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9:57 am. Domingo 05 de Diciembre de 2021
Opinión
9:57 am. Domingo 05 de Diciembre de 2021

Denomino la ruta de China a aquella que se abrió en ese país a finales de los años setenta del siglo XX bajo el liderazgo de Deng Xiaoping. Como se recordará, la mayoría del Partido Comunista en el poder cuestionó el modelo económico socialista y propuso profundas transformaciones.

Dichos cambios eliminaron el ineficiente modelo que no permitía enfrentar con solvencia las dificultades relacionadas con la producción y distribución de bienes de consumo y servicios para más de mil millones de personas.

El nuevo camino que tomó la dirección china privilegió los asuntos prácticos, la mejoría de las condiciones de vida de los pobladores, y dejó a un lado la tradición revolucionaria marxista, que se había convertido en una traba para el desarrollo económico y social.

Recuérdese que, desde los tiempos de Marx, la supuesta solución de los males sociales pasaba por la instauración de una dictadura totalitaria socialista, por la supresión de la propiedad privada capitalista o terrateniente y por la eliminación de los mercados, entre otros aspectos.

Ese esquema, propuesto por Marx y Engels, empezó a aplicarse en la Revolución Rusa de 1917 y luego fue asumido por los revolucionarios chinos, a partir de 1949. De acuerdo con las señales de la realidad histórica, esa forma de organizar la economía empujaba hacia la ineficiencia a nivel productivo y distributivo, por la eliminación de las motivaciones económicas y la introducción de la ideología y la política en su reemplazo en esos asuntos, mediante el Estado, el partido único y la burocracia.

Al darse cuenta de que con el modo de producción socialista nunca saldrían de la escasez y la ineficiencia, los chinos optaron por reintroducir la economía de mercado, el capitalismo, reinstalando el mercado a gran escala, la propiedad privada capitalista, la ganancia particular o corporativa, etcétera, con el objetivo de transformar el entorno económico para resolver los graves problemas de casi mil quinientos millones de personas.

La salida a la crisis del sistema socialista chino, en el nivel económico, por parte de Deng Xiaoping y los suyos trajo consigo una transformación drástica de la sociedad, sobre todo un crecimiento económico sin precedentes que repercutió en la calidad de vida de las masas.

Se calcula que, en unos veinte años, más de seiscientos millones de personas salieron de la miseria y la pobreza en el país, y tiempo después China logró posicionarse en el concierto mundial como la segunda potencia económica. Este desarrollo en tan corto tiempo nunca se había presentado en la historia en ninguna parte, sin excluir sus problemas.

La ciudad de Shanghái

¿Cuál es el significado ideológico, político y económico de ese importante suceso histórico? Es indudable que este evento trascendental fue una consecuencia de la crisis, por ineficiente y paquidérmico, del modelo económico socialista. El estatismo a ultranza y el dirigismo extremo probaron ser inadecuados para cambiar la vida, favoreciendo a las mayorías.

Por esta razón, los chinos lo cambiaron por la economía de mercado, y con esto abrieron otra ruta para el desarrollo de la sociedad humana, estableciendo un capitalismo sin burguesía en el poder político y una economía de mercado articulada a la construcción de un sólido Estado de Bienestar para enfrentar las dificultades sociales.

Si se parte de la forma como han devenido los cambios económicos y políticos dentro de la historia, la ruta china es diferente al tradicional camino burgués y al que comenzó a construirse con la Revolución Rusa de 1917, el cual hoy está en una aguda crisis que incluye a Cuba.

El derrumbe estruendoso de la Unión Soviética y sus satélites y su retorno al capitalismo conduce a las mismas preguntas que surgieron a raíz de la experiencia china. La respuesta a esos interrogantes cae indefectiblemente en el fracaso de los modelos económicos de Marx para superar la sociedad de clases.

La mayoría de los marxistas de Cuba y Latinoamérica se niegan a ver y evaluar críticamente estos hechos históricos, más por motivos relacionados con el dogmatismo que con la ciencia. Valorar con espíritu crítico lo ocurrido en China, la Unión Soviética y otros países debe conducir a repensar los fundamentos de una tradición intelectual, la marxista, puesta en entredicho por la propia vida.

