9:31 pm. Jueves 11 de Mayo de 2017
Opinión
9:31 pm. Jueves 11 de Mayo de 2017

En medio de comparsas y cumbiambas y la alegría natural de los barranquilleros,  en medio del alegre vuelo de centenares de paloma blancas como símbolo de paz aquella tarde de domingo y en medio de luces acariciando la noche en el que nuestro equipo Junior mediría el potencial de la selección charrúa, se inauguraba imponente mostrándose al país el Estadio Metropolitano. 

Emergía este escenario como la gran obra deportiva, la más moderna y funcional de Colombia. Fue un domingo 11 de mayo, Día Universal de la Madre, fecha  escogida para la apertura del coliseo del fútbol en la Ciudadela 20 de Julio. Aquel día fue escogido precisamente como homenaje a las madres  de Colombia y en especial a las madres barranquilleras a quienes se les formuló la invitación a través de sus hijos como el mejor regalo en esa fecha.

“Hoy es un día de especial significado, de profundo regocijo y de inmensa satisfacción para el gobierno departamental del Atlántico y para el pueblo de Barranquilla”, manifestó el entonces Gobernador Fuad Char Abdala, el mismo que hoy 31 años después sigue siendo el principal sostenedor del club rojiblanco que se debate entre amarguras y tristezas y la desazón de sus miles de seguidores.

Aquel 11 de mayo de 1986 despertaba una nueva ilusión para el deporte. En particular para el fútbol  encunado en esta ciudad como la pionera de este juego en Colombia. Nacía así la gran esperanza de futuros y extraordinarios acontecimientos arropados en los colores rojo y blanco de nuestro equipo.

Porque si en el Estadio Romelio Martínez se habían logrado victorias significativas envueltas en dos títulos profesionales (1977 y 1980), a partir de entonces se multiplicarían en el majestuoso nuevo Estadio los triunfos y los campeonatos. Nacionales e internacionales. Si en aquel vetusto de la calle 72 donde no más de 20 mil almas se daban cita dominicalmente y otros tantos quedaban por fuera escuchando las narraciones de malabares de los Dida, Airton, Dacunha, Ephanor, “La bruja” Verón, Delménico, Arango, Fiorillo y demás de esa época, ahora en el monumental Metropolitano, las nuevas estrellas nacionales y de otras naciones entregarían muchas más satisfacciones a no menos de 60 mil hinchas animándolos desde sus tribunas.

Han pasado tres décadas desde aquel 11 de mayo, tiempo en el que se han vivido jornadas memorables como aquella temporada del 91 en la llamada Juniormanía con el estadio engalanado en cada fecha en la que Junior hacía las delicias de un público enamorado con el futbol rojiblanco. Todo hacía prever la conquista de la tercera estrella, que fue esquiva entonces y la que solo llegaría dos años después con el combo de El Pibe, Valenciano, Pacheco, Mackenzie, Pazo y demás en una memorable tarde de diciembre que enloqueció a los barranquilleros.

Y vendrían luego las conquistas del 95 con el Piscis en la dirección técnica y la del 2004 con el “Zurdo” López y las del 2010 con ‘Cheche’

 Hernández y 2011 con Diego Umaña. Cinco estrellas que hicieron crecer el nombre del club rojiblanco. Cinco títulos que sin embargo lucen mezquinos en 31 años para un equipo del tamaño histórico de Junior.

Bautizado cinco años después de su inauguración como Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, este maravilloso escenario ha sido testigo vivo de cuatro clasificaciones mundialistas de la selección Colombia. (Italia 1990), (Estados Unidos 1994), (Francia 1998) y (Brasil 2014). Con la gran esperanza de alcanzar  Rusia 2018. Pero además el coliseo de la Ciudadela 20 de Julio ha sido anfitrión de grandes estrellas de la música como Shakira, Celia Cruz, Antonio Aguilar, Carlos Vives, de figuras del boxeo como el Happy Lora defendiendo su título ante el argentino Alberto Dávila. También ha sido anfitrión de Copa América ( 2001), juegos del mundial sub-20 (2011), de subsede de Juegos Centroamericanos y del Caribe ( 2006) y de tantas otras jornadas memorables que han concitado la atención y presencia de miles y miles de espectadores.

Pero curiosa y extrañamente a este escenario le ha faltado en sus 31 años de vida la alegría desbordante y seguida que todos hemos anhelado en el fervor de un Junior al que quisiéramos ver campeón más continuamente.  Cinco títulos en tres décadas nos luce muy por debajo de la prestancia de un club de la talla rojiblanca.

Por eso, la hinchada pide y exige  a gritos  a directivos y dueños que el equipo sea tratado como realmente merece, como el equipo grande que todos creen por su tradición e historia.  Justificando así esa enorme inversión de 1.600 millones de pesos en aquellos años ochenta en un clamor general para sustituir  al legendario Estadio Municipal Romelio Martínez en el que solo 20 mil personas podían disfrutar del maravilloso espect6aculos de  los Dida, Airton, Dacunha, Víctor, Valentin, Caldeira, Pardo, Segrera, Segovia, Babignton, Verón y…

Hoy quisiéramos ver en el Metropolitano Roberto Meléndez a los nuevos Ferreira, Pibe, Pacheco, Valenciano, Niche, Mendoza, que nos regalaron títulos de campeones. Tiempos no muy lejanos que nos cambiaron por los mediocres de ahora que en vez de espectáculo nos brindan tristezas y desilusión.       

Dios quiera que al recordar esos 31 años de existencia, los dueños y directivos del club abran sus mentes y entiendan que haciendo verdaderamente grande al equipo, se engrandece el prestigio de la ciudad y de sus otras tantas empresas particulares. Y se hace honor a la majestuosidad de un escenario que al construirse, nos construía también una gran ilusión, tan grande como grande es el estadio mismo. 

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