9:51 am. Viernes 04 de Agosto de 2017
Opinión
9:51 am. Viernes 04 de Agosto de 2017

El “Chateo”  de moda en el Junior para el fútbol colombiano con los nombres de Jimmy Chará y Teófilo Gutiérrez será puesto a prueba a partir del domingo en Bogotá cuando el club rojiblanco enfrente a Millonarios por una fecha más de la Liga profesional. Será el comienzo de una seguidilla de cuatro partidos por lo menos en el que el cuadro barranquillero no contará con los servicios del excelente futbolista pero también incontrolable y quisquilloso jugador de La Chinita.

Su desafortunada acción del domingo lo colocó en la picota pública para beneplácito de sus detractores, especialmente los del interior del país, que están gozosos con la sanción impuesta tanto en lo deportivo como en lo económico. Teófilo, como esos grandes personajes del deporte, fue de la noche a la mañana Dios y diablo. Su aporte futbolístico lo catapultó como el mejor del partido. Pero su acción lo llevó a la más baja calificación en lo personal en el mismo encuentro.  Pasó del cielo al infierno y las opiniones sobre su actuación dividieron a sirios y troyanos. Unos lo defienden interponiendo la simpatía a la impertinencia; otros lo condenan y lo llevan al escarnio como el pésimo ejemplo a las nuevas generaciones de futbolistas.

Desde el partido mismo frente al Nacional en el Estadio Roberto Meléndez hasta el transcurso momento de escribir esta nota pude escuchar y leer en radio y periódicos y en redes sociales un concepto casi generalizado de hinchas rojiblancos rechazando el acto “extemporáneo” de Teófilo en el que fingió haber sido golpeado por Aldo Leao Ramírez. Ni siquiera lo supo hacer, porque en el lapso en que Leao trataba de zafarse de él y el momento en que cae, transcurren algunos segundos, como el boxeador que por un golpe cae retardado a la lona. Pero lo que mejor me llamó la atención fue la crítica de los periodistas deportivos que, con la objetividad e imparcialidad que caracteriza a los comentaristas del Caribe, aceptaron la irresponsabilidad del jugador y el merecimiento de la sanción.

Lastimosamente y una vez más con el cotarro revuelto por los comentarios que desde Bogotá lanzara un comentarista, quien desde luego y sin ocultar su antipatía  por todo lo que huela o trate de Barranquilla, orquestó la campaña a través de la televisión que rápidamente se regó como pólvora en todo el país.  

Poco más de 40 millones de pesos deberá pagar por su garrafal error deportivo. Pero lo más grave es su ausencia en los cuatro partidos del fútbol colombiano en momentos en que entre el equipo y la hinchada se había iniciado una extraordinaria comunión como la de otros tiempos en que la Juniormanía fue el fervor por toda una temporada. Aquella vez (1991) Ferreira, Pacheco y Valenciano despertaron la pasión inusitada de todo el pueblo caribeño. Hoy, esa misma pasión con nombres propios parece repetirse con Teófilo y Chará. Confiemos en que esta interrupción sea momentánea por estas dos semanas. Y que a diferencia de aquel 91 cuando todo se vino al piso, esta vez pueda recuperarse y resarcirse momentos perdidos.

Pero es si se quiere, una buena oportunidad para poner a prueba  la capacidad de todo el plantel. Junior armó una banda capaz de competir de principio a fin. Y no creernos que con solo dos nombres Teo y Chará podemos lograr victorias. Si bien son dos extraordinarios jugadores y los grandes referentes del club, también es cierto que en Junior hay muchos otros con grandes capacidades como para suplir la ausencia de uno de ellos, en este caso de Teo Gutiérrez.

La Teo-dependencia no es aconsejable ni lo más conveniente. La hinchada así debe entenderlo, para no convertir al equipo en un blanco y objetivo de los rivales. Ni para creer que un plantel depende de un solo elemento. Por muy significativo que sea. El futbol, si bien está hecho por individualidades, es un juego de conjunto.

El técnico Comesaña comparte esta creencia. No solo Teo y Chará forman al Junior. Los otros jugadores y particularmente los llamados refuerzos deberán demostrar que ellos  también pueden con la responsabilidad.

En Teófilo Gutiérrez, sus antecedentes en equipos como Racing y River, le agravan mucho más la situación dado que en Colombia es conocido por sus desplantes, discusiones, “peleas” con sus propios compañeros y los reclamos constantes a los árbitros. Ya lo tienen marcado y con su acción del pasado domingo va a quedar mucho más identificado. A tal punto que, cuando en verdad sea fauleado, tal vez no le crean y en cambio sea blanco de nuevas sanciones.

Lo importante para él deberá ser la toma de conciencia, saber que si bien es considerado un ídolo por su calidad futbolística, también puede ser considerado villano por sus desaciertos en la cancha. Y en ello, deberá contar con el respaldo de todos: directivos, cuerpo técnico y compañeros; pero también con la ayuda profesional de un sicólogo que le enseñe a atemperarse y educar su comportamiento en la competencia.

Este evento, deberá servir como lección para Teófilo. Si bien se le han hecho severas y justificadas críticas, ahora debemos rodearlo de aprecio y volcar recomendables consejos para mejorar su comportamiento humano. Los humildes serán ensalzados y los prepotentes humillados. Preferimos para Teo la primera distinción. Un verdadero líder es aquel que sabe discernir y manejar los pros y los contras.

 

 

  

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