El caso cubano invita a una reflexión profunda sobre el presente y el futuro de ese gran país que supo despertar el entusiasmo revolucionario desde el año 1959. Cuba se debate hoy en una profunda crisis, muy parecida a la de la Unión Soviética en vísperas de su derrumbe definitivo y a la de China antes de que emprendiera su magistral transformación.

La crisis del modelo económico de la tierra de Martí es bastante similar a la de los países socialistas que se vinieron al suelo por ser incapaces de resolver con eficiencia los problemas sociales, a pesar de las buenas intenciones y de las declaraciones rimbombantes a favor del pueblo.

Lo que en un principio flaquea en Cuba es el modo de producción y distribución de bienes de consumo y de servicios. La ya larga historia de la escasez relativa, de las dificultades para producir y distribuir es el mal típico del modo de producción socialista ideado por Marx, el cual hoy sume en la zozobra a la población de la isla.

El bloqueo criminal de los norteamericanos agudiza las dificultades del modelo económico, pero es insuficiente para explicar la problemática. Las limitaciones históricas de la economía socialista en esta nación son similares a las padecidas por otros países (la Unión Soviética y por China, por ejemplo), guardando las proporciones diferenciales.

Como se probó en el caso chino, el cuello de botella de la ineficiente producción, la escasez, las cartillas de racionamiento, la pésima distribución y el desabastecimiento crónicos solo pueden superarse con una reforma estructural del modelo económico.

Mantener el control estatal casi absoluto de la economía, por razones dogmáticas, significa aplazar la solución que se requiere y darle papaya a los imperialistas y a la ultraderecha para justificar mejor sus intenciones de tomarse el país.

Los soviéticos no hicieron lo que concretaron los chinos y, estimulados por la visión utopista de Gorbachov, dejaron que esa potencia se desarticulara y cayera en un feroz capitalismo salvaje que acabó con casi todos los logros sociales de la Revolución Rusa.

Este es el riesgo que corre Cuba si sus dirigentes siguen empecinados en mantener una tradición revolucionaria obsoleta y no se deciden a transformar su modelo económico, siguiendo la ruta trazada por China y Vietnam.

Las señales de agotamiento de ese modelo y la crisis social que está originando son más que visibles, a los ojos de todos los que quieren observar la realidad sin prejuicios ideológicos.

Hasta Silvio Rodríguez, uno de los máximos exponentes de la cultura musical cubana y defensor de la revolución, ha destacado que existen núcleos conservadores dentro del Partido Comunista que se niegan a permitir los cambios que requiere la nación, yendo contra la modernización que necesita su país (Ver los comentarios de Silvio en este enlace, a propósito de la protesta social del 11 de julio de 2021: https://www.lanuevacronica.com/silvio-rodriguez-cuba-vive-un-momento-objetiva-y-subjetivamente-dificil-que-esperemos-que-nos-lleve-a-un-estadio-superior).

Leonardo Padura, el mejor escritor cubano contemporáneo que aún vive en la isla, ha sostenido que hay desesperación en la gente por el estado de cosas de su país, y  ha destacado que la protesta social es una reacción, un grito angustioso, ante esa problemática (Ver aquí los comentarios, con motivo de las protestas del 11 de julio: https://noticias.perfil.com/noticias/opinion/leonardo-padura-sobre-cuba-un-grito desesperado.phtml?fbclid=IwAR2lVJNlTrOsE7oF2Kinx9WF2Z_zwy_u-CQw62V7PHjyBl56JnESYaQFXlo).

En los mismos medios de comunicación oficiales cubanos se han empezado a filtrar reportes y críticas sobre la situación económica y social. Por ejemplo, un informe sobre las colas y la corrupción que se presenta en estas, que son la consecuencia de la forma de distribuir estatizada tan ineficaz en el país y otros lugares.

A pesar de describir muy bien la situación, el autor del reportaje (que apareció en Cubadebate, importante medio oficial) se equivoca al sostener que la salida a la corrupción en las colas (y la superación de estas) consiste en la simple buena voluntad de los compradores y en la presión policial de las autoridades.

