Unimetro
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5:00 am. Lunes 11 de Enero de 2021
Opinión
5:00 am. Lunes 11 de Enero de 2021

Esta semana pasó de todo. De todo. La tormenta Filomena, tormenta de frío en España que sepultó cientos de coches; la locura del capitolio en los Estados Unidos y su hito histórico en la democracia más antigua del planeta; el aumento de los índices de contagios de Coviod-19 en el mundo y Colombia en especial, pasó de todo.

Comienza el 2021 y a los columnistas, escritores y demás narradores, este nuevo año está generando material suficiente para historias reales pero fantásticas, surrealistas y hasta mágicas que no parecen realidad, pero que tristemente lo son. Y eso, que el 2021 apenas comienza su conteo regresivo.

Uno de los sucesos más importantes, que pasa de largo para muchos dentro de la cantidad de sucesos relevantes, es el bloqueo que le hizo Facebook y Twitter a Trump por incitar a la violencia. ¿Hasta qué punto lo detestable que pueda parecer Trump a muchos ciudadanos justifica las represiones, suspensiones y cancelaciones de cuenta del presidente saliente?

La gran mayoría quería que Trump se callara, sin duda. Yo, personalmente, espero con ansias la sucesión de poder. Sin embargo, cuando leí, me enteré y confirmé que Facebook y Twitter, dos grandes de las redes que fundamentaron su creación en la libertad de expresión, bloqueaban las opiniones del mandatario, me vi obligado a, increíblemente, cuestionar la ruptura democrática que genera una decisión como las mencionadas. Famosas son las cuentas en Twitter que publican sin control amenazas, odio, groserías, pornografía y todo mal social sin control alguno.

En Facebook, hasta hace poco, teníamos espías en nuestros celulares escuchando lo que jamás autorizamos con propósitos comerciales, empresariales y hasta de seguridad nacional. Esta semana, la aplicación Whatsapp de propiedad también de Facebook nos envió la actualización de sus términos y condiciones, que advierte sobre escucharnos sin control so pena de desvincularnos de la aplicación de comunicación más importante de la humanidad para efectos de negocios y comunicaciones.

El presidente saliente de EE.UU., Donald Trump

Y ¿entonces? Escucho razones lógicas de verdad que afirman en defensa del bloqueo, que al ser dichas empresas y sus contratos basados en un acuerdo privado, estamos en libertad o no de aceptar sus términos y condiciones, como si borrar whatsapp fuera posible para la gran mayoría que hacen negocios hoy en día por dicha aplicación; escucho a otros, que consideran que el control de dichas aseveraciones debe pasar por una policía moral previa que elimine de manera anticipada aquellos pronunciamientos que amenacen a la comunidad, una policía moral y virtual de las redes sociales.

Pero algunos, cuestionamos profundamente esos visos, tintes y amenazas a nuestra libertad en redes sociales, las cuales consultamos para todo: el mercado, las noticias, las cuentas bancarias, la salud, el gobierno, los amigos, la familia, todo. Es hora de pensar si la posición de las redes sociales en la comunidad debe re-figurarse ya no como un simple negocio privado sino como servicio público, como el internet, una necesidad humana, masiva, que como todos los hoy vigilados y controlados sistemas de prestación de servicios esenciales, comenzaron como una empresa privada, sin control estatal. A mí parecer, sin defender al popular e indiscreto Trump, esto es un golpe a la quijada, en el primer round del combate, a la libertad de expresión, que moraliza, controla y califica lo correcto e incorrecto de nuestras opiniones en general, no sólo la de Trump. ¿Y si mañana bloquean a los tierraplanistas por difundir ignorancias? O ¿A los anti-vacunas por promover peligros sociales? O ¿A los movimientos de autodeterminación de los pueblos, por parecer guerrilleros? O ¿A las actrices porno, por afectar la moralidad sexual? O ¿A los machistas por ofender a las feministas? O ¿A los musulmanes por ir contra la cristiandad? O ¿A los uribistas por parecer ultra derechistas? O ¿A los petristas por apoyar a un ex guerrillero?

¿Qué es bloqueable y qué no? ¿Quién puede bloquear y qué no? ¿Quién controla a Twitter y Facebook? En una conversación familiar entre vinos, hablábamos sobre el hecho de que las bacterias no ven sino en dos dimensiones, ya que no pueden dirigir su percepción hacia arriba o abajo, ignorando la profundidad.

Nosotros, que los observamos desde el microscopio, las miramos en detalle, pero ellas a nosotros no, ni saben que estamos ahí. ¿No será que estamos siendo caldo de cultivo para Facebook y Twitter y no estamos viendo el riesgo por no cuestionar, por no criticar, por avalar el mal que le hacen al que nos cae mal, por creer que es parte de nuestro destino?

De mi parte, corremos riesgo de un control total de nuestra vida en un mundo virtualizado y tecnificado. ¿Y si Twitter y Facebook además de apropiarse de la provisión de sus servicios, como les dé la gana, se apropian también de lo que debemos creer? Como si sobre mis creencias existiera un correcto o un incorrecto, un válido o un inválido, un censurado, bloqueado o suspendido sólo por ir contra ellos, por expresar lo que pienso contrario a sus intereses, por decir lo que digo o manifiesto contrario a su sentido de la verdad. Corremos un alto riesgo, les digo y advierto hoy en esta columna; asombrosamente la víctima es Trump. Increíble.

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