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5:00 am. Jueves 21 de Octubre de 2021
Opinión
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Hace 10 años conocí a una simpática corredora que nos mostraba nuestro futuro apartamento (el que hoy tenemos). Con los días, ya teníamos confianza y me contó de la relación que tenía con su novio. Pensé que era raro que hablara así, porque ya era madurita, pero tenía razón: Hasta que no se case, la pareja sigue de “novios”; no hay unión libre o ‘arrejunté’.

Me decía que todo marchaba de maravilla porque no vivían juntos: “El en su casa y yo en la mía”. En ese momento, mi mente #sinrecato le pregunté por lo obvio: sexo. Su respuesta fue con picardía: “Eso también está resuelto. O él se queda en mi casa o yo en la de él”.

No había conflicto. Si alguno tenía que irse se iba y ya. Suena perfecto, ¿verdad?  A esta tendencia hoy se le conoce como LAT (Living Apart Together), que significa: ‘Viviendo separados, pero juntos’. 

La psicóloga Laura S. Moreno, experta en relaciones de pareja, manifiesta al respecto que “vivir juntos (en sintonía sentimental), pero no revueltos (en convivencia marital). Este tipo de parejas mantienen una relación estable y con un cierto compromiso y han decidido de común acuerdo no vivir en el mismo domicilio”.

Explica que, socialmente, se cuestiona la solidez o el éxito que pueda tener este tipo de pareja y más aún cuando hay algunos mitos y verdades:

La convivencia es imprescindible para tener éxito en la pareja: Falso. Cuando un soltero le pregunta a un casado qué es lo más difícil de vivir juntos, en letras de neón aparece la palabra: Convivencia.

De acuerdo con la experta, para algunas parejas es necesario compartir el mismo techo y la convivencia es imprescindible. Pero en la pareja LAT, no es necesario convivir para que la pareja conserve la fidelidad y la exclusividad. Esta relación evita el desgaste de la relación, propio de la convivencia.

Sin embargo, es una opción que no está diseñada para todos, puesto que algunos prefieren seguir una línea estándar de pareja, que es aceptada socialmente, pero otros no sienten presión social y tampoco quieren seguir la línea tradicional. No solo pasa en el ámbito de las parejas, también puede pasar en el trabajo, la familia o en el modo de vivir.

Todos quieren ser una pareja LAT: Falso. La realidad es que la franja de edad que es más factible que quiera experimentar este tipo de relación es a partir de los 45 años. Moreno afirma: “Muchos a esa edad han experimentado una convivencia previa y han tenido la experiencia de tener hijos. Pero tienen las ganas de darle una segunda, tercera, cuarta o quinta o incluso más oportunidad al amor. El amor no tiene edad. Lo que no quieren es convivir”.

No quieren estar juntos: Falso.  Hay razones para que las personas que ya han vivido en pareja quieran vivir en su propio espacio, entre ellas, está que tienen hijos adolescentes y no quieren complicar la unidad familiar con la convivencia.

Pero la psicóloga Moreno dice que estas parejas también desean compartir momentos y experiencias como viajar juntos, disfrutar de alguna afición en común, hablar, amarse. Consideran a esa persona su compañero de vida, pero prefieren no vivir en la misma casa en el día a día. El éxito es que ambos tengan claro que no quieren vivir juntos.

Socialmente NO es considerada una relación seria: Verdadero. “Soy una firme defensora de las personas que son diferentes. Si uno decide con su pareja tener este tipo de relación y funciona, bien sea abierta, con o sin convivencia, con alguien de distinto sexo o del mismo. Lo importante es que ambos estén de acuerdo. No hay que vivir todo el día pendiente de la aceptación de los demás”, afirma Moreno.

Las parejas LAT se caracterizan por ser seguras de sí mismas. Si alguno de los dos es controlador, o es celoso o ha vivido un engaño o traición, es muy difícil que logre entablar este tipo de relación.

Es importante que ambos cuenten con un círculo familiar y social amplio, porque si es todo lo contrario, si alguno tiene mucho tiempo desocupado, es muy probable que cuestione la agitada vida social de su pareja.

Nada es predecible

La cuestión es que, en términos de parejas, nada es predecible. Hay parejas que son compatibles y se aman intensamente, pero no pueden vivir juntos, porque no coinciden en el orden, las costumbre o los horarios.

Otra ventaja de este estilo de vida es que conservan su privacidad, su manera de llevar la casa, su orden y economía. El tema de la economía aquí es muy claro. En las parejas que conviven suele ser un tema delicado. En este caso, los gastos se dividen y hay conciencia de cada uno tiene lo suyo.

El punto débil de esta relación es que algunas personas necesitan el contacto físico, el afecto, la presencia. Acercarse y hablar, tomar un café juntos, o hacerle algún cariño. Esto puede ser irrelevante para algunos, pero en otros, es algo natural, es la complicidad que genera vínculos valiosos. 

La experta en parejas concluye que: “Las parejas LAT, hoy en día, no dan muchas explicaciones si llevan o no este tipo de relación. Pero tengo la sensación de que cuando pase un poco ese estigma o esa presión social, habrá más gente que apueste por esta fórmula”.

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