10:13 am. Domingo 18 de Septiembre de 2016
Opinión
10:13 am. Domingo 18 de Septiembre de 2016

Acaban de aparecer dos tomos con muchas de las traducciones realizadas por el filósofo costeño Rafael Joaquín Carrillo Lúquez, editados bajo el Sello Editorial de la Universidad del Atlántico, y con el auspicio de la Facultad de Ciencias Humanas y el Grupo de Investigación Cronotopías.

Rafael Carrillo nació en Atánquez, César, una población que hace parte del Resguardo Indígena Kankuamo. Hizo estudios de bachillerato en el Liceo Celedón, de Santa Marta, y después realizó un pregrado en derecho en la Universidad Nacional de Colombia. Se formó como filósofo profesional en Alemania, donde estudió por siete años en la Universidad de Heilderberg.

El profesor Carrillo no fue solo un importante educador, pues incursionó también en el trabajo de divulgación del pensamiento filosófico, y en la investigación filosófica propiamente dicha. Sus principales campos de interés fueron la filosofía de la ciencia, la filosofía del derecho, la axiología y la ética.

Esas inquietudes investigativas se ven reflejadas en dos de sus más importantes libros: Ambiente Axiológico en la Teoría Pura del Derecho de Kelsen, y Filosofía del Derecho como Filosofía de la Persona. Aparte de su labor como investigador, Rafael Carrillo efectúo un interesante trabajo de traducción, mediante el cual integró a los pensadores europeos al ambiente filosófico nacional.

Por su preparación y labor docente, pero, sobre todo, por su esfuerzo investigativo y de divulgación, el profesor Carrillo es reconocido como uno de los más importantes introductores y normalizadores de la filosofía moderna en Colombia. Parte de su legado, que se concentra en la tarea de traducción, es recogido en estos dos tomos, que llevan por título Rafael Carrillo, Traductor, Historia de la Filosofía, Tomo I, y Filosofía de las Ciencias, Tomo II.

Por las páginas de esta obra circulan pensadores de Europa y otras partes del planeta. Los tomos son una recopilación de las traducciones del alemán al castellano publicadas por el maestro Carrillo en la Revista Eco entre los años 1960 a 1966. No sobra agregar que muchos de los temas y autores de estos libros eran completamente desconocidos en Colombia, hasta ese momento.

En el Tomo I, sobre la Historia de la Filosofía, se destacan los ensayos de Hermann Schmitz (La interpretación sociológica de la historia y la historia universal), Werner Jaeger (Los griegos y la filosofía como ideal de vida), Walter Schultz (Juan Teófilo Fichte. Razón y libertad) y de Eugene J. Fleischmann (La realidad en la lógica de Hegel), entre otros.

En el Tomo II, dedicado a la Filosofía de las Ciencias, están los estudios La filosofía presocrática y la ciencia moderna de la naturaleza, escrito por Günther Patzig; La idea de la realidad en la física, de Max Born; La filosofía y la física. Consideraciones sobre Whitehead, de Hermann Wein; ¿Qué es una ley física?, escrito por Erwin Schrödinger; y El reflejo de la realidad en el arte, de Georg Lukács, entre otros.

Cabe destacar que las traducciones están muy logradas, debido a que Rafael Carrillo manejaba muy bien los temas de los autores y se desenvolvía con mucha limpieza en el uso de nuestro idioma. Además, los controles de la Revista Eco para esta clase de escritos ayudaban a elevar la exigencia de calidad.

Los dos libros con el legado parcial del maestro Rafael Carrillo fueron compilados por el filósofo de San Jacinto y profesor de la Universidad del Atlántico Numas Armando Gil Olivera, en el marco del esfuerzo divulgativo de su Grupo de Investigación, Cronotopías.

No está de más recalcar que estos libros constituyen un reconocimiento del compilador (y de la institución que representa) a un personaje que, como el maestro Carrillo, encarnó una visión de la filosofía como forma de indagar siempre abierta y sin una meta final. Para él, la pregunta-problema y el trasegar investigativo sin término constituían la esencia del pensamiento filosófico.

En buena hora se reeditan muchas de las traducciones del filósofo de Atánquez, un maestro que dejó huella dentro de la filosofía nacional. Este reconocimiento a su legado y a su memoria intelectual es más que justo y necesario.

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