Unimetro
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12:22 pm. Lunes 19 de Julio de 2021
Opinión
12:22 pm. Lunes 19 de Julio de 2021

 

Durante la jornada del domingo 18 de julio Chile está viviendo una nueva jornada electoral que busca encontrar, a través de primarias reguladas por el Servicio Electoral(SERVEL), a los candidatos presidenciales de la derecha, reunidos en Chile Vamos y del pacto Apruebo Dignidad, que reúne al Frente Amplio y al Partido Comunista. Los partidos más tradicionales, y por qué no decirlo, más exitosos del Chile de los últimos treinta años, miran desde afuera este proceso, me refiero a la Democracia Cristiana, el Partido Socialista, el Partido Por la Democracia y el Partido Radical Social Demócrata que, para el período señalado reúnen a 4 ex presidentes de Chile y dirigieron, como alianza política, cinco de los siete últimos gobiernos del país. 

La Derecha presenta 4 candidatos: el eterno Joaquín Lavín, que ya fue candidato en 1999 y que llevó a Ricardo Lagos y a la Concertación de Partidos por la Democracia a la primera Segunda Vuelta Electoral en la elección presidencial, demuestra que siempre tiene la capacidad de reinventarse y,más allá de la crítica a su camaleónica performance política, se las arregla para mantenerse competitivo; Mario Desbordes, un candidato que se presenta como parte de una nueva derecha, más democrática, crítica de los abusos del mercado y con una disposición mucho más social que lo que ha definido a su sector, carga con el estigma de haber sido derrotado, hace un par de meses, en la elección interna de Renovación Nacional para dirigir el partido, y ser considerado un traidor para “el patriciado” de raigambre pinochetista de dicho partido.

La pregunta se impone, ¿podráser competitivo, si no fue capaz de mantener la presidencia de su partido?; Ignacio Briones, apoyado por uno de los partidos más jóvenes y emergentes de la derecha, Evópoli(Evolución Política) que representa a las nuevas camadas del sector con una marcada aureola liberal, levantando una postura que busca terminar con las lógicas de derecha e izquierda que ha divido al país desde la dictadura de Pinochet, pero cargando con su labor en el ministerio de Hacienda de Piñera al inicio de la pandemia y de no movilizar los recursos con la celeridad y cuantía que las circunstancias lo exigían, abriendo la puerta a los retiros de los famosos 10% de los ahorros previsionales de exclusiva capitalización individual, que ya van en tres y parece que se viene un cuarto; y por último, Sebastián Sichel, un candidato independiente que ha logrado apoyo transversal de la derecha, que fue ministro de Desarrollo Social del gobierno de Piñera y también presidente del banco del Estado, se presenta como un hombre capaz de modificar estructuras y generar procesos, pero lo acompaña el karma de haber pasado por muchos domicilios políticos desde hace unos siete años, con actitudes, dichas por sus mismos adversarios del sector, de generar pocas confianzas.

Los cuatro candidatos del sector, a la luz de la lectura de sus programas, se han corrido más hacia el rol del Estado y menos mercado, proponen cambios profundos en temas de salud y previsión y se han desmarcado del actual gobierno de Piñera que, a diferencia de otras elecciones presidenciales, parece que nadie quiere teñir su candidatura de oficialismo, debido al nivel de desgaste de la figura del actual presidente y las escasas adherencias que tiene, transversalmente, en la ciudadanía.

El Pacto Apruebo Dignidad los candidatos son Gabriel Boric, actual diputado de la República representante de Convergencia Social, uno de los tantos partidos que incluye el Frente Amplio. Su presencia en el escenario político proviene de las manifestaciones estudiantiles y universitarias desde hace algunos años y que, al institucionalizarse, buscaron marcar una nueva izquierda que se alejara de la labor de los partidos tradicionales e incluso levantaron un discurso que niega la obra de la Concertación de los Partidos por la Democracia, referente político histórico en el proceso de transición a la democracia.

Sus puntos débiles tienen relación con el rol que cumplieron en educación durante el segundo gobierno de Bachelet y del cual luego se desmarcaron sin asumir sus responsabilidades y del apoyo a la ley anti barricada que abrió la puerta para, según su  actual contendiente, penalizar la protesta en Chile; Daniel Jadue, por su parte, es un antiguo militante del partido Comunista, con dos períodos como alcalde de la comuna de Recoleta, en donde ha instalado una serie de instancias, definidas como populistas en su momento, pero que han copiado la mayoría de los alcaldes de Chile de diverso color político, tales como la Farmacia, la Universidad, la Inmobiliaria y la Óptica Popular. Parecía ser un candidato de un discurso sólido y claridad en las convicciones, pero en la última recta de la campaña se le vio más ofuscado, dubitativo en algunos temas y más comprometido con las críticas a las violaciones a los Derechos Humanos en países como Cuba y Venezuela. Su origen palestino y su lucha porque la comunidad internacional se haga cargo de recuperar la dignidad de un pueblo, lo ha posicionado, por ciertos sectores de los más conservadores de la comunidad judía local, como un antisemita, incluso con ramificaciones en organizaciones sionistas en Estados Unidos.

