Unimetro
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5:00 am. Domingo 04 de Abril de 2021
Opinión
5:00 am. Domingo 04 de Abril de 2021

En esta Semana Santa de análisis propio y profundidad personal, conversé en familia un tema de importancia social: Es común ver muchos deportistas y profesionales de éxito, que luego de alcanzarlo, se desparraman en la zozobra, el descontrol y la carencia de empatía y humanidad. El último caso sonado y televisado es el de Fredy Guarín, quien va a ser acusado por violencia intrafamiliar y que desde ya, se prepara su defensa arguyendo que protegía a su madre, que todo fue en defensa propia y miles de razones más; esta escena enciende las alarmas sobre un tema tabú: Psicológicamente ¿qué hay detrás de cada acto, hecho o suceso que lleva al éxito o fracaso?

La excusa para tocar este tema tabú es Fredy Guarín, pero existe un largo listado de profesionales y deportistas que pasan por esta situación crítica de no poder manejar su mente y fama, dinero y éxito profesional o el fracaso en el mismo; sólo en el tema deportivo: Viáfara, Mike Tyson, Tiger Woods, Teófilo, el Chicho Serna; en el tema profesional: cientos de corredores de Bolsa, abogados, curas, médicos, ingenieros, madres cabeza de familia y de hogar que camuflan en sus labores un sinnúmero de traumas personales que cargan sus vidas sin poder hablarlo con nadie; la lista continúa y se extiende a todas las familias con dinero y sin dinero, con fama y desconocidas, donde se sobrepasan las expectativas de seres humanos de carne y hueso que sufren en silencio y esconden sus males en el mal llamado “éxito social” o en la aprobación de una comunidad.

Deportistas como Maldini, Iniesta, Forlán, Valderrama, Phelps, Jordan, Federer, Nadal, las hermanas Williams y otros más, son evidencia de que se puede trabajar a largo plazo tanto al ser humano que encarna el éxito como a los aplausos, las glorias y la acumulación de triunfos y derrotas ¿Qué pasa entonces con nuestra sociedad, con nuestros profesionales, con nuestros vecinos, con nuestra familia? Hoy las personas consideradas exitosas de todas las carreras y deportes parecen más sacados de un reality show que de una universidad o campo deportivo.

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El tema psicológico, más ahora en pandemia, debe ser una prioridad. Hace poco me enteré, por una de mis estudiantes, que en Japón ha tomado tanta importancia el aspecto psicológico, que crearon un Ministerio de la Soledad. El tema psicológico debe ser visto tan seriamente como cualquier otro aspecto de la salud, pero al mismo tiempo tan corriente que no debe llamarnos la atención que alguien acuda o necesite un psicólogo. Es más, debería ser un profesional de consulta previa a muchas decisiones de vida que hoy se toman a la ligera: ¿Qué tal si antes de tener hijos vemos si psicológicamente estamos aptos, acudimos para saber qué podríamos mejorar y qué aspectos reforzar para ser mejores padres? ¿Qué pasa si antes de casarnos, tomar un trabajo, renunciar verifico mi estado mental? ¿Qué tal si esa tristeza que no se va, que vuelve y no se detiene, no es simplemente por este amor furtivo que falló, sino por un tema más profundo de depresión? ¿Qué tal si nuestros niños acuden con normalidad al psicólogo para hacer más sencilla su adaptación a un mundo exigente, poco tolerante y cambiante?

El tema de Guarín enciende una alarma de auto reflexión social: “Ir al psicólogo es cuidar nuestra salud” y no un problema o tabú. La gente que nos rodea no comunica normalmente y de manera expresa lo que está viviendo, ni sus males ni sus miedos y si no generamos la pequeña posibilidad de acudir con normalidad a un psicoterapeuta, explotarán cuando no haya nada que hacer, ya presos, detenidos o desviados. Ni estás loco ni eres débil por acudir a terapia, ni tampoco es una tontería aquello que te sucede, ni mucho menos ir al psicólogo es dinero perdido; por el contrario, nuestra salud mental es la más importante de todas y descuidarla, puede ser mortal.

Paciencia con Guarín gente, seguro le pasa algo que a todos nos ha sucedido; pero tal vez, Guarín no tenía con quien tratarlo, hablarlo o solucionarlo. Tal vez, lo que debía solucionar se lo tragó, se lo calló y explotó sin saber ni cómo ni dónde ni cuándo. Menos juicio y más comprensión, sobre todo en Semana Santa compatriotas. Felices pascuas a todos.

Fredy Guarín

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