8:59 am. Viernes 06 de Enero de 2017
Opinión
8:59 am. Viernes 06 de Enero de 2017

Las dos caras de la moneda nos mostró el Gobierno de Juan Manuel Santos en dos tiempos muy cercanos. A pocos días de finalizar el año 2016 y en medio del jolgorio por el Premio Nobel de Paz, el Presidente, con rostro amable y sonrisa permanente, nos daba cuenta de su gestión administrativa en la que no solo destacaba su impulso decisivo en los acuerdo con las Farc, sino también en su “magnifica” gestión de desarrollo en procura de un mejor bienestar para los colombianos.

En medio de tales circunstancias, el pueblo creía en que la tan cacareada Reforma Tributaria si bien es necesaria para la economía del país, no golpearía en demasía el bolsillo de los ciudadanos, particularmente los de menos condiciones económicas.  He ahí, la cara opuesta del Gobierno. No solo agitó al Congreso para que se aprobara presuroso tal reforma, sino que de paso nos dio el “mejor regalo de fin de año” y el “venturoso año nuevo” con la cascada de alzas en los productos de la canasta familiar y en general de todo a lo que tiene derecho el ciudadano para poder subsistir.

Por eso, el primero de enero fuimos sorprendidos con la aprobación de la Reforma Tributaria que atenta contra la vida misma de todos. Bueno, vale decir casi todos; porque bien sabemos que los multimillonarios del país, quienes conforman las contadas familias  privilegiadas, con salarios de 28 millones de pesos mensuales y súbditos ministeriales y empresariales con cifras similares y cercanas no se verán afectados en sus patrimonios.

Y como había que redondear el golpe bajo, nada mejor entonces que decretar con firma presidencial el “incremento salarial” que somete al pueblo a un máximo de 7 por ciento, muy por debajo de las aspiraciones de las centrales obreras que proponían el 14 por ciento y en la rebajona se conformarían con  el 8 por ciento.

Factores que tradicionalmente se conjugan para “masacrar” a la gente, esta vez contó como es natural, con la imposición de un Ministro indolente y poco amigo del pueblo como es el señor Mauricio Cárdenas Santamaría; de los senadores y representantes  (Congreso de la República) que ante los medios de comunicación se mostraban contrarios a muchos puntos de la reforma y que casi escondidos en su curules daban el pupitrazo con manos untadas de mermelada. Y,  de la Ministra del Trabajo, supuestamente  de “pensamiento socialista” y de quien se esperaba daría una mano en beneficio del pueblo. Que tampoco  se dio.  La mermelada siguió corriendo. Y qué decir de los representantes de los obreros. Aquellos que año tras año acuden a las citas con ínfulas de defensores y que finalmente, y como es ya costumbre, se retiran de la mesa de discusión supuestamente por no estar de acuerdo con las propuestas gubernamentales. El dulce de la mermelada sigue imparable.

El incremento del IVA (Impuesto al Valor Agregado) subió como la espuma del 16% al 19% en complacientes sonrisas del Presidente, de Ministros, de Congresistas, mientras el incremento salarial baja  raudo como Fórmula Uno en cuanto al poder adquisitivo.

Ni siquiera la propuesta de bajar del 12% al 4% el impuesto a la salud de los pensionados pudo gozar de beneficio. Por el contrario, tan rápido como los pupitrazos a la Reforma Tributaria, el proyecto fue archivado sin misericordia, dando el golpe de gracia a los colombianos.

Entendemos que el déficit  de la economía nacional se concentra en 22 billones de pesos, pero también todos en Colombia sabemos que el monto de la corrupción en todos los estamentos oficiales supera esos 22 billones de pesos. Y que haciendo efectiva la recuperación de esos dineros mal habidos bien se puede superar la crisis.

¿Acaso son irrecuperables los 8.5 billones  de pesos  de Reficar en la que Ministros y empresas oficiales tienen enormes responsabilidades?  Y ¿los 11 millones de dólares de sobornos de la firma Odebrecht, las libranzas sin vigilancia por 1.5 billones  de pesos,  los más de 14 millones de dólares (42 mil millones de pesos) en el escándalo de “Panamá Papers”, los contratos incumplidos de Electricaribe por más de 65 mil millones de pesos, los 50 mil millones de pesos del cartel de la hemofilia, los 62 mil millones en escoltas del procurador Alejandro Ordóñez, y  los 53 mil millones de pesos en contratos irregulares en La Guajira  los 578 mil millones del PAE (Plan de Alimentación Escolar, del Cesar, Córdoba y otros departamentos, los 3 mil millones defraudados en el Cartel  de los enfermos mentales son irrecuperables?

¿Y qué pasó con el desfalco de Interbolsa? ¿Y los más de 145 mil millones desfalcados en Ecopetrol?. En Colombia estamos. en primeros lugares del ranking de los más corruptos del mundo. Y donde la justicia, también corrupta, comulga con los delincuentes de cuello blanco que degradan la economía del país y concitan con la complacencia del Gobierno para desangrar más y  más cada día a la población humilde. Buscando con la Reforma Tributaria y cascadas de nuevos impuestos, resarcir en parte el gigantesco desfalco de los “magnates” políticos,  gubernamentales y empresariales para quienes no existen cárceles ni sanciones económicas.

Del Gobierno del Presidente Santos, podemos afirmar entonces que lo que hizo con la manos, el gran proyecto de acuerdo para la paz, su bandera de combate, lo enterró de un sopetón con sus decisiones inmisericordes contra la población más vulnerables de toda Colombia. Dios se apiade de todos.    

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