Desde el punto de vista programático no tienen grandes diferencias, proyectan una profundización del rol del Estado y del gasto social, avanzar en las garantías de los derechos sociales y económicos, con impacto en la política tributaria, el royalty a la minería, los impuestos verdes y una profunda transformación de los sistemas de pensiones y de salud. En temas de Derechos Humanos buscan perseguir las responsabilidades del actual gobierno en las represiones a la protesta con víctimas mortales y con un número elevado de personas con irreversibles daños oculares. Boric ha ido un poco más lejos, al plantear directamente en los debates que perseguirán las responsabilidades del actual Presidente Piñera y que cerrará la cárcel de Punta Peuco, donde residen, con comodidades que los demás sistemas carcelarios de Chile no tienen, los violadores a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet en Chile. Los presos de los actos de violencia y saqueos durante el Estallido Social es un tema que no han clarificado ninguno de los dos candidatos, se percibe que son partidarios de un indulto, pero dicen recriminar cualquier expresión de violencia y aceptar las consecuencias penales que ello implica.

En este momento son las 15:30 horas en Chile, el proceso electoral se ha desarrollado de manera si consideramos lascircunstancias especiales que lo rodean: un fin de semana largo, inicio de las vacaciones de invierno, en el contexto de una pandemia que, si bien presenta cifras más favorables producto de las altas tasas de vacunación, sigue siendo factor a la hora de evaluar y los recurrentes procesos electorales que, en menos de 10 meses, han vivenciado desde la propuesta por un nueva constitución, la misma elección de constituyentes, primarias para elegir a gobernadores regionales, segunda vuelta de los mismos gobernadores, la de Alcaldes, Concejales y ahora, las primarias presidenciales. La última de estas elecciones, la segunda vuelta para los primeros gobernadores regionales de Chile que serían elegidos democráticamente, convocó a un 20% de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral, sin duda, una de las más paupérrimas convocatorias en la historia electoral de Chile.

Son las 16:00 horas y las carreras parecen no ganadas en ninguna de las dos alianzas políticas que vivencian sus competencias internas: el alcalde Jadue, avalado por dos períodos exitosos, perdió terreno en las últimas semanas con un Gabriel Boric que aprovechó los debates para instalar un discurso claro y sólido que lo llevó a bajarse de los últimos debates electorales y a profundizar las críticas a su compañero de coalición; por su parte, el camaleónico y siempre vigente Joaquín Lavín, que parecía tener una carrera corrida, vio avanzar de manera amenazadora al independiente Sichel, que pone en riesgo al ex alcalde de Las Condes, una de las comunas más acomodadas del Gran Santiago. 

Hace muy pocas elecciones se permitió el voto de los chilenos residentes en el extranjero, los datos de Australia, Nueva Zelanda, Rusia y España demuestran algunosaspectos interesantes, primero que Sichel supera por muy breve margen a Joaquín Lavín; que en el pacto Apruebo Dignidad el margen es levemente favorable para Daniel Jadue, y, a lo mejor lo más relevante del posterior análisis, es que la votación de este último pacto quintuplicó los votos del conglomerado de derecha. De muestra un botón, en España, Jadue obtuvo 839 votos, Boric 690, mientras que los cuatro candidatos de Chile Vamos apenas sumaron 139 preferencias. Con los datos del exterior parece que la crisis del sector se profundiza y, de verificarse también en la elección interna, demandarán una profunda reflexión de sus actores y sus bases con miras a su labor en el proceso constituyente, del que aparece claramente marginada y de las futuras elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre próximo. 

En estos momentos son las 16:15 horas en Chile, los medios de comunicación se distienden con programas más livianos después de una larga jornada matinal informativa, a la espera de que se cierren las primeras mesas y se agilice el conteo de votos. A eso de las siete de la tarde tendremos un panorama más claro al respecto, más de algunas declaraciones y podremos expresar también algunas consecuencias de los mismos resultados.

A las 17:00 horas se empezaron a cerrar las mesas de la región más austral de Chile, Magallanes, que tiene una diferencia de una hora con el resto del país. La zona es reducto del diputado Boric y que rápidamente marcó tendencia. La votación de Apruebo Dignidad mantenía la constante del extranjero en términos de ser varias veces superior a la de Chile Vamos. Nadie se atrevía a establecer tendencias con los datos producto de la referencia distrital de Boric, pero cuando se cerraron las primeras mesas del resto de Chile la tendencia parecía confirmarse con datos de nivel nacional marcando una clara diferencia con Daniel Jadue. En la derecha, la carrera cada vez más con mayor claridad se definía a favor del independiente Sebastián Sichel.

