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Opinión
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Aún hoy, ciento seis años después de su nacimiento, y a casi siete lustros de su muerte, el maestro Luis María Frómeta Pereira, mejor conocido como Billo, sigue siendo considerado el más influyente de los directores de orquestas de música popular de Venezuela.

Con su Billo’s Caracas Boys, fundada en 1940, con la que debutó el sábado 31 de agosto de ese año en el Roof Garden, el más prestigioso salón de fiesta de Venezuela de su momento -ubicado en la amplia terraza del antiguo y famoso Hotel Madrid de Caracas-, Luis María escribió uno de los capítulos memorables del pentagrama de América Latina.

Por su porte, presencia en tarima, el repertorio de su agrupación, la sabrosura de su música, la calidad de sus intérpretes y la sonoridad de su orquesta en su totalidad, la Billo’s Caracas Boys dejó su impronta indeleble.

Venezuela se destacó por ser sede de agrupaciones de relevante impacto continental en el género tropical, entre las que sobresalen las de Luis Alfonso Larraín, Pedro J. Belisario, Aldemaro Romero, Chucho Sanoja, Orlando Peñaranda, Los Blanco, Super Combo Los Tropicales, La Playa y los Melódicos de Renato Capriles.

Esa selecta lista la encabeza, por méritos propios, la más popular de todas: la Billo’s Caracas Boys, bajo la égida de Luis María Frómeta Pereira, quien entre los directores antes mencionados, fue el único no nacido en la Patria del Libertador Simón Bolívar.

Luis María vio la primera luz en Santo Domingo, capital de República Dominicana, el 15 de noviembre de 1915.

Fue uno de los nueve hijos procreados por Olimpia Pereira y José Frómeta.

Este último, obligado por la asfixiante estrechez económica del hogar, le confió a una hermana suya la educación del pequeño Luis.

En la excelente biografía audiovisual Luis María Frómeta, a gozar con Billo, escrita y dirigida por Fernando Venturini, y publicada en 2003, Amable Frómeta, hijo del maestro Billo, asegura que este tuvo una infancia triste, en la que la tía lo privó de ternura. “Lo trataban como el sirviente de la casa y lo renegaban mucho”, asevera Amable.

Al reconocido locutor bumangués Marco Aurelio Álvarez, el maestro Billo le dijo en una entrevista que el único aliciente en la niñez lo encontró en la música, pues le hacía olvidar el mal trato al que era sometido.

El maestro, partitura en mano.

El origen de ‘Billo’
 
Fue la tía paterna, fastidiada por las travesuras del chiquillo, quien le puso el apodo que lo identificaría hasta la muerte: Billo.

Eres igualito a Billo. Tú eres otro Billo”. La mujer se refería a un vendedor estacionario de baratijas, pendenciero,cercano a la casa, que molestaba a los vecinos.

Al poco tiempo, dentro de la familia y en el sector, a Luis María lo empezaron a llamar Billo, un sobrenombre popular en Santo Domingo.

A sus 15 años, después de aprender a tocar el piano de la casa, tomar clases de solfeo y practicar escalas, de manera empírica y todo a espaldas de su tía, Billo tenía ya pleno dominio del clarinete, instrumento que aprendió a tocar gracias a la instrucción del profesor Oguis Negrete.

También dominó el saxofón, la guitarra y el fagot. Al poco tiempo formó parte de la planta de músicos que fundó la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo.

A los 16 años se le asignó la honorable misión de dirigir la Banda del Cuerpo de Bomberos. Por esa época, en sus venas ardía la pasión por la música popular, en especial los sones cubanos, los aires españoles y el jazz.

Rumbo a Venezuela

Tras consolidar con el pianista Francisco Alberto Simó Damirón y José Ernesto ‘El Negrito’ Chapuseaux, el proyecto denominado Santo Domingo Jazz Band, y abandonar los estudios de medicina que había empezado por su absoluta vocación por la música, a Billo lo sedujo la posibilidad de viajar a Venezuela, al enterarse de que en ese país estaban necesitando una orquesta.

