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El salsero Johnny Pacheco.
9:43 am. Lunes 22 de Febrero de 2021
Mis encuentros con Johnny Pacheco
9:43 am. Lunes 22 de Febrero de 2021
Crónicas sobre la vida del maestro y gestor de la Fania All Stars.

Por Erasmo Padilla

Viajé a Caracas en el mes de agosto de 1977 enviado por Caracol para cubrir la presentación de la Fania All Stars, la agrupación latina más encumbrada de la Salsa. 

Por primera vez la empresa de radio pionera de muchas transmisiones se interesaba en el evento y saber el por qué de su arrollador éxito en buena parte del planeta.

Llegué de noche a la metrópoli que en ese momento se daba el lujo de presentar los mejores espectáculos musicales de cualquier género. Mi contacto para credenciales y acercamiento a entrevistas sería Chucho Giraldo, mánager de Los Melódicos, pero no estaba en la ciudad y tendría que encomendarme a todos los santos para buscar la solución al impase. La verdad fue que me pasé la noche en vela.

Bien temprano me fui a la oficina de Renato Capriles en el Edificio Radio, centro de la ciudad. “Se van a reunir en la oficina de Guillermo Arenas tercer piso de aquí mismo”. De una subí amparado con mi credencial de la empresa y sin pedir permiso entré al recinto del colombiano más importante, responsable de llevar los mejores espectáculos de música latina en ese momento. 

Estaban tomando café y en amena charla: Arenas, su hermana Fanny (la flaca), de fuerte temperamento, se notaba que tenía “la sartén por el mango”, Massucci, Willy Colón, su esposa Juanita, Johnny Pacheco y Chucho Giraldo, quien se encargó de hacer la presentación de rigor.

Al segundo café ya yo respiraba mejor. Había un personaje que no identificaba y sabía que me miraba con simpatía y solo reía en cada comentario esbozado. Después nos hicimos amigos, era Luis Francisco Mendoza el 'Negro', el mismo compositor del “Festival Vallenato”, quien de ahí hasta el regreso, se convirtió en mi guía y guardaespaldas.

Con Pacheco, el enlace fue más fácil de lo que esperaba. Johnny lucía bien, maduro y seguro de lo que hacía. Inició la charla: ”Sé que la salsa gusta en Colombia y queremos estar allá lo más pronto. Le estamos proponiendo a Guillermo que maneje la situación”

Le comenté que en Barranquilla había mucha expectativa y le garantizaba que sería un éxito de taquilla y asistencia. Sólo me preocupaba la cantidad de requisitos que exigían para una ciudad y un público con pasión que se resistía a exigentes protocolos. 

Me escuchaba con atención y sacando un habano Cohíba me dijo: “Lo importante es que queremos ir porque allá gusta la Salsa y Bobby Cruz nos ha comentado del entusiasmo del público por la música que hacemos".

Le comenté de la locura generada por Acuyuye a mediados de los 60 y su paso por la Duboney y ahí cortamos, nos fuimos para el estudio de Radio Caracas Televisión, en donde harían un show en directo al mediodía para toda Venezuela

En la estación de TV eso era un hervidero -tenían previsto recibir 300 personas y habían muchas más y en las afueras gente queriendo entrar-. No me le despegaba a todos. Querían tocarlo y un autógrafo aquí y otro allá. ¿Cómo te parece esto?, le comente: “La locura, brother. Así es en todas partes, esto es asi..tu sabes. El público quiere el artista” y de pronto el jalón del brazo, me lo quitó Massucci porque el productor anunciaba que el presentador iba “al aire”.

Después del show la vista de Pacheco era otra. Un hombre satisfecho, feliz como un niño cuando recibe un juguete nuevo. Empapado en sudor me pasó su brazo y me dijo: “mi hermano nos vemos a la noche, ahora vamos a un almuerzo con autoridades de la ciudad. Lo siento”.

Se perdió entre cables, bafles e instrumentos y yo me quedé haciendo notas con el resto de la agrupación. Mi primera reflexión la tenía clara, Pacheco era un gran relacionista, respetuoso y agradecido del público que le amaba. Se entregaba todo.