(En este enlace el lector encontrará el reporte mencionado: http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/07/14/de-colas-y-coleros-terreno-a-la-deriva-video/?fbclid=IwAR0JeeJS_16hxkXML9wmv9B29hg3sl0vfbxCHXq-IaW-hg15oxV65ku_-Nc#.XxeeCPXlbV8.facebook).

En Cuba la distribución de bienes de consumo se ha convertido en un tremendo cuello de botella por la escasez, las cartillas de racionamiento, el desabastecimiento y el modelo estatizado y centralizado. Esta es la raíz profunda de la corrupción en las colas.

Personas con tapabocas hacen fila afuera de un centro comercial para comprar productos, en La Habana (Cuba)

Lo que en otros países se solventa con tiendas al por menor u otro tipo de economía privada, en Cuba es un incordio irresoluble que golpea el bienestar de las mayorías. ¿Por qué el problema no se soluciona con mercado y economía privada, como lo resolvieron los chinos?

Por físico dogmatismo, por el apego irracional a unas tradiciones intelectuales que han fracasado estruendosamente en casi medio planeta. Si la dirigencia cubana sigue en la línea fanática que hasta ahora ha mantenido para no introducir cambios estructurales en su economía corre el riesgo de exponer al país a un estallido social mayor, patrocinado por fuerzas externas y asentado en el descontento social interno, el cual arrasará con todo, hasta con aquello que beneficia a los sectores populares.

El ejemplo de Rusia es bastante significativo en cuanto a la pérdida de los logros sociales de la revolución por el efecto de la implantación del capitalismo salvaje. En este país quedó muy poco en pie en esas materias, después del cataclismo que representó su estruendoso derrumbe.

La alternativa menos mala que tiene enfrente la dirigencia cubana para dejar atrás el estancamiento, la modorra y la ineficacia consiste en seguir la ruta de los chinos; o sea, liberar las fuerzas productivas mediante la economía de mercado, pero manteniendo el poder político para continuar construyendo un sólido Estado de Bienestar que favorezca a las mayorías.

China inauguró un nuevo modelo (que también sigue Vietnam) centrado en el partido único de talante reformista y modernizante y en el mercado y la propiedad privada. La prueba de que esta solución es más eficiente que el estatismo marxista dogmático y conservador está en los logros sociales y económicos de los chinos y los vietnamitas.

Si la dirigencia cubana, maniatada por el dogmatismo y el conservadurismo, se demora mucho en aplicar las medidas pertinentes su destino será el del partido y la burocracia de la Unión Soviética. Ya las señales de agotamiento del sistema cubano están a la vista.

Así como las dificultades socioeconómicas de la isla no se pueden comprender pensando solo en el bloqueo, el estallido social de mediados de 2021 tampoco se puede entender acudiendo a la tesis de la influencia perversa del imperialismo y la ultraderecha floridana.

Esa explosión social es un síntoma de que las cosas no marchan bien, de que la juventud y muchas otras personas repudian la falta de libertad y las limitaciones económicas que impone el régimen, por causa de su dogmatismo y conservadurismo.

O Cuba cambia o su destino será igual al de muchos otros países que se derrumbaron por la ineficacia del sistema socialista. La represión no es la solución definitiva de la crisis, pues ella enmascara y aplaza la salida de las dificultades sin resolverlas.

Si la dirigencia se demora demasiado y cree que puede salir del atolladero acudiendo a la represión facilitará, a la larga, el trabajo de las fuerzas externas que sepan aprovechar el descontento interno para propiciar una salida indeseable.

Lo menos malo para la isla es que siga la ruta de China. Este es un camino detestado por los dogmáticos de dentro y de fuera del país, pero es el único posible si se quiere salir de la modorra del estatismo socialista, mejorando la calidad de vida de las mayorías. No hay más alternativas para la ortodoxia cubana.

Siempre será mejor un partido y una burocracia reformistas, modernizantes y con vocación social que una burguesía corrupta, voraz y amante, por sus intereses creados, del capitalismo salvaje. De estas dos posibilidades, ¿cuál será la de Cuba en el futuro inmediato?

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