde hay un abanico y una nevera a pagar facturas por arriba del millón de pesos.  Y vale la pena recordar que el ingreso promedio de un hogar barranquillero corresponde al 68% de un hogar bogotano. Además, basta ya de la política de castigar sectores deprimidos con cortes de energía durante días al seguir aparentes directrices ejecutivas; es decir, Electricaribe no puede seguir siendo una empresa enemiga de los pobres.

La película de terror ya estuvo buena, ha durado demasiado y tal vez necesitamos de otros guionistas, otros que estén más en el Caribe y menos tras escritorios en Bogotá.

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