3:42 am. Miércoles 12 de Abril de 2017
Opinión
3:42 am. Miércoles 12 de Abril de 2017

Mi estancia académica en la Universidad de Barcelona (España) ha despertado en mí un silencioso pero abrumador sentido de pertenencia por la Región Caribe. No es para menos. Los catalanes aman a su tierra como un niño ama a su madre.

Es por ello, que con esta columna, quisiera demostrar que el sueño Caribe no está perdido, pero que debemos trabajar todos muy unidos para alcanzarlo. Una batalla fuerte pero no imposible de vencer.

En el año 2010 se logró dar un paso en lo que durante décadas se había pretendido. La consecución de una consulta popular para decidir la constitución de una Región Caribe como entidad territorial siendo esta una pequeña, pero significativa, victoria en las batallas contra el centralismo devenidas desde la época colonial.

Era la Cartagena colonial el centro de operaciones de la Corona española conectándola con el resto del Caribe latinoamericano, pero que el centralismo se fue llevando a su regazo con el paso de los años y olvidando a la región que estableció el foco de desarrollo nacional.

Con el trasegar del tiempo las batallas socio-jurídicas aterrizaron en el plano constituyente, en cabeza del sociólogo barranquillero Orlando Fals Borda, quien pretendió y logró establecer dentro de la Constitución Política la región como una entidad territorial.

Estas luchas abrieron el camino constitucional a lo que hoy más que nunca deja de ser una utopía para convertirse en una realidad. El reconocimiento como entidad territorial a nuestra Región Caribe se simplifica en la sola aplicación de lo que dicta la Constitución Política.

El logro alcanzado dio lugar a la materialización de la idea tradicional de nuestro sentir Caribe, dándose a través de la consulta popular realizada el 14 de marzo del año 2010. De esta se desprendió un resultado ruidosamente favorable para la constitución de la Región Caribe como entidad territorial, pero el centralismo actuando de enemigo visceral de la descentralización y autonomía, logró pasar por alto la obligación de iniciar las acciones pertinentes para legislar y hacer realidad el sueño caribe.

Hoy 7 años después y estudiando experiencias como la de Cataluña, Escocia, Quebec (Canadá), entre otros, encuentro que la guerra no puede darse por perdida en la primera batalla, compete a todos los sectores de la sociedad caribe instar y ejecutar los resultados de las urnas, el derecho al voto debe ser respetado y hay que hacerlo valer, por los medios jurídicos que tenemos.

El sueño de autonomía apenas inicia, la lucha de nuestros ancestros cae en manos de los jóvenes estudiantes, de la academia, del sector político y del sector empresarial, porque es a todos los que nos beneficiará esta lucha. El centralismo político debe respetar lo expresado por el pueblo, porque como soberano su expresión debe ser la más pura manifestación de democracia.

El procedimiento, dirán muchos, que se encuentra plasmado en  la Ley 1454 de 2011 (por la cual se dictan normas orgánicas sobre ordenamiento territorial), pero esta no contempla el sentir de una real autonomía regional, por lo tanto seguirán en deuda con nosotros hasta que realmente se respete la voluntad popular.

¡La lucha apenas comienza!

Comentarios