3:37 pm. Viernes 14 de Julio de 2017
Opinión
3:37 pm. Viernes 14 de Julio de 2017

Acostumbrados a casos y decisiones inverosímiles en nuestro país, nada nos hubiera extrañado que la justicia colombiana otorgara favorecimiento al estudiante Carlos Cárdenas en su millonaria demanda por supuestamente haber sido perjudicado por acusaciones de responsabilidad en la muerte del también estudiante guajiro Luis Andrés Colmenares.

Por suerte, la justicia desestimó la cínica y burda demanda, aunque bajo el argumento de vencimiento de términos por parte del demandante.  Un poco más de 2 mil 127 millones de pesos exigía en su demanda Carlos Cárdenas por daños y perjuicios ocasionados bajo sindicaciones que lo colocaban como principal culpable de la muerte del guajiro Luis Andrés Colmenares.

El pago a sus abogados defensores entre quienes estaban  el  ex fiscal Mario Iguarán, reposición por daños morales tanto a él como a sus familiares, daños a su reputación, estar preso junto a peligrosos delincuentes, dejación de sus estudios en la Universidad de Los Andes entre otros, constituían fundamentos demandados en busca de resarcimiento por parte del Estado. Por fortuna, reiteramos, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, desestimó tales argumentos porque el tiempo para presentar el recurso había caducado.

Carlos Cárdenas, de quien se dice es nieto del ex presidente de la Federación de Cafeteros de Colombia, sobrino del actual Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y con otros tantos lazos de familiaridad con personalidades de la política del país, fue en su momento señalado como principal culpable de la muerte de Luis Andrés Colmenares en un episodio amorosos en el que estuvo involucrada su ex novia Laura Moreno y quien al momento de los acontecimientos era novia de Colmenares.

Si bien los hechos sucedidos en 2010 el 31 de octubre en la celebración del Día de las Brujas en Bogotá, conmocionó al país, especialmente por los protagonistas de la importante Universidad de Bogotá y por la calidad de los involucrados, la justicia en un manejo poco claro desestimó las acusaciones de la Fiscalía y absolvió tanto a Cárdenas, como a Laura Moreno y Jessie Quintero compañera de Laura y testigo del hecho. Ellas fueron señaladas como cómplices, pero igual, la justicia desestimó responsabilidades.

El Caño del Virrey en un conocido sector de la capital del país quedaría como testigo mudo de aquel que para los colombianos fue un cobarde asesinato pero que para otros, los que ejercieron la justicia bajo influencias políticas y económicas no fue más que un fatal accidente  en el que el estudiante guajiro en su desenfrenada carrera bajo los efectos del alcohol y en una noche lluviosa cayó a la aguas del Virrey, falleciendo a consecuencia de fuerte golpe en su cabeza.

Los informes científicos de medicina forense que certificó la muerte por golpes propinados con elementos contundentes y los testimonios de varios testigos presenciales de los hechos fueron igualmente echados al cesto de la basura por los jueces del caso, que en cambio, dieron como válidas las manifestaciones de la defensa.

Lo aberrante de todo es que las manifestaciones de quienes presenciaron los actos además de ser desestimados, se tomaron como pruebas de falsos testimonios y  quienes aseguraron que fue un crimen en los que intervinieron Cárdenas y las estudiantes Moreno y Quintero como figuras presenciales, fueron condenados y hoy están tras las rejas.

El país entero o por lo menos quienes estuvieron al tanto del desarrollo de audiencias y juicios a lo largo de todos los años del caso en los estrados judiciales, convencidos están de que la muerte del guajiro Luis Andrés no fue un fatal accidente sino un asesinato alevoso. Y que la decisión de los jueces de no culpabilidad a los presuntos obedeció al enorme grado de influencia política y económica de los señalados responsables que hoy gozan de plena libertad mientras padres y familiares de la víctima se debaten fía a día en medio del dolor por la desaparición de Luis Andrés.

Con el paso de los días, el olvido hace mella en la gente, pero hoy parece regresar a la palestra por el anuncio de la cínica demanda de más de 2 mil millones de pesos que Carlos Cárdenas, el principal sospechoso pretendiendo lavar su imagen, interpuso contra el Estado. Y por fortuna, la justicia, en la que casi nadie cree, le negó. La absolución dada en este caso, quedará en la conciencia de jueces y en la de los protagonistas que podrán seguir riendo sin importar el dolor y llanto de los afectados.

Pero la vida-dicen los abuelos- se encarga siempre de cobrar las deudas que en la justicia humana no se pagan.  ¿Será esto cierto? En nuestra Colombia se duda mucho.

 

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