4:01 pm. Viernes 05 de Octubre de 2018
Opinión
4:01 pm. Viernes 05 de Octubre de 2018

Para nadie es un secreto que el periodismo tradicional, desde finales del siglo XX, ya daba fuertes señales de estar sumido en una profunda crisis de la que aún, no ha sabido reponerse. Quizá por la costumbre de haberse mantenido inmutable por años sin necesidad de grandes transformaciones lo hacían viable. Los periódicos llegaban sin falta a casi todas las casas y los formatos radiales y televisivos de siempre, mandaban en el rating. ¿Qué podía entonces salir mal?

Con lo que no contaban los directores de medios es que la competencia se les multiplicaría. Y no la misma con sus mismos formatos. Como un rocío de brisa fresca, el periodismo digital que se ufanaba de ser más independiente, inmediato y crítico, empezó a asomarse al escenario con resultados catastróficos para las casas periodísticas tradicionales. Los ciudadanos respondieron al llamado y enganchados por la portabilidad de los medios –todos caben en el celular—y obnubilados por sentirse más parte de las historias y estar más representados en lo que se cuenta, dieron un viraje hacia los llamados “nuevos medios” o medios digitales. Todo parecía ser parte del cambio y de una natural evolución.

Pero nuevos vicios se enquistaron en este nuevo y frenético estilo de hacer periodismo y las redes terminaron colapsando por cuenta de un mal nacional que está a la moda: la polarización empezó a resquebrajar los espacios y el periodista, en vez de mantenerse en su rol de informar sin tomar partido, terminó, incluso, más polarizado que los sectores sociales.

Y es precisamente el peligroso derrotero que ha tomado el periodismo, sobre lo que Juan Gossaín llamó la atención en el conversatorio llevado a cabo en el Parque Cultural del Caribe organizado por  Fecolper y la Universidad Autónoma del Caribe, que fue moderado por la Decana de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Uniautónoma, Soledad Leal.

“En un hospital de locos, hasta el director del hospital se enloqueció. ¿Imaginan ustedes un hospital mental cuyo director también esté loco?” La pregunta lanzada por el maestro Gossaín pretendía representar a la prensa de hoy: en una sociedad polarizada hasta los más peligrosos extremos, la prensa, llamada a mantener la cordura y mostrar derroteros…terminó aún más polarizada que la sociedad. Y el escenario preferido de esa polarización es, precisamente, los medios digitales que se alimentan de su instantaneidad, cobertura y posibilidad de que el ciudadano de a pie, pueda comentar al instante la información.

Para Gossain la realidad política del país en estos últimos ocho años han derivado en una locura colectiva por cuenta de la polarización extrema que desencadena el partidismo político. Ya en las redes no se comentan estados: se agreden. Se insulta. “Ahora todas las problemáticas del país parecen estar sintetizadas en una simple pregunta: ¿Usted es uribista o santista? Incluso, en reuniones académicas como esta, conversatorios o foros, lo que siempre me preguntan es lo mismo: ¿Usted es santista o uribista? Y mi respuesta siempre será la misma: ¡ni uribista ni santista: periodista!”

“La prensa tradicional, en vez de aprovechar esta coyuntura y recomponerse para recuperar la audiencia perdida, terminó también cayendo en la polarización, que, de paso, castiga a la verdad”. Para Gossaín la verdad, como la ética en el periodismo no es negociable. Son requisitos sine qua non para poder ser periodista. Pero no se quedó ahí. “Ser ético es necesario para ser periodista.  Pero no por ser ético, cualquier persona puede ser periodista. Para serlo, hay que llenar además un requisito fundamental: saber contar la historia. Ser periodista no es solo decir lo que pasó: hay que saber contar lo que pasó.

Como en la guerra la primera víctima es la verdad, en esta desenfrenada carrera por contar primero una historia con severos sesgos de parcialidad debido a la polarización existente, podemos decir que la verdad también quedó maltrecha. Hoy en vez de confianza del lector, el oyente o el televidente, lo que hay es desconfianza. “La gente ya no cree lo que lee, lo que ve o lo que oye. Cuando lo hace –o aún antes de hacerlo—suele preguntarse ¿esto será verdad?

La fractura en la confianza de los ciudadanos sobre lo que informan los medios ha llevado a los mismos a una crisis ahora peor: la económica. Y para afrontarla, los remedios están siendo peores que la enfermedad. Presentan información o supuestas crónicas, cuando en realidad son información publicitaria, sin siquiera dejar en claro que lo son. “Ahora venden anuncios hasta en la página Editorial y muchas veces la primera página es reemplazada por una página completa de una publicidad”.

Queda claro que, en el fondo, el formato en el que se presente la información (periodismo tradicional o nuevos medios) no es lo que determinará la calidad de lo que se dice ni mucho menos su veracidad. “El periodista no debe olvidar jamás que la ética, la independencia y la estética son los ingredientes que necesita hoy el periodismo para volver a ser creíble. La ética como norma de vida, la inquebrantable búsqueda de la verdad sin amaños, pero teniendo como aliado a la estética para que, además de informar, podamos en verdad contar una buena historia. Saber contarla es lo que el lector agradecerá.”

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