9:27 am. Domingo 12 de Marzo de 2017
Opinión
9:27 am. Domingo 12 de Marzo de 2017

Los vestigios arquitectónicos y, en general, los monumentos representan testimonios útiles para la memoria y para la historia. Necesarios para la memoria, en el sentido de motivar en el presente (entre los vivos) el recuerdo de lo que ya no es. Útiles para la historia como ciencia, en cuanto podrían servir de fuentes primarias de gran importancia.

La memoria es lo que está ahí, explícito o subyacente, en el recuerdo de la gente; o, también, en los objetos o lugares de memoria, que sirven para recordar lo ocurrido en cualquier plano de la vida o que integran lo que llamamos tradición.

En Francia, por ejemplo, se han desarrollado unos sitios de memoria que tienen como objetivo construir recuerdos entre la gente, o resaltar eventos importantes para elaborar constructos de identidad nacional, empleando los conocimientos históricos como recurso primordial.

La memoria existe, en consecuencia, como resultado de lo que ya ocurrió y que queda, parcialmente, en forma de edificios, monumentos, objetos, tradiciones, etcétera. O como construcción contemporánea mediante la cual se busca resaltar algo importante para la vida de un pueblo, sin importar su carácter negativo o positivo.

La memoria suele ser también expresión de las tradiciones orales, y desgajarse en objetos materiales como la vestimenta, la comida o los disfraces que engalanan el carnaval. Esto posibilita que el recuerdo se convierta en el hilo conductor que ata al pasado con el presente en la existencia de las naciones.

La arquitectura suele ser un importante medio de memoria, tanto en el sentido de estimular el recuerdo como en el de servir de instrumento para construirlo entre la gente. En consecuencia, la arquitectura es un lenguaje de lo que ya ocurrió, lo cual no está en forma de proceso, de acontecimiento, coyuntura o estructura, sino de vestigio o testimonio.

En tal sentido, los edificios y los monumentos pueden servir como indicios para la construcción de la historia, entendiendo esta como algo diferente a la memoria, ya que es la ciencia que se ocupa de procesar conocimiento histórico sobre lo que pudo haber ocurrido. La arquitectura, como ámbito de la memoria, sería algo así como una materia prima para la historia, a la cual le sirve de fuente.

Los edificios legados por la humanidad son testimonios objetivos de otros tiempos, o de lo que ocurrió en otras épocas, los cuales, bien interrogados, entregan claves para explicar o entender cómo ocurrieron las cosas, más allá de que esto sea agradable o desagradable.

Las edificaciones del Centro Histórico de Barranquilla, por ejemplo, representan la pujanza de la ciudad en relación con su función portuaria y económica a principios del siglo XX. En esa línea, son invaluables herramientas del recuerdo y pueden servir (como ya ocurre con la Aduana y la Intendencia Fluvial) como instrumentos para construir memoria.

Esos edificios, y los otros que están desparramados por la parte antigua de la urbe (en Barranquillita y el resto de La Loma vieja, por ejemplo), podrían servir como fuentes en el proceso de elaboración de la historia razonada de la ciudad, como ya ocurre en algunos trabajos históricos publicados o en proceso de elaboración.

La arquitectura barranquillera de principios del siglo XX no es solo un importante testimonio de lo que ya ocurrió, sino que representa la realidad y la posibilidad de construir lugares de memoria que sirvan para recordar cómo fuimos, o qué hicimos en otros tiempos.

Así mismo, esos sitios de memoria son también invaluables testimonios que pueden ser útiles como fuentes para elaborar la historia razonada de la ciudad, integrándolos a otros acervos documentales. La historia como disciplina científica debe nutrirse de esos objetos del recuerdo para construir sus asertos, como ya lo viene haciendo.

La arquitectura de un pueblo suele servir de objeto de memoria en el presente y ser pertinente para elaborar su historia. La memoria y la historia se cruzan, inevitablemente, en ese legado.

Por tal motivo, el proceso de construir memoria colectiva y de procesar la historia de un pueblo incluye restaurar, conservar y revalorizar esos testimonios del pasado. En la arquitectura antigua de Barranquilla el pasado vive en el presente. 

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