Algunas reflexiones en el calor de los datos que no superan el 35% del total nacional. En el pacto de Chile Vamos se impone Sebastián Sichel con lo que se marca un hito relevante en la historia electoral de Chile, el último líder político asociado directamente a la dictadura militar, a los orígenes de la transición, al plebiscito del Sí y el NO, Joaquín Lavín, parece cerrar con esto una dilatada carrera política que lo llevó en tres oportunidades, incluida esta primaria, a competir por la primera magistratura nacional. Si a lo anterior agregamos que Sebastián Piñera termina con una pésima evaluación ciudadana, el recambio generacional parece instalarse en la derecha, que podría sacar mejores cuentas en la medida que esta nueva camada pueda independizarse con mayor claridad de su pasado dictatorial. 

El fenómeno parece que también cruza a la otra vereda, aquella que ni siquiera tiene presencia en esta primaria,  a la antigua concertación, el tan anhelado apoyo del bacheletismo, que en otras elecciones podía haber sido definido como un preciado capital político, le ha jugado de manera más que negativa a la candidata PS/PPD. La ex ministra Paula Narváez a ha sido criticada por esta expresión de “dedocracia”, que parece claramente no estar a la altura de los nuevos tiempos.

En  Apruebo Dignidad,  las cuentas, con el mismo porcentaje de votos escrutados, parece que las son más claras. Boric se empina levemente por sobre el 60% de los votos válidamente emitidos. También representa un claro cambio generacional, no sólo por la juventud del candidato, sino que también por pertenecer a un partido y un referente político reciente en el espectro ideológico nacional. No deja de ser un resultado inesperado, las proyecciones hablaban de una mayor opción de votos para  Jadue o, en el mejor de los casos, una elección más reñida, no con los más de 20 puntos porcentuales de diferencia.

Unas palabras merecen las proyecciones de las encuestas en Chile que, desde la instalación del voto voluntario y la inscripción obligatoria, han perdido una considerable certeza. Debemos tener en cuenta que las incertidumbres se instalan en los procesos electorales chilenos de los últimos años y recriminan el impacto que, en términos de opinión pública y de generación de una seudo realidad, hacen las más conocidas empresas de opinión en nuestro país, muchas de ellas con un claro sesgo ideológico. Un tema a considerar.

Un elemento interesante a considerar, con el 67% de los votos escrutados, es que la diferencia en términos de volumen de votos no fue tan distante, si lo que se esperaba era que chorreara, una vez más, la elección constituyente. La derecha puede sacar cuentas alegres en este aspecto, ya que la diferencia es de un poco más de 300.000 mil votos, claro está que su mejor candidato, Sebastián Sichel, sacó menos sufragios que el derrotado Daniel Jadue de Apruebo Dignidad.

Resulta interesante perfilar el escenario político de la próxima semana: los candidatos de Chile Vamos se cuadran con el independiente del sector; la derecha dura se queda sin un claro referente, será el momento para que el partido Republicanos, el grupo más visible de la derecha pinochetista, marginado de esta primaria, tendrá que evaluar una posible candidatura que, a la luz de la nueva realidad, parece más un saludo a la bandera y una posibilidad de refrescar su testimonio, que una con reales posibilidades; la Democracia Cristiana, con los hilos manejados por Carmen Frei, hermana del ex presidente Eduardo Frei, deberá estar moviendo unos hilos que no esperaba manejar, le resultaba más cómodo definir una posible candidatura de la senadora del sector, Yasna Provoste, en un escenario más polarizado con los esperados triunfo de Lavín y Jadue.

La presencia en la papeleta final de Gabriel Boric, que al final de su campaña le abrió la puerta al bloque PS/PPD y tuvo reuniones de trabajo con la abanderada del sector y el apoyo de Mariana Aylwin, Soledad Alvear y Gutenberg Martínez, antiguos dinosaurios de la Democracia Cristiana, a la candidatura de Sebastián Sichel, complejiza el escenario, hace más estrecho el centro político, para el que, hasta hace algunos años, era el partido más grande de Chile; qué pasará con la lista constituyente del Pueblo, que también ha amenazado con levantar su propia candidatura y que sin duda impactaríanegativamente en la opción presidencial de Gabriel Boric; y la actitud que asumirán sectores del Radicalismo, muy alicaído en el Chile actual y  del partido Progresista, del dos veces  ex candidato presidencial, Marco Enríquez-Ominami, parecen ser  más un tema marginal, que una parte crucial en la complicada fórmula de la elección presidencial en Chile.

El año electoral en Chile seguirá dando que hablar, aún quedan las elecciones parlamentarias, presidenciales y de Consejeros Regionales… veremos que nos depara el futuro….

 

 

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