La información se la había suministrado el venezolano Freddy Conrado, compañero de grupo, ejecutante del violín.

Eran los postreros días de 1937 y Ciudad Trujillo -nombre que el sanguinario dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo le había impuesto a Santo Domingo-, lo vio partir cuando contaba 22 años recién cumplidos.

La salida de la isla no fue fácil por el régimen represivo existente.

Como primera medida tuvo que cambiarle el nombre a la agrupación por el de Ciudad Trujillo Jazz Band, y su participación en el exterior tenía que enfatizar que era en representación cultural del Gobierno de ‘El Benefactor’ (como le decían al dictador).

Así mismo, la orquesta debía especificar la fecha de su regreso.

Firmados los compromisos, la agrupación obtuvo el permiso de salida. Partió en un buque llamado Sordwagen. Tras varios días de navegación en el Mar Caribe, los tripulantes llegaron a la capital venezolana el 31 de diciembre de 1937. Billo palpó, de inmediato, la gracia que le habían privado en su tierra desde hacía varios años: la libertad. Por primera vez veía en una plaza pública a un grupo de tres o cuatro personas reunidas, hablando plácidamente. Esa visión era imposible en su país.

Al poco tiempo, la agrupación cambió de nombre. Pasó a ser Orquesta Happy Boys, lo que enardeció al dictador Trujillos, tan pronto se enteró, y llegó a declarar a sus integrantes personas no gratas. Comenzaría ahí una nueva etapa en la vida del emigrante dominicano. La primera canción con la que logró seducir a los melómanos de Venezuela fue el merengue quisqueyano ‘Cañabrava’.

Nace la Billo’s Caracas Boys

Poco antes de cumplir el primer año de su llegada a Venezuela, Billo enfermó de tifoidea; su vida corrió serio peligro, y la Orquesta Happy Boys se desintegró. La mayoría de sus integrantes dominicanos, atemorizados por las repercusiones del dictador Trujillos, decidieron regresar a Quisqueya.

Tras un largo período convaleciente, Billo tomó la resoluta determinación de radicarse en Caracas, al tiempo que recibió la propuesta del saxofonista Freddy Coronado de crear una Orquesta de combate.

No lo pensó dos veces y se metió de lleno en la empresa. La planeó con el formato Big Band: con cuatro saxofones, tres trompetas, un trombón, piano, una batería y un bajo. Los cantantes eran Kuroky Sánchez y César Espín. Nació, así, la Billo’s   Caracas Boys. Su gran anhelo era tener una Casino de la Playa a lo venezolano.

A partir de entonces empezó una intensa y fructífera carrera no exenta de dificultades que incluyeron ataques (todos infundados, originados por la envidia de algunos de sus colegas xenófobos), acusaciones, encarcelamiento por bígamo (se había casado en Santo Domingo y años más tarde contrajo nupcias en La Habana), veto y exilio del país. Pero como todo un luchador que fue, Billo redobló su coraje y sus fuerzas y regresó para logar la consagración definitiva.

Mientras estuvo al frente de la Orquesta, desde su fundación, en 1940, hasta que dejó de latir su corazón, el 5 de mayo de 1988, 48 años después, por la Billo’s Caracas Boys desfilaron cantantes que contribuyeron con su consolidación, entre los que sobresalen los nombres de Rafa Galindo, Víctor Pérez, Manolo Monterrey, Cheo García, Felipe Pirela, Miguel Briceño, Alci Sánchez, Joe Urdaneta, José Luis Rodríguez, Memo Morales, Rafael Araque, Humberto Zárraga, Osvaldo Delgado, Ely Méndez, Gustavo Farrera, Ender Carruyo, Erick Frranchesqui, sin mencionar a otros grandes intérpretes que grabaron con la orquesta, como por ejemplo el dominicano Alberto Beltrán, el brasileño Miltiño y el venezolano Víctor Piñero.

Mención especial merece el respeto profundo que Billo Frómeta profesó y confesó siempre por la música colombiana, en especial por su colega soledeño Francisco Pacho Galán, a quien consideró maestro de maestros.

