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5:00 am. Jueves 29 de Octubre de 2020
Opinión
5:00 am. Jueves 29 de Octubre de 2020

Uno de los grandes retos de ser padres hoy es el de hablar de sexualidad con los hijos adolescentes. El tema debería ser natural y fluido, pero la realidad es otra. De acuerdo con expertos, la adolescencia es el momento de la vida que más se asocia a situaciones de crisis, inestabilidad e indecisión.

La pregunta del millón es: ¿Cuándo hablar de sexualidad a nuestros hijos? Y la respuesta es, siempre y cada vez que tengan una pregunta y se debe responder de acuerdo con la edad y en lo posible lo que le preguntan, porque podrían estar dando información que no le han pedido o que no van a entender.

Esto lo puedo decir como madre de una adolescente, debemos ser empáticos y recordar que son épocas muy diferentes. La educación sexual hasta hoy sigue siendo limitada a la función reproductiva que es una de sus características, pero no es la única, porque también hay otros elementos como el placer, el erotismo, las relaciones de pareja y las relaciones interpersonales.

La información sobre sexualidad que comparten en los colegios y universidades es referente a campañas sobre el uso de métodos anticonceptivos. Cuando claramente el 90 por ciento de los jóvenes que inician su vida sexual no usan ninguno de estos métodos y no tienen ni el conocimiento, ni la experiencia o la orientación de sus padres o adultos.

El amor de los padres es el elemento primordial para acompañar en esta etapa de la vida. Así como: la comprensión, el interés, la comunicación y la confianza.

Es importante resaltar que esta actitud positiva frente al tema no es excusa para que pierdan la perspectiva del rol que desarrollan y pasen la delgada de línea de permitirlo todo y no corregir o disciplinar. Los padres no son amigos, el propósito de empatizar con los hijos desde una figura de relación diferente a la de ser padres puede generar confusión en ellos frente a la noción de autoridad.

De acuerdo con María Luisa Delgado, en su libro ‘Fundamentos de Psicología para ciencias sociales y de la salud’, explica que la adolescencia comprende tres etapas:

La preadolescencia va de los 12 a 14 años:

Distanciamiento con la familia y prefiere estar con sus amigos.

Surgen los primeros conflictos ante el desafío de normas y límites

Aparecen respuestas emocionales, impulsivas y cambios de humor.

Necesidad de mayor intimidad.

Inseguridad respecto a la apariencia y el atractivo.

Interés creciente sobre la sexualidad.

Interacción con pares del mismo sexo y atracción por el sexo opuesto.

La adolescencia va de 14 a 18 años:

Cuestionamiento constante hacia los adultos.

Necesidad de mayor autonomía.

Relaciones de amistad más significativas.

Búsqueda de aprobación constante con su círculo de amigos.

Cambios extremos en el estado de ánimo.

Desarrollo de la identidad.

Se estabilizan cambios corporales, la atención se centra en la apariencia física.

La adolescencia tardía de 18 a 20 años:

Regresan los acercamientos familiares y disminuyen los conflictos con los padres.

Planificación de su proyecto de vida, metas a mediano y largo plazo.

Relaciones románticas más estables.

Desarrollo de la identidad y se establecen valores morales, religiosos y sexuales.

Maduración biológica plena y aceptación de la imagen corporal.

De acuerdo con Lina María Acuña Arango, doctora con énfasis en Salud Pública, y  magister en asesoría familiar, afirma que “los adolescentes están viviendo en una etapa tan determinante en sus vidas que requieren del acompañamiento por parte de sus padres presentes y amorosos, así como de profesores que muestren modelos interesantes e inspiradores que merezcan copiarse, lo que definitivamente facilitará el tránsito hacia la vida adulta”.

Ella sugiere:

Aproveche los sueños de su hijo con el fin de motivarlo; eso le permitirá construir de manera progresiva su proyecto de vida.

No se tome a personal las discusiones con su hijo adolescente; es probable que la rabia o el enojo no es contra usted.

Es importante que sean buenos estudiantes, pero es más importante aún que sean buenas personas.

Evite los juicios sobre su comportamiento, pensamiento o reacciones, esto facilitará una comunicación más abierta.

Haga preguntas antes de dar respuestas, incluso si usted no conoce la respuesta será el comienzo para una búsqueda compartida.

Debemos interesarnos en lo que piensan los jóvenes. Es una generación que nació con Internet, a diferencia de nosotros y lo que no entienden lo consiguen a solo un clic, lo que no garantiza es que siempre encontrarán las mejores respuestas.

Los jóvenes deberían hablar de sexo, sin tabú, sin vergüenza, con la libertad de expresar y decir lo que sienten sin ser juzgados, pero sí de ser orientados y aceptados.

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