Unimetro
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7:00 am. Viernes 11 de Junio de 2021
Opinión
7:00 am. Viernes 11 de Junio de 2021

Parodiando un poco aquella famosa película de los años sesenta ‘El mundo está loco, loco’, de corte y estilo cómica-épica y en la que actúan reconocidos actores como Jerry Lewis y los tres chiflados (Moe Howard, Larry Fine y Curly Joe De Rita), bajo la dirección de Stanley Kramer, así podríamos afirmar que en este año 21 del siglo XXI el mundo se ha vuelto loco bajo el influjo del Covid-19, pandemia que ha desestabilizado y enloquecido a la humanidad.

Esta vez son reconocidos mandatarios los grandes protagonistas y actores de reparto que parecieran no importarles la caótica y dramática situación mundial o que pretenden mostrar que poco les interesa la suerte de las personas. 

En aquella burlesca película, el drama se desarrolla en una interminable y abrupta autopista del desierto, con ocho automovilistas que entre sí;  (un camionero aburrido, un dentista, y otros conductores) que van de vacaciones a distintos rumbos, repentinamente, presencian la alocada carrera de un automovilista que a toda velocidad se desbarranca con su automóvil. 

El hombre logra sobrevivir el tiempo suficiente para contar a los testigos una increíble revelación de un supuesto botín de 350 mil dólares que despertará en ellos la ambición de la riqueza fácil. La situación cambiará sus planes y sus vidas.

La pandemia del Covid 19 recorre un camino ya de 15 meses desde que fue detectado en Colombia (marzo del 2020). Entonces, en Estados Unidos, apareció la figura imponente y desequilibrada del Presidente Donald Trump quien  se mostró temerario para aplicar medidas correctivas en su país, para no afectar la economía y el desarrollo de las actividades de Norteamérica. Le siguieron en ejemplo el presidente Jair Bolsonaro, del Brasil y Andrés López Obrador, de México. Con iguales temeridades y restándoles importancia a la pandemia. 

Los resultados de lo que para ellos no era más que una de las tantas “gripitas de todos los años”, saltaron a la vista inmediatamente: Estados Unidos, México y Brasil, se convirtieron en los países con más contagios y muertes por el Covid 19 en el continente americano.

En nuestro país, el Presidente Iván Duque, acogiendo recomendaciones de empresarios y magnates de la economía tardó primero en cerrar fronteras aéreas permitiendo que llegase la contaminación y se extendiera rápidamente por todo el territorio nacional con las consabidas cifras de afectados y muertes que cada vez son más alarmantes. 

En su cacareado programa vespertino diario mientras repetía y repetía consejos, supuestamente para prevenir y aconsejar medidas de bioseguridad a los 50 millones de colombianos, se le olvidaba negociar la compra de vacunas para el pueblo. De allí que la vacunación en el país sufriera retrasos y afectación ciudadana.

Para dorar la píldora aparece la otra  y esta sí, justificadísima “pandemia” de marchas y protestas en rechazo a decisiones gubernamentales inoportunas, y desequilibradas como la reforma tributaria  y reforma de salud entre otras tantas equivocaciones. La imponencia de su gobierno en pretendida demostración de poder y mando mantiene al país en el caos y drama con miles de muertes por el Covid-19 y de decenas de jóvenes, torturados, muertos y desaparecidos en medio de la desalmada actuación de policías y organismos de seguridad del Estado que han merecido el repudio internacional de derechos humanos.

Y, en un afán de disimular las equivocadas decisiones frente al Paro Nacional que cumple 45 días sin solución a la vista, el Presidente Duque pretendió la realización de la Copa América para distraer quizás la atención de un pueblo agobiado por la desesperanza total.  No lograda tampoco esta pretensión, decide entonces dar apertura total a la economía con la pretendida argumentación de generar y recuperar empleo y trabajo, pero generando consecuencialmente el incremento desmedido del Covid y desde luego, las muertes y más muertes de más colombianos. 

Al gobierno poco o nada le han valido los ruegos de más de 130 agremiaciones de científicos y especialistas de la medicina para que reverse medidas de la macroeconomía. Prefiriendo sí, las consejas de los grandes empresarios de reactivar toda clase de actividad comercial. Poco importa que el tercer pico de la pandemia siga creciendo inconteniblemente y que las UCI de todo el país hayan rebasado el cien por ciento de la capacidad y que las cifras de fallecidos sobrepasen los 500 diariamente.

Locura colectiva. Mientras en Europa las cifras de afectados parecen ir siendo controladas, en Suramérica especialmente, sucede lo contrario. Y sorprendentemente una actividad como lo es el deporte que debiera ser una especie de sosiego, se toma como el gran pretexto para disimular decisiones equivocadas de gobiernos. 

Primero Colombia y luego Argentina pretendieron la realización de la Copa. La Conmebol rechazó tales aspiraciones. Pero, extrañamente y cuando menos se esperaba, se otorga la sede del certamen a Brasil, el país con mayor afectación de la pandemia en el continente.

Aquella alocada carrera automovilística que nos presenta la recordada película de los años sesenta, parece parodiarse en esta carrera desenfrenada que se vive en el mundo en los actuales momentos. En Colombia, como en otros países, pareciera ser mucho más importante la reactivación económica que la vida humana. Y, bajo el pretexto de recuperar el empleo, se abren bares y cantinas, playas y discotecas; sin control alguno, sin vigilancia ni control alguno, así que los tapabocas se quedan en casa o se tiran a la calle, el distanciamiento se estrecha más y el lavado de manos se cambia por los brindis de tragos de ron y cerveza al festejo y celebración de un gol que salva a la selección frente a la inminente caída frente a Argentinas. O un gol y una victoria rojiblanca frente a Millonarios en la semifinal de nuestro fútbol. 

¡Sálvese quien pueda, parece ser la consigna! Y como en aquella película de locos, así el mundo y Colombia no es ajena, también compite de lleno en una carrera para locos de remate. 

 

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