Por la noche apenas fue un saludo y un comentario corto entre el bullicio del Poliedro que albergó 25 mil personas, incluyendo a Pambelé, flamante primer colombiano campeón mundial de Boxeo, del peso welter, quien fue invitado a la tarima. 

Me hizo una petición que yo cumplí de inmediato “Entrevista a Pete El Conde, ayúdalo porque no le gusta hablar” -la verdad es que Pete le daba pena expresarse porque hablaba el español muy mal-.

Luego vendría la presentación de las “Estrellas de la Fania All Stars” por Fidias Danilo Escalona e Izzy Zanabria y la figura de Pacheco atizando con sus contorsiones y movimientos cada uno de los sonidos interpretados por los músicos a los compases de “En Órbita", tema de presentación con arreglo de Bobby Valentín, el nacido en Santiago de los Caballeros, era la personificación de la música latina. Lo demás fue una contagiosa locura de sonidos que hacía vibrar al público en sus sillas.

Para la primera presentación de la Fania All Stars en Barranquilla no hubo chance de nada.

El Capi Visbal me falló. Blindó a la Fania y las cosas salieron para olvidar. Muchos saben la historia.

Celia Cruz vetó al Conjunto Rumbavana, que había sido invitado por el Partido Comunista de Colombia en su aniversario y fue el Conjunto Clásico, quien salvó la boleta, además casi los linchan por no tocar lo que el público esperaba y la producción se equivocó. 

En otra presentación de Pacheco en Barranquilla me confesó que fue uno de los momentos de más riesgo en una tarima.

Años más tarde, una mañana llegó a la emisora donde hacía mi show el difunto empresario Arnaldo Vitolo. ”Erasmo, Pacheco quiere saludarte. Vente para el Royal Hotel lo más pronto que puedas”.

Si bien sabía que se iba a presentar en el Coliseo Cubierto con los vocalistas Conde Rodríguez y Héctor Casanova; Romerin, el empresario, no había hecho la mejor promoción para llenar el Coliseo. Subí a la habitación y aun sin arreglarse me saludó y lo esperé en el restaurante.

Dos tintos cargados con azúcar negra y a lo que vinimos. “Terminemos lo de Caracas”, expresó jovial, locuaz y alegre. Invitaba a la charla. “Tú crees que irá la gente esta noche?", le comenté mis temores, pero también aclaré que Barranquilla era agradecida y él era todavía una estrella. Además, el par de caballos (cantantes) que traía no eran pintados en la pared.

Empezaron a llegar más personas interesadas en hablar con él, pero pidió al jefe de meseros no ser molestado para no perder la placidez de una charla que pintaba no tener fin de inmediato. “Colombia es hermosa y su música cada vez es más elocuente en la industria", puntualizó. "Tiene una riqueza inagotable y yo espero pronto que podamos hacer una producción con Joe Arroyo, ese juega en otra liga. La idea era hacer una producción a dos voces con Joe y Celia, pero a la muerte de Masucci, el proyecto abortó".

“A mi quien me metió en esto fue mi papá y luego los secretos de la flauta los tomé con Fajardo (José), ese fue el señor que me dio la llave. Con Charlie (Palmieri) aprendí y en tono jocoso tarareo que la semana tiene más de siete días, (jajaja). No, en serio la elegancia, y el respeto al público. También hicimos Jazz y otras cositas”

Tocamos también el negocio de Fania. “El proyecto lo tenía en mente hacía años, pero necesitaba un socio. Conocí a Jerry, quien fue a verme tocar con mi orquesta y luego la invité a ver a La Aragón…Ese día me dijo: "¡Vamos a hacerlo! Y así comenzamos. Nunca tuve problemas con el judío-¿sabes por qué? Le dejaba manejar el dinero… jaja”.

Después del almuerzo, les invité a dar una vuelta por la ciudad, pero Pacheco estaba renuente por el problema de la espalda. Se había fracturado la cadera, ya usaba bastón. Pete El Conde lo convenció y Casanova nunca apareció.

Salimos para Rebolo, al Rancho Currambero, para el ensayo con un calor impresionante. Estaba lleno el lugar, porque en Barranquilla todo se sabe. “Oye y aquí cobraron cover”, le preguntó a Romerin, quien rió de buena gana. 

