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9:35 am. Domingo 28 de Noviembre de 2021
Opinión
9:35 am. Domingo 28 de Noviembre de 2021

El antiguo bloque socialista, creado alrededor de la Unión Soviética, se ha venido al suelo, sobre todo luego del colapso definitivo de la potencia mundial que se desarrolló después de la Revolución Rusa. Este es un hecho indiscutible que está ahí para la observación y el análisis de quien lo quiera ver.

El gobierno chino, a finales de los años setenta del siglo XX, decidió dar un paso trascendental: demoler el ineficiente modo de producción socialista y restaurar la economía de mercado, es decir, el capitalismo con todas sus arandelas. El mismo camino han seguido los vietnamitas, con resultados positivos bastante notables, en cuanto a la mejoría de la calidad de vida de las masas.

Esta es otra prueba indiscutible provocada por la experiencia histórica, según la cual el socialismo, como lo pensó Marx, ha entrado en una profunda crisis y se ha desplomado por el peso de sus propias contradicciones e inconsistencias.

El mundo asiste hoy a una transición increíble, completamente inédita: no la transición del capitalismo al comunismo, sino la transición del socialismo al capitalismo, como consecuencia del fracaso indiscutible de las teorías del cambio social de Karl Marx.

Pero esa transición del socialismo al capitalismo (que es un hecho histórico ya comprobado) no es reconocida en Latinoamérica y Colombia por muchas personas, debido a la falta de información o a la actitud dogmática.

El motivo más importante es la falta de información, y el segundo en la escala es una suerte de dogmatismo que induce a negar las verdades provenientes de la historia por sostener ideas obsoletas originadas en una tradición revolucionaria que la vida ha puesto en entredicho.

Esta situación es muy lamentable, pues el desconocimiento de los hechos históricos sobre la crisis del socialismo lleva a que se mantenga entre los jóvenes y los adultos un conjunto de teorías fracasadas que podrían tener consecuencias catastróficas, por efecto de la radicalización que desemboca en las armas o en la destrucción de un andamiaje institucional y socioeconómico que podría ser mejorado por la ruta de las reformas.

El origen de esas teorías fracasadas del cambio social está en Marx y sus mejores discípulos; dichas teorías tienen como eje la instauración de una dictadura socialista totalitaria para controlar (mediante el poder del Estado, del partido único y de la ideología única) la economía, la cultura y la política, entre otros aspectos de la sociedad.

János Kornai, el gran economista húngaro, fallecido en octubre

Mi mayor interés al divulgar el perfil y la obra de János Kornai consiste en despejar los mitos que aún mantienen auto engañados a los jóvenes y a muchos líderes políticos acerca del carácter necesario e inevitable de la revolución de talante marxista.

Como sé que existen personas que siguen creyendo en esa supuesta solución, me permito expresarles con total claridad lo siguiente: la revolución marxista ya no es una solución para los problemas de la humanidad, porque no funcionó y porque representa uno de los grandes fracasos históricos de la sociedad humana.

La prueba de fondo de la tajante aseveración anterior está en la profunda crisis del sistema socialista, la cual trajo consigo el derrumbe de la Unión Soviética y sus satélites, y el cambio del modo de producción socialista por el capitalismo en China y Vietnam.

Reconocer el hecho histórico de la crisis de lo que pensó Marx para cambiar la sociedad, y mirar de frente la nueva transición del socialismo al capitalismo no significa justificar ninguno de los males que caracterizan al llamado capitalismo salvaje.

Una sociedad entregada a los intereses creados de las grandes corporaciones, dirigida por los más corruptos y los más voraces tampoco es una alternativa sostenible a largo plazo, pues recrudece la desigualdad económica extrema y facilita la destrucción del planeta, bajo el argumento de la simple eficiencia económica.

Ya no es posible organizar este mundo alrededor de la idea de la dictadura socialista totalitaria, ni tampoco teniendo por norte un liberalismo económico dogmático y ramplón que siempre está al servicio de los más poderosos.

La humanidad debe ensayar otras rutas, apoyándose en lo que aprendió del pasado. Rutas delineadas por el humanismo, la legalidad y la cultura democrática, las cuales pongan en juego instituciones al servicio de las mayorías, de los derechos humanos y de la justicia social.

János Kornai, economista húngaro recientemente fallecido, fue uno de esos teóricos que nos ayudó a pensar la crisis del sistema socialista y, sobre todo, acerca de cómo transitar de la economía altamente estatizada a la economía de mercado (Ver aquí nota necrológica sobre Kornai).

Este autor no se limitó solo a teorizar sobre el carácter de la crisis del sistema socialista, sino que asesoró a varios gobiernos sumidos en el trance de la transición del socialismo al capitalismo, como fue el caso de los dirigentes chinos (Entrevista a Kornai, en la cual se refiere al caso de China).

O sea, el esfuerzo del profesor Kornai se desarrolló en el plano de la teoría económica y social y en el nivel de la asesoría práctica, para enfrentar las tremendas dificultades que se derivan de desmontar un sistema burocratizado y estatizado e implantar otro regido por el mercado.

János Kornai no solo enfrentó las elucubraciones metafísicas de los ideólogos que desean cambiar el mundo a base de meras especulaciones sin importancia práctica, sino que trabajó con los técnicos que pierden el sentido de lo humano cuando se trata de aplicar las reformas económicas.

Para las personas interesadas en la crisis del sistema socialista, en la transición del socialismo al capitalismo y en la obra del profesor húngaro János Kornai aquí les entrego un link final en que hallarán muchos de sus trabajos en inglés y húngaro (Sitio web de Kornai).

El saber y la ciencia no solo nos ayudarán a luchar contra el dogmatismo y el fanatismo, sino que aclararán nuestra mente para avanzar hacia el futuro, aprendiendo profundamente del pasado.

Solo se puede influir decisivamente sobre el presente y el porvenir mirando de frente y sin miedo a la historia, esa partera de las mejores verdades de la humanidad. Si no se procede de este modo, la consecuencia es repetir errores fatales que poseen el rostro de los dogmas revelados. Ni más ni menos.

 

 

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