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10:37 am. Domingo 04 de Abril de 2021
Opinión
10:37 am. Domingo 04 de Abril de 2021

Las vacunas que se utilizan para combatir la covid-19 recogen la experiencia mundial acumulada desde hace mucho tiempo en la producción de vacunas. No han surgido de la nada, ni tampoco son fruto de la improvisación.

Como se sabe, los principios básicos en la elaboración de estas fueron descubiertos o inventados desde finales del siglo XVIII. Edward Jenner, un médico inglés, es considerado uno de los pioneros en la creación y aplicación de vacunas.

Jenner inyectó un compuesto al niño de 8 años James Philips, infectado de viruela mayor, una enfermedad que podía ser mortal en aquellos tiempos. El virus lo obtuvo de la herida abierta de una granjera que se había contagiado de una vaca (de ahí proviene la expresión vacuna).

Eso ocurrió el 14 de mayo de 1796, y permitió descubrir un principio fundamental de todas las vacunas: el de que, si se inocula en el organismo humano sustancias que contengan los virus o bacterias que generan enfermedades, se puede evitar el desarrollo de una enfermedad que podría llevar a la muerte.

Jenner demostró, en aquel niño atacado por un mortal virus, que inocular el agente causante de la patología provocaba una activación de su sistema inmunológico que combatía la enfermedad y evitaba fallecer. A ese efecto, que podía ser momentáneo o de por vida (como se descubrió después), se le llama inmunización.

En síntesis, una vacuna es un preparado que activa la formación de anticuerpos en el organismo para evitar el desarrollo de una dolencia provocada por virus o bacterias, la cual, en otros tiempos, provocaba incapacidades físicas o de otro tipo, y hasta el fallecimiento.

Anticuerpo es una sustancia producida naturalmente por el organismo, cuya tarea consiste en enfrentar y derrotar a otro microorganismo o agente externo con capacidad para generar enfermedad (se le llama patógeno).

El propósito de la vacuna está centrado en activar las defensas naturales del organismo, los anticuerpos, simulando el ataque de un “patógeno” que no hace daño, pero que sí prepara y estimula la respuesta contra el verdadero enemigo. El ciclo simple del proceso de las vacunas (más allá de los cambios que han obtenido con el paso del tiempo) es el siguiente: vacunación, creación de anticuerpos e inmunización.

La inmunización ha logrado erradicar (o controlar) enfermedades que provocaban catástrofes o incapacidades lamentables, como la viruela, la poliomielitis, el sarampión o la hepatitis, entre otras. Y no deja que se desarrollen la fiebre amarilla, la diarrea por Rotavirus y el tétanos, por mencionar algunas.

La covid-19 tensionó las energías mundiales para encontrar una vacuna en tiempo récord. Pero las que se hicieron tienen tras de sí toda la experiencia internacional en el proceso de elaboración de vacunas.

En ese sentido, no resultaron de la improvisación, pues se apoyaron en los progresos científicos acumulados en materia tecnológica, en el manejo de las materias primas y en las tradiciones relacionadas con la inmunización de los seres humanos.

Tales vacunas aprovecharon los avances de los equipos científicos, de las instituciones públicas y privadas, y todo el saber acumulado que circula sobre esas materias a nivel global. Por eso no es adecuado hablar de improvisación en cuanto a la confección de las vacunas contra la covid-19.

Según la Organización Mundial de la Salud, existen tres tipos de vacunas: la que utiliza el agente patógeno íntegro (y aquí se emplea ese agente vivo, pero atenuado, y muerto o inactivado); la que se basa en fragmentos del virus o la bacteria para provocar la respuesta inmunitaria; y la que usa material genético (ADN o ARN) del patógeno para enseñarle al organismo a responder ante un ataque.

Hoy se producen vacunas en varios países, mediante el trabajo de instituciones públicas o privadas. Rusia elabora la Sputnik V, primera de estas elaborada contra la covid-19, que vio la luz en agosto de 2020.

