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5:00 am. Viernes 30 de Abril de 2021
Opinión
5:00 am. Viernes 30 de Abril de 2021

En medio de la tremenda crisis por la pandemia del Covid 19  que ya traza en tragedia social en el país por la velocidad de la enfermedad, otros ítems se han  ido sumando,  convirtiendo a Colombia  en una de las naciones de más alto riesgo en el mundo.

La reforma tributaria, última tribulación social que se suma a la inseguridad ciudadana, a las masacres, el glifosato y el pésimo manejo  a la pandemia del Covid-19, han sido entre otros, caldos de cultivo para que el pueblo colombiano haya dejado de creer totalmente en un gobierno tan nefasto como el presente que dirige Iván Duque.

“No es una reforma tributaria, sino una financiación por la pandemia, una forma de proteger el sistema de salud y a las familias vulnerables”, dice el mandatario nacional tratando de justificar la desacertada e imprudente salida en falso de su gobierno.

Tan desacertado y necio que el propio Iván Duque declaró públicamente que no sabía que a los sepelios (entierros) también se le había colocado el IVA del 19 por ciento. Falta conocer si la aplicación de ese impuesto sería de carácter retroactivo, con lo que todos quienes hayan muerto por Covid-19 deberían pagar el nuevo tributo. Habría entonces que colocar un aviso en cada hogar o familia que dijera “Prohibido morirse”.

Cuando se habla del pésimo manejo que se le ha dado a la pandemia, tal afirmación se afianza en declaraciones de especialistas en medicina sobre el particular. Uno de ellos, el reconocido epidemiólogo Jorge Oswaldo Restrepo, del Consejo Colombiano de Seguridad, desde Medellín expresó que el más claro ejemplo del ineficaz tratamiento es la falta y retraso en las vacunas por negligencia del gobierno.

Sostiene el funcionario que mientras países como Chile, Uruguay y México, en América, se apresuraron a negociar la compra de vacunas desde el momento mismo de comenzar la pandemia, Colombia estaba pensando  en la compra de aviones para la seguridad nacional y en el uso del glifosato para cultivos ilegales. Tampoco los llamados de urgencias y declaratoria de cuarentena general que solicitan los gremios de la salud para frenar la ola de contagios ha sido escuchada por el gobierno bajo el pretexto de no frenar la economía.

Es por ello  que los colombianos decidieron realizar lo que podríamos llamar un Paro cívico social cumplido este jueves 28 de  abril para tratar de abrir los ojos de un gobierno que en vez de presentar soluciones, “ofrece” más y nuevas restricciones y posibilidades de sobrevivir.

 En medio de toda esta crisis, y tal vez como para distraer la atención, empresas encuestadoras al servicio del propio gobierno y de reconocidos medios masivos de comunicación presentan el llamado intención de voto para el próximo periodo presidencial.  Y, como para alertar al pueblo, registran las preferencias de los colombianos. Y colocan a Gustavo Petro como el más firme opcionado, pero sin dejar de endilgarle calificativos de guerrillero, comunista y del peligro de convertir al país en una nueva Venezuela o una nueva Cuba. Como si el pueblo no estuviera ya  agotado de tantas falacias políticas.

Es tan inoperante el gobierno que ni siquiera se deja ayudar de quienes, a nombre de sus empresas se han ofrecido para comprar cantidad de biológicos que sirvan para vacunar a la gente; tal como lo ofreció el reconocido empresario Christian Daes quien dijo estar dispuesto a invertir 3 millones de dólares en suficientes  vacunas  para sus empleados y trabajadores y la población de su sector del barrio Las Flores. Otras empresas se han unido a esta idea loable de carácter social, pero las autoridades del gobierno aún no dan la aprobación oficial ni se muestran diligentes en los trámites para tal efecto.

Y, en relación con la reforma tributaria, pese a que no solo el sector de trabajadores, sino gremios y los mismos partidos políticos han recomendado retirarlo, el Presidente Iván Duque y sus ministros sostienen que no lo harán y que intentarán entonces un consenso para ajustar. Todo eso después de las marchas de protestas, desmanes y  turbulencia social que se vivió en varias ciudades del país.

El director del Partido Liberal, el expresidente César Gaviria Trujillo, había anticipado que primero es la pandemia y pidió a los liberales no votar la reforma tributaria. En un corto video revelado por RCN Radio, Gaviria sostuvo: “estamos pasando de una situación muy grave a una catastrófica y nadie con su amenazas, ni el fuego amigo, ni el Gobierno me van a callar".  “A mí nadie me va a intimidar, a mí nadie me va a callar, eso es imposible y ustedes todos lo saben”,  enfatizando que no le teme al señor Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla.

"Decir que esto es dramático, nos quedamos corto; esto es una pesadilla", indicó el martes el presidente de Promigas, Eric Flesch Santoro, sobre el tercer pico de la pandemia por la que atraviesa Colombia.  Dijo que la empresa hará alianza con EPS para la vacunación de empleados y sus familias.

En el orden local, lo que corresponde al departamento y a Barranquilla, a tal nivel ha llegado la pandemia que cada día las cifras de contagios y fallecidos superan los tres dígitos. El miércoles más de 3 mil contagios se mostraron en el Atlántico y 115 muertes por el Covid 19 incluyendo a Barranquilla. Sin embargo el Alcalde Jaime Pumarejo y el secretario de Salud Humberto  Mendoza pregonan que los guarismos son menores cada día y por eso no se decretan otras medidas restrictivas que las ya conocidas.

¿A qué cantidad de contagiados y muertos debemos llegar para hacerle ver al alcalde y su secretario que están equivocados? ¿Por qué no atender las recomendaciones de los científicos y especialistas de la medicina que prácticamente ruegan medidas más contundentes?

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