6:06 pm. Viernes 06 de Julio de 2018
Opinión
6:06 pm. Viernes 06 de Julio de 2018

 “Muerto el toro, acabada la corrida”, reza el argot taurino. Eliminada la selección, se termina la función, diríamos nosotros tras la derrota de Colombia en el Mundial de Rusia. Fueron 20 días de feliz alegría por el espectáculo de nuestro equipo, que si bien no culminó de manera excelente, sí podemos afirmar que cerró de muy buena forma a pesar de que se pudo pretender algo más.

En el fútbol, como en otros deportes y otras actividades de la vida, no siempre se puede ganar con cartas limpias. Momentos hay en que el rival se vale de argucias y mañas para sacar ventaja. Y, como en el caso de Colombia,  si el contendor juega con un elemento más como lo fue el árbitro norteamericano  Mark Geiger.  “No es tiempo de llorar”, dicen algunos seudos hinchas mexicanos, chilenos y de otros países suramericanos cuyas selecciones ni siquiera clasificaron o fueron eliminados antes que Colombia.

“Seudos hinchas” que en las redes sociales han calificado con toda clase de epítetos a los colombianos que ha dejado su sentir por el arbitraje descomunalmente parcializado del árbitro Geiger. Desde luego, tampoco podemos desconocer que la derrota  se debió no exclusivamente al manejo arbitral. Particularmente creemos que el juego comenzó a perderse desde la alienación misma del técnico Pékerman. Colocar a un solo atacan como Falcao frente a los gigantes ingleses fue someterlo como presa fácil ante el rival al que se le mostró demasiado temor.  Por tradición e historia, Inglaterra era sin duda el gran favorito, el de los pergaminos, el de la realeza y también de preferencia de la FIFA. En fútbol como en cualquier otra empresa hay que arriesgar. Si no se arriesga un huevo no se podrá sacar un pollito.  Respeto sí, pero no miedo como el equipo inicial de José Pékerman.

Ya de vuelta el equipo y acabada la función del Mundial para los colombianos, se centra ahora la atención en otro evento que se acerca a pasos agigantados: Los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Barranquilla, la Casa de la Selección, entra a ser la casa de Colombia en estos Juegos. La primera gran muestra del certamen que arranca el 19 de este mes, lo es sin duda, la llegada del Fuego Olímpico o Fuego Centroamericano. La llama, símbolo emblemático de la competencia que reúne a 6 mil deportistas de 36 países ya hace su recorrido por tierras colombianas.

San Andrés, Bogotá y Cali han sido tránsito en el país. Cartagena sigue en el recorrido y Barranquilla, el epicentro de los Juegos, recibirá este sábado de julio este símbolo internacional del deporte en el Malecón del Rio Magdalena.

Recordamos que hace 12 años, en el 2006, ese mismo fuego llegó a Barranquilla para los Centroamericanos que tuvo por sede a Cartagena. Y llegó en medio de una expectativa y entusiasmo general. El Buque Gloria, nuestra insignia naval, la trajo por las aguas caribeñas para entregarla a la organización. Fue un 7 de julio, como esta vez; pero ahora teniendo como epicentro la ciudad capital del Atlántico. La llama será paseada la siguiente semana y demás días por todos los municipios del departamento, portado por deportistas que han dado triunfos y gloria a nuestro departamento.

Autoridades civiles, deportivas, militares y eclesiásticas y de la Sociedad Portuaria tienen preparada una ceremonia  muy especial con las banderas de Colombia y Barranquilla enarboladas como símbolos del magno certamen deportivo en el que el país y la ciudad serán testigos presentes de la cita centroamericana del músculo, el esfuerzo y la inteligencia miden fuerzas en procura de los máximos logros.

Es el marco inicial que envolverá desde el 19 de julio hasta el 3 de agosto a los 6 mil atletas de 36 países arropados con la gracia, el glamor y la hospitalidad característica de los ciudadanos de la Puerta de Oro. Pero será igualmente la oportunidad de demostrar que en materia deportiva, Colombia está hecha de un material particular capaz de discutir de tú a tú con las máximas potencias del Caribe y de Centroamérica. Quiera Dios que al final de la jornada podamos decir en voz alta ¡Colombia: Misión Cumplida..!

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