4:09 pm. Jueves 11 de Octubre de 2018
Opinión
4:09 pm. Jueves 11 de Octubre de 2018

Existe en el fútbol una frase, convertida en estribillo  desde hace bastante tiempo y, que a fuerza de repetirse se convirtió en una especie de argumento o excusa de acuerdo a un resultado o una situación específica.  “El futbol es así..” Esa frase utilizada por jugadores y técnicos, parecen justificar las respuestas a cada interrogante que se plantean para referirse a un triunfo, una derrota, un gol anotado o un penalti desperdiciado en determinadas circunstancias. Siempre hay una “justificación”:  “Es que el fútbol es así..

Muchas veces- casi siempre- esta respuesta obedece a un interrogante que se hace al responsable o responsables de un resultado negativo cuando se ganaba un partido y se terminó perdiendo o cuando se desperdician muchas situaciones de gol con el arco desguarnecido o cuando el equipo que domina el juego termina derrotado por un rival que no ha hecho méritos y que se encontró con un autogol o un error defensivo.

 Particularmente no soy un convencido de que siempre “El fútbol es así..” Creo que un equipo mejor conformado o dominador de las acciones debe por lógica ser el vencedor. Ah pero “es que en fútbol no existe la lógica” dicen quienes defienden la anterior teoría. Bien, sea o no compartido este estribillo futbolístico, lo cierto es que la noche de este martes 9 de octubre en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez, Junior hizo lógico lo que en dominio, que no en goles, mostraba en el primer tiempo cuando- por cosas “ilógicas”-digo yo- Deportes Tolima nos arrasó con tres goles que no se esperaban y que sorprendió a todos. Digo “ilógicas” porque fue el equipo de casa el que dominó el partido a lo largo de los 45 minutos, con posesión del balón en más del 70 por ciento y con cinco seis jugadas de gol que no se concretaron. Tolima en cambio con apenas tres o cuatro llegadas en contragolpes nos acomodó tres dianas que le valieron una amplia ventaja en el primer tiempo.

Mi apreciación inicial sobre este encuentro es que el técnico Julio Comesaña se equivocó al dejar en el banco a un Teófilo Gutiérrez y salir en cambio con una línea media repleta de defensores. Dejando la responsabilidad solo a Jarlan Barrera y un solo punta como Yony González, ya que Luis Díaz fue colocado más como punto de arranque. A un rival como Tolima había que atacarlo desde el principio. Y con lo mejor que se tenga. No había que esperar que nos arrasaran con 3 goles para intentar entonces en el tiempo final remontar en busca siquiera del empate cuando el partido era obligado a  ganar para acercarnos a la clasificación.

Por suerte la presencia de Teófilo como “El salvador” fue un aliciente corrector para Comesaña. Porque Gutiérrez como “el mágico” en la cancha comenzó a dar prestancia a sus compañeros de equipo. Y con él, apareció el dominio total y se concretaron los goles que en la primera parte se habían perdido. Una ventaja amplia de 3 goles no fue suficiente para “Los píjaos” que “se asustaron con el cuero después de haber matado al tigre”. Pecaron al ceder todo el territorio al cuadro de casa. Se replegaron tanto en su propio campo que prácticamente quedaron amarrados y Junior aprovechó al máximo tal inconsistencia visitante.

Sí, fue sin duda una victoria increíble, épica, como la han calificado muchos. Como la de aquel año 98 cuando perdía 4-1 ante el Unión en Santa Marta y Junior remontó y ganó  finalmente 6-4. El de este 9 de octubre frente al Tolima quedará como un registro poco común en las estadísticas del fútbol colombiano.

Bastante rato hacía que Junior no brindaba a sus seguidores un triunfo histórico revestido de tal naturaleza como la de esta vez que invite a respaldo masivo para los próximos juegos. Y que haga renacer la confianza en el propio plantel en procura de esa octava estrella que tan esquiva ha sido hasta ahora. La muestra es fehaciente y ojalá no sea solo un encantamiento de momento.

Pero al margen de la felicidad que dejó el resultado, el desarrollo mismo del encuentro, debe servir de profunda reflexión para el cuerpo técnico. No es fácil entender que un equipo como Junior, jugando en su casa y obligado a ganar los puntos en discordia, se deje adormecer de tal manera que antes de los dos minutos haya recibido un primer gol, que a los 12 minutos pierda 2-0 y que en menos de los 40 minutos esté en desventaja por 3 goles. “Entramos dormidos” diría Comesaña. -Y bien dormidos decimos nosotros-. Qué se cometan crasos errores de marca y distracción como los de Pérez y de Piedrahita que se dejaron avivar por sus rivales. Y del propio aquero Viera en el cabezazo de frente en la segunda anotación.

Bien lo dijo Gamero al término del juego: “es bonito un partido de 7 goles, de espectáculo y de victoria. Para los del Junior muy gratificante, para nosotros muy triste; pero tanto a Comesaña como a mi nos deja una gran preocupación por las ventajas que nos dieron en el primer tiempo y la que dimos nosotros en el segundo período”.

Claro, sería egoista no reconocer las bondades futbolísticas de Teófilo Gutiérrez, ni las virtudes de Jarlan Barrera y el espíritu anímico conque entraron los jugadores  a la cancha en la parte final. El resultado que pudo haber sido más amplio es una muestra de que “querer es poder”. Junior mostró esa mística ovalada que todos le piden siempre, haciendo revivir aquel pensamiento del recordado Edgar Perea cuando a todo pulmón gritaba ¡A Junior tienes que matarlo..!

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