Quiso primero escuchar el conjunto armado al buen estilo de “tumbao anejo”. Silencio total. Me pregunto por el pianista. Se llama Pedro Vicentini, le comenté. “Ese muchacho es muy bueno en Nueva York tiene trabajo". Lo felicitó y los dejé charlando un rato. Comenzaron a ensayar y todo salió de un trazo. El público aplaudía lo que sonaban, ver y ahora se los ofrecía Robinson Albor en bandeja de plata y gratis.

Seguidamente me dirigí al Taboga, en el centro de la ciudad, y Johnny me preguntaba insistentemente hacia dónde íbamos. Le comenté que haría felices a dos amigos amantes de la salsa que tenían estaderos y que ellos disfrutarían esa rápida visita. 

Pacheco un poco molesto me explicó que estaba cansado y que la espalda le dolía. Por un momento dudé, ¿Y si les pasa algo a estos tipos? Si empujan a Pacheco. Qué vaina.

Cuando llegamos, la calle Caldas el tráfico era impresionante, me detuve frente al lugar y el portero que me conocía se acercó de inmediato. Bajé el vidrio derecho de la puerta delantera en donde iba Johnny. "Don Erasmo que milagro verlo esta hora por aquí preciso". Pero al ver a los personajes exclamo emocionado. ”Pacheco y el Conde Rodríguez… nojoda!”.

"Yo no me bajo", dijo nervioso Johnny...Cinco minutos nada más le supliqué, pero mira la cantidad de gente. No te hacen nada...entremos. 

Nos hicieron calle de honor, adentro estaba baja la luz y la gente ajena a la realidad de lo que pasaba se confundieron. Porque veían a sus ídolos caminar frente a ellos y con tres frías encima por segundos no precisaban si eran parte de un video o si las cervezas estaban pasadas. Nosotros tratamos de apretar el paso para llegar rápidamente hasta el programador musical que era Conce Hernández, quien casi se cae para atrás usando los reconoció. "¡Cierra la puerta!", le grité. 

El sitio donde él trabajaba era como una pecera separada por una pared de vidrio. Los meseros ayudaron para reforzar la protección pero la gente insistía en tomarse fotos y tocarlos. Pacheco me miraba asustado y con una señal recriminatoria. 

Eduardo Gutiérrez, el dueño del sitio no estaba. Qué lástima. El Conde se reía con la gente y aprobaba a la gratitud de los presentes. El tema que estaba sonando “El agua del clavelito" se repetía y se repetía. De pronto Pacheco se encabronó y sacando fuerzas dijo: "¡Vámonos ya!".

Tomé el micrófono me dirigí a la gente, les pedí cordura y salimos sin ningún tropiezo. Solo después de recorrer tres cuadras en el regreso...comenté: "Gracias Maestro, esa gente no olvidará esto jamás". Pacheco me agarró la mano muy fuerte y me dijo “tú eres un cabrón de siete suelas, ¡pasé un susto del coño!".

Faltaba La Troja, ya eran las 5 de la tarde y yo no me atrevía a decir nada. Les explicaba los sitios de la ciudad, pero El Conde presentía que faltaba algo. Solo su mirada me indicaba que sería mi cómplice. Llegué a la 72 y comenté: "tengo una sed del carajo. ¿Y ustedes?".

"Estamos secos", comentaron los pasajeros. Aquí a la vuelta tomaremos algo. Usted no se va a bajar, le ordené al maestro para que se tranquilizara. La Troja estaba en Olaya Herrera. Me parqueé en la llantería y me bajé con El Conde. 

Edwin no estaba, pero sí el DJ Danny Tinoco, los dos llanteros y cinco salseros que le madrugaron a ese viernes. Los llanteros cuando vieron al 'Rey del Tumbao' se quedaron mudos mirándolo. Con los ojos despepitaos comentaban en voz alta "es el propio". El aseador del lugar corría de un lado a otro preguntando por el fotógrafo..."Llámenlo, búsquenlo". "Lo vi en la esquina", comento.

Pacheco dentro del carro estaba en sopor agitando el bastón…y ya estaba resignado a lo que pasara. Cuando lo dejé en el hotel me comentó: “Ya sé que volveré”..y así lo viví, no me lo contaron.

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