Unimetro
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2:53 pm. Lunes 23 de Noviembre de 2020
Opinión
2:53 pm. Lunes 23 de Noviembre de 2020

Probablemente la falta de conocimientos apropiados en materia de política y ciencias sociales sea una de las mayores amenazas posibles para la vida democrática de cualquier país. La falta de representatividad, la corrupción, la ineficiencia de los gobiernos, la elección de candidatos inapropiados, son problemas que, en democracia, son inversamente proporcionales a qué tan informado está el electorado. Precisamente de esta ignorancia política nacen algunas de las preguntas más absurdas que la opinión pública se hace semana a semana, entre las más recientes contamos aquella sobre la existencia del centro político en Colombia, ¿existe el centro?

La respuesta corta es sí, siempre habrá un punto medio entre dos extremos, sin importar cuáles sean. Lo que la mayoría de las personas que se ubican en los extremos ideológicos de las posturas políticas no entienden es que tener una posición de centro no significa ser neutral, centro y neutro no son lo mismo. Puedo oponerme enfáticamente a un gobierno de extrema derecha, denunciar sus crímenes y criticar sus fracasos sin tener que, al mismo tiempo, conducir mi defensa desde la trinchera de la extrema izquierda. Lo mismo aplica, evidentemente, en el sentido inverso, todo aquel que critique los también abundantes crímenes de la extrema izquierda no es inmediatamente un fascista.  Solo desde una posición de centro es posible condenar los excesos de los dos extremos, esto no es neutralidad. Neutralidad no es estar en el centro, es no estar en ninguna parte.

Ya con el asunto de la neutralidad fuera de la mesa es posible cuestionarse entonces cuál es la política de centro. Desde luego no existe una respuesta universal a esta pregunta, que dependerá en gran medida de las circunstancias específicas de cada país en un momento dado. Sin embargo, es posible hacer algunas generalizaciones. Una política de centro normalmente debe propender, en el eje económico, por un balance entre libertades individuales e intervención estatal. Ni economía centralizada ni laissez-faire. Esto significa proveer un terreno seguro y estable para que las inversiones de capital privado crezcan a largo plazo, regulando los mercados lo suficiente para que la competición sea justa sin  llegar a manipularlos.

Dependiendo de si la postura de centro se inclina un poco más hacia la izquierda, o un poco más hacia la derecha, las formas de intervención serán diferentes. Puedes preferir aumentar los impuestos a las empresas y personas que tienen más para redistribuir hacia abajo, esto sin apretar tanto a los de arriba como para llegar a ahorcarlos, al fin y al cabo, sin ellos no hay redistribución, sino un país universalmente pobre. Puedes optar, quizá, por no cobrar más impuestos, sino quitarlos creando incentivos para redistribuir, recompensar a las empresas o a los que tienen más por hacer algo que te interesa socialmente. Puedes optar por ambos, todo depende de la capacidad del estado.

Debería quedar claro entonces que esta postura no es “hacer nada”, es, de hecho, hacer lo único que funciona. No existe un solo estado, en toda la historia de la humanidad, que haya sido exitoso respaldando posiciones políticas y económicas ubicadas en cualquiera de los extremos ideológicos. Los seres humanos somos increíblemente complejos y la vida en sociedad, como agregado de nuestras individualidades, lo es todavía más, es apenas lógico que la mejor estrategia de gobierno sea aquella capaz de equilibrar de la mejor manera posible el caos de nuestros intereses. Cualquier respuesta simplista va a estar, casi que necesariamente, equivocada.

¿Entonces por qué tantas personas cuestionan las posturas de centro?, Partiendo del teorema del votante mediano y con un poco de ayuda de modelos formales, es posible predecir que en cualquier país con más de dos partidos políticos la presencia de actores extremos va a terminar, a fuerzas, polarizando las opiniones de las personas. La política casi que se termina convirtiendo en un asunto de supervivencia, puesto que la victoria del extremo opuesto a mis preferencias ya no es solo una derrota ocasional, sino una amenaza a mi estilo de vida. Ante este panorama es predecible que las personas que no están de acuerdo con ningún extremo político sean vistas como enemigos por ambos extremos al mismo tiempo.

La verdadera pregunta no debería ser si el centro existe en Colombia, sino si el centro es viable. La respuesta es, probablemente, que no. En Estados Unidos observamos, por ejemplo, un intento por regresar al centro histórico que ha caracterizado a la política del país norteamericano y que Donald Trump amenaza con acabar, sin embargo, esto solo es posible por el sólido bipartidismo que caracteriza a este país. Agregue un Trump de izquierdas a la mezcla y el retorno al centro no sería tan viable. En Colombia, lamentablemente, sí tenemos más de dos partidos y varios extremos opuestos.

Un regreso a una política de centro en Colombia no depende tanto de los votantes en este momento como de acciones individuales. Es muy difícil suponer que se puede informar lo suficiente a todo el electorado colombiano para que en las próximas elecciones escojan a quien de verdad avance sus intereses de beneficio a corto y largo plazo, es más fácil esperar que presidentes elegidos en plataformas extremas empiecen a centralizar el país poco a poco, como hizo Juan Manuel Santos en su momento, e incluso esto es más una apuesta que una inversión segura.

Lo que fallan en ver los partidarios de los extremos, es que una política de centro es beneficiosa para ellos mismos, más allá de qué políticas públicas prefieren. Por más estimulante que sea derrotar a las fuerzas del ‘lado oscuro’ de la democracia –cualesquiera que sean estas personas- en las siguientes elecciones, el júbilo de un momento no compensa lo suficiente el estrés de encontrarse en una batalla ideológica constante en el que el precio de la derrota es la aniquilación. Creo que cualquier persona razonable debería ver los beneficios de vivir en un país en el que la derrota de nuestro candidato preferido no es una tragedia, y esto solo es posible cuando el centro existe.

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