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8:36 pm. Lunes 17 de Enero de 2022
Opinión
8:36 pm. Lunes 17 de Enero de 2022

Estados Unidos marca la dinámica económica de occidente. Podrás no interesarte en lo que ocurre en Wall Street, pero lo que allí pasa en una jornada, termina determinando más de lo que crees en tu vida. ¿Productos al alza o a la baja sin aparente razón?… podría ser que la explicación la encuentres en la economía norteamericana. 

Hoy, además de todo lo que ya ocurre en Asia -especialmente la crisis de los contenedores- originada por la pandemia, hay que sumar un nuevo fenómeno del que estamos siendo testigos en EE.UU.: La Gran Renuncia. Anthony Klotz, académico de la Universidad de Texas se le reconoce por haber acuñado el término cuando se empezaron a observar los primeros vestigios de los que hoy es una crisis sin precedentes en el mundo capitalista. Los estadounidenses están dejando sus puestos laborales, se rehúsan a volver a la presencialidad (y con ello en algunos casos, a espacios de trabajo con condiciones precarias). 

Entonces eso, que está sucediendo del otro lado del continente, nos está afectando. Nos guste o no. Estemos al tanto de ello o no. La economía colombiana en gran medida depende de la estadounidense. Ya la devaluación del peso colombiano ante el dólar nos hace estar muy en desventaja frente a los mercados internacionales, pero si le sumamos el desabastecimiento de mano de obra que se está viviendo por allá, la gran conclusión es que los consumidores finales (de todo tipo), que somos nosotros, estamos en el peor lugar de la ecuación. 

Este escenario no es tampoco nuevo, la Gran Depresión o la Gran Recesión (crisis económicas ambas originadas en Estados Unidos), tuvieron su respectivo coletazo pronunciado en América Latina y específicamente en Colombia. En el 29, después de la estrepitosa caída de la bolsa de valores en Nueva York, en ese fatídico “Martes Negro”; en nuestro país se observó una salida de capitales y por supuesto un bajón abrupto en el precio de las exportaciones agrícolas y de materia prima.

Luego en 2008, la burbuja hipotecaria causada por la sobrevaloración financiera de inmuebles condujo a otra debacle monetaria de la que la que apenas pudimos salir hace una década. En conclusión, lo que allá pasa, repercute aquí – y no de manera superficial-. 

Así que la renuncia de más de 20 millones de estadounidenses (Sí, esa es la cifra) a sus puestos laborales, nos tiene en cierta medida, pagando más por un producto. Para nosotros desde aquí (LATAM) puede ser inentendible, somos países con tasas de desempleo altísimas; así que a muchos, no les cabrá en la cabeza que en EE.UU. abunde la necesidad de contratar a gente, pero la población no quiera. ¿Por qué? Pues los gringos tienen en cierta medida razón, las condiciones son precarias en exceso, por ejemplo, la mayoría no tiene derecho a vacaciones ni días festivos.

La gente no renuncia por “floja” (o al menos no exclusivamente); también lo hacen porque quieren intentar cambiar de sector o esperar conseguir un espacio en una empresa con mejores prestaciones. 

Absolutamente a todos los que sobrevivimos la pandemia, este periodo nos hizo replantearnos prioridades, algunos reafirmaron las que ya tenían y otros decidieron tomar decisiones de cambio profundo. Esas 20 millones de personas que han renunciado, estuvieron en cuarentena, cuestionándose, y muchos recibiendo subsidios, eso sumado a leyes laborales casi inhumanas nos ha conducido a esta nueva gran crisis. 

¿Qué va pasar? No podría yo vaticinarlo ni predecirlo. Pero creería en primera instancia, que el mercado se impondrá, como lo hace siempre.

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