1:07 pm. Jueves 31 de Agosto de 2017
Opinión
1:07 pm. Jueves 31 de Agosto de 2017

Lo hemos repetido miles de veces: la tecnología cada vez es capaz de desarrollar más actividades y los computadores hacen cada vez más cosas mejor que los humanos. Esto no es solo de ahora. Sucedió con las operadoras telefónicas hace varias décadas, sucedió con los servicios de mensajería, está sucediendo con el alquiler de películas, está sucediendo con la solicitud del servicio de transporte y sucederá con más y más tareas que, hoy en día hacen los humanos, pero que poco a poco irán siendo reemplazadas.

Según estudios del Foro Económico Mundial, entre los años 2015 y 2020, los avances tecnológicos harán prescindir de más de 7 millones de empleos. En este mismo periodo de tiempo, se crearán cerca de 2 millones de puestos de trabajo para el desarrollo tecnológico. Esto quiere decir que hay un déficit de cerca de 5 millones de personas que incrementarán las listas de desempleados por causa de la tecnología.

Distintos sectores económicos están siendo impactados por distintas aplicaciones que le facilitan la vida al usuario y evaden algunos pasos en las cadenas productivas y/o de transporte, disminuyendo así el costo del producto. Por supuesto el usuario prefiere un servicio más eficaz y a menor costo.

¿Qué hacemos entonces? ¿Prohibimos la tecnología? ¿Nos negamos a las realidades de los avances?

Hace varias décadas los sistemas de conmutación telefónica echaron a un lado la necesidad de las centrales de operadoras telefónicas. ¿Qué hubiera pasado si, por proteger estos empleos, se hubieran prohibido los sistemas de conmutación automáticos? No hubiéramos podido hablar de telefonía conmutada, mucho menos de teléfonos digitales y peor aún de la telefonía móvil y todos los servicios que consigo han venido (aplicaciones móviles, interacciones máquina a máquina, Internet de las Cosas, etc.).

Los taxistas llevan años luchando en contra de Uber en varios países del mundo. Protestas, agresiones, fallos judiciales y demás acciones han sido noticia no solo en Colombia sino en muchos países en América y Europa. Pero, ¿qué pasará con este tipo de discusiones cuando se implementen los vehículos autónomos? ¿Será que los usuarios no preferirán utilizar un transporte que, al no tener que pagarle a un conductor, tendría un costo mucho menor? Si a eso le sumamos que las estadísticas indican que el 90% de los accidentes de tránsito ocurren por errores humanos y que en un vehículo autónomo, estos errores por supuesto se eliminarían, ¿No preferiría la gente utilizar un transporte más económico y además más seguro?

Nos debemos preparar para los cambios que se vienen. Pero prepararnos no significa prohibir ni satanizar a la tecnología. Prepararnos quiere decir adaptarnos a ella.  Los planes de estudio, tanto escolares como universitarios, deben evolucionar. Debe haber un énfasis especial en la apropiación e implementación de los recursos digitales. Y con esto no me refiero a saber manejar el computador y el celular. Eso lo aprendemos todos por nuestra propia cuenta. Los profesionales del futuro necesitan (todos) de tener nociones de programación y pensamiento sistemático, profundo conocimiento de las distintas tendencias tecnológicas que van surgiendo año tras año, y un sin número de competencias digitales que cada vez se vuelven más importantes.

Hay algo claro. Las profesiones (y los profesionales) deben evolucionar conforme a la evolución del mundo y la tecnología, los que no lo hagan están destinados a desaparecer.

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