La Gam-Covid-Vac fue el fruto del esfuerzo de los científicos del Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, llamado con este último apellido en honor a Nikolái Gamaleya, científico pionero en microbiología e Investigaciones de vacunas en Rusia, a principios del siglo XX.

Tres empresas lideran la producción de vacunas en China: Sinopharm, Sinovac Biotech y CanSino. Sinopharm procesa la vacuna llamada Vero, en asocio con el Instituto de Virología de Wuhan y el Instituto de Productos Biológicos. En Vero se utiliza la tecnología del virus desactivado, la cual se usa desde hace décadas en la elaboración de vacunas.

Sinovac Biotech también emplea el método tradicional y muy seguro del virus desactivado en su vacuna llamada CoronaVac. La vacuna de Sinovac se aplica con éxito en muchos países, incluida Colombia.

Convidecia es el nombre comercial de la AD5-nCOV, el biológico elaborado por la empresa china de vacunas CanSino Biologics. Esta es una vacuna basada en la tecnología del vector viral, donde partes genéticas del virus patógeno viajan en un virus desactivado mensajero hasta el sistema inmunológico. La Convidecia es distinta a las otras chinas y a la vacuna rusa, porque solo requiere una dosis.

La farmacéutica sueca AstraZeneca y la Universidad de Oxford, de Inglaterra, produjeron una vacuna de mucha resonancia, pues se la asoció con algunos fallecimientos provocados por trombos sanguíneos. Las investigaciones más recientes realizadas por equipos europeos y norteamericanos han descartado una correlación entre esa vacuna y los problemas médicos de algunos pacientes.

Esos científicos han anotado que la vacuna es muy segura, pues aporta una efectividad de protección entre el 62 y el 90%. La mayoría de los vacunados no presentan mayores molestias, y el compuesto tiene la ventaja de que puede almacenarse en un refrigerador normal.

Eso contrasta con el caso del biológico norteamericano-alemán Pfizer-Biontech, que debe guardarse a unos -70 grados centígrados para evitar que se dañe. Esta última vacuna, y la de la compañía farmacéutica norteamericana Moderna, usan la tecnología de última generación ARN mensajero.

La otra vacuna que solo requiere una inyección es la Janssen, de la farmacéutica de USA Johnson & Johnson. En esta se utiliza la tecnología del vector viral y, como en el resto de las vacunas producidas en el planeta, no emplea materias primas extrañas para procesar su biológico.

Hemos hecho este esfuerzo de recabar información de diversos medios para comunicarle al público que ninguna de las vacunas emplea cuerpos de fetos, o contiene chips, ni ningún otro elemento extraño.

Como están las cosas a nivel global, ninguna empresa privada o institución pública se atrevería a realizar tamaño despropósito sin que se arme un escándalo planetario. Podría decirse que la competencia entre países y compañías actúa como un freno para evitar esos desmanes.

Además, existen instrumentos transnacionales y nacionales que sirven para evitar cualquier abuso a la población con las vacunas. Fuera de esto, los rigurosos protocolos científicos mundiales generan que quienes no se sometan a las reglas de juego de la ciencia podrían verse empujados hacia el abismo del desprestigio.

No cabe ninguna duda: el instrumento más idóneo para enfrentar la pandemia actual es la vacuna, ya que esta es la única con capacidad para frenar la enfermedad y para evitar que sigan muriendo personas.

Los antivacuna están equivocados, y sus prevenciones hacia las vacunas no brotan de la sensatez y el saber, sino de la especulación atolondrada y sin fundamento. Los antivacuna actúan a favor de la muerte, pues lo único que inmuniza contra la enfermedad son las vacunas.  

Vacunarse es la mejor y única opción que existe para salir de esta ruleta rusa de la pandemia. No hay más camino que ese para atravesar el oscuro túnel en que estamos apresados.           

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