Numerosas piezas del folclor colombiano nutrieron el extenso repertorio de la Billos Caracas Boys, de las que son pertinentes hacer referencia de ‘La vaca vieja’, de Joaquín Marrugo, ‘Tanto trabajar’, de Tony Zúñiga, ‘El pato y la pata’, de dolcey Gutiérrez, ‘La sampá’, de Eliseo Herrera, ‘Palmira señorial’, de José Barros, ‘Paisaje’, de Rafael Mejía Romani, ‘Playa’, de Rafael Campo Miranda, ‘Roberto Ruiz’, de Antolín Lenes, ‘La casa de Fernando’, música de Raúl Saladén, ‘Boquitá salá’, música de Pacho Galán, y un largo etcétera.

Con su gran amigo, Francisco Pacho Galán, a quien Billo admiraba

El veterano periodista Marco T. Barros Ariza, ya fallecido, solía definir a Billo Frómeta como un caballero en todo el sentido de la palabra. “Además de ser un caudillo natural como director de orquesta y un compositor de altura, con bellas canciones de su autoría como ‘Cuando estemos viejos’, ‘Las muchachas’ y ‘Toy contento’, Billo era una persona refinada en sus modales, en el hablar y en el vestir. La única vez que lo vi descompuesto fue cuando le entregaron el Congo de Oro a Los Melódicos en un Festival de Orquestas en el Carnaval de Barranquilla”, me dijo Marco T. Barros, en una ocasión.

Se refería a la vez en que Manolo Monterrey interpretó en el coliseo Cubierto Humberto Perea, con Los Melódicos, ‘Chino Li-Wong’, una vieja canción que el mismo Monterrey había grabado lustros atrás con la Billos

¿Cómo es posible que me vayan a ganar con una canción que yo grabé primero, hace muchos años, y no hayan tenido en cuenta el número ‘Tambores de Carnaval’, de Esthercita Forero, que yo grabé especialmente para estas fiestas? Estos jurados no saben nada. ¡No vuelvo más al Festival de Orquestas!”, se quejó el maestro, profundamente adolorido. Y su sentencia la cumplió: no volvió más al Festival de Orquestas, evento que constituía para él un templo sagrado para desplegar todo su torrencial artístico y ganar el prestigioso Congo de Oro.

El final

Venezuela preparaba un festejo con bombos y platillos para conmemorar los 50 años de la llegada al país de Luis María Frómeta Pereira. La cereza de la gala la constituía la presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del propio Billo, con un exclusivo repertorio que incluía los éxitos más notables de la Billo’s Caracas Boys.

Billo Frómeta estaba muy emocionado por ese acontecimiento que se avecinaba y esperaba con creciente expectación. Cuentan los registros noticiosos de la época que el 27 de abril de 1988, mientras estaba en los ensayos con los músicos de conservatorio en el Teatro Teresa Carreño, Billo se desplomó.

El médico que lo atendió en la Policlínica Santiago de León de Caracas, donde lo llevaron de urgencia, anunció que el paciente había sufrido un derrame cerebral, del que no se recuperaría nunca.

Ocho días más tarde, el 5 de mayo, se supo la triste noticia: Billo Frómeta había muerto. Le faltaban un poco más de 6 meses para festejar su cumpleaños número 78. Moría el hombre, pero nacía una leyenda.

Para tener en cuenta

En la década de los 60, en la denominada segunda época de la Biillo's, el maestro Frometa impuso la modalidad de los Mosaicos con Cheo García y Felipe Pirela como un recurso de cantar más piezas en poco tiempo.

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Como una traición imperdonable consideró Luis María Frómeta Pererira la salida de Felipe Pirela de la Billo's. "Ese coño de madre no solo dejó abandonada mi orquesta, sino que se llevó mis partituras", se quejó el director de origen dominicano.

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Bajo la dirección de Billo Frómeta grabaron cantantes de la calidad inconmensurable del tenor venezolano Alfredo Sadel, el dominicano Alberto Beltán, el brasilero Miltiño y el cubano Pío Leyva.

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