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5:00 am. Sábado 31 de Octubre de 2020
Opinión
5:00 am. Sábado 31 de Octubre de 2020

En menos de 30 segundos, un video nos reconfirmó el riesgo inminente de desastre que presenta Salamina, municipio del Magdalena. Impresionante la debilidad del suelo frente a la fuerza del Río Magdalena que arrasó con árboles, postes y la caseta donde funciona la empresa que opera el Ferry.  El derrumbe, ¿será un jalón de orejas de la propia naturaleza?

Es que el problema no arrancó en agosto cuando se registraron deslizamientos en el kilómetro 2.5, en la vía que comunica a Salamina y El Piñón. Desde el año pasado comunidades ribereñas, congresistas y medios locales advertimos, una y otra vez, sobre la descontrolada erosión que se presenta en la zona y un posible desbordamiento de la principal arteria fluvial del país, pero no recibió del Gobierno Nacional y de las autoridades competentes, la atención que ameritaba.

Emergencia en Salamina

Hoy la preocupación es mayor para los habitantes luego que el río se llevara otro tramo de la carretera (el kilómetro 2.1) y posteriormente la edificación. Sin todavía resolverse el problema, no resulta descabellado compararlo con la inundación en el sur del departamento del Atlántico y algunos municipios de Bolívar por la ruptura del Canal del Dique, en 2010. Al contrario, se relaciona con este episodio del pasado para medir las nefastas consecuencias que podría traer otra tragedia en la costa Caribe, aun mayor de la que presenciamos. Muchas pertenencias, alimentos, cultivos, sueños, ilusiones y demás cosas valiosas para las poblaciones, quedaron flotando en el agua.

Hay tres lugares en los que se puede presentar una rotura del terraplén, bañando por lo menos a cinco municipios del departamento vecino. Además de Salamina, la inundación puede atrapar a Sitio Nuevo, Pivijay, Remolino, Cerro San Antonio y El Piñón; incluso, las aguas alcanzarían la Ciénaga Grande de Santa Marta y comprometerían a otras poblaciones como Pueblo Viejo y Ciénaga. No queremos que estas zonas en su mayoría habitadas por ganaderos, campesinos y pequeños agricultores se vean golpeadas, aunque ya se habla que la arremetida del Río Magdalena les está ocasionando un bloqueo económico por dificultades en el paso de productos hacia el centro del Magdalena y el Atlántico.

Erosión y socavación del Río Magdalena

La erosión avanza y con ella la preocupación. Sí, hemos visto avances del Gobierno Nacional, en los últimos días, frente a la crisis que se atraviesa, pero pedimos celeridad en las obras que frenen la erosión teniendo en cuenta los riesgos que existen por el fenómeno de La Niña, previsto para los meses de noviembre y diciembre. En consecuencia, el río tendría más fuerza.

Como toda problemática, se requiere voluntad política y unión con las autoridades territoriales, apoyadas por el Estado, con recursos económicos y técnicos que sigan atendiendo en el corto plazo la emergencia y con la ejecución de una hoja de ruta que permita llegar hasta la causa que ha ocasionado el incidente a través de las obras integrales que se requieran.

Hay unas medidas en marcha. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), junto con Invías y Cormagdalena, desde finales de septiembre ejecutan obras en la orilla del Río Magdalena para protección de esta y control de inundación, las cuales llevan avance del 26%, en promedio, a dos meses de su finalización. Si bien hay que ser prudentes y respetar los pasos técnicos, genera un poco de intranquilidad la lentitud de los trabajos. También, esta semana Cormagdalena le dio un nuevo aire a la situación, que con la declaratoria de urgencia manifiesta logró la contratación de dos dragas que actualmente hacen labores en el sector de la isla Tamarindo, lugar donde el río arrastró el terraplén en dos partes de la vía entre Salamina y El Piñón y ocasionó el derrumbe de la caseta. En términos sencillos, con el plan de dragado durante 45 días, se va a compensar el caudal de ‘El Magdalena’ por el desequilibrio que hay en la zona.

Labores de dragado en Salamina

En este proceso, los congresistas de la Bancada Caribe y la Gobernación del Magdalena hemos sido insistentes con el llamado ante el Gobierno central, de no conformarse solo con la mitigación porque también son fundamentales las obras a largo plazo para que el Río Magdalena siga siendo símbolo de desarrollo y progreso, no de emergencias. Es decir, fortalecer la política de prevención y no de reacción ante una tragedia, logrando establecer mecanismos sólidos de prevención del riesgo de desastres. Estamos hablando de la integridad física, del bienestar y de la vida de 180 mil colombianos que ven el peligro cerca por la erosión en el margen derecho de la arteria fluvial.

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