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5:00 am. Domingo 21 de Febrero de 2021
Opinión
5:00 am. Domingo 21 de Febrero de 2021

Esta semana, por fin, llegaron las vacunas y aterrizaron de inmediato las críticas al Gobierno por la parafernalia con la que preparó en cada capital la inyección que refleja una luz al final del túnel.

En redes sociales, mandatarios locales, presentadores de televisión, periodistas, opositores y todo dios eclipsaron la buena noticia criticando las formas y no el fondo.

Todos alzaron su voz de protesta en medios nacionales y locales en contra del mandatario nacional; una guerra de ires y venires “casualmente” terminó enlodando la totalidad de las portadas de los periódicos nacionales y locales, cumpliendo el sueño de parte y parte, sacar partido político de la vacunación, entre oficialistas y opositores.

Yendo a los expertos y que son los que verdaderamente importan, los médicos, ya varios centros hospitalarios están aplicando esta dosis de tranquilidad a los guerreros que han puesto mucho más que el pecho a esta dura batalla global.

Como grupo humano prioritario, es el personal médico (doctores, enfermeras y demás personal hospitalario) los que han luchado por y para nosotros en esta dura guerra de la cual, al parecer y de manera temerosa, saldremos victoriosos.

Sin embargo, el show mediático de parte y parte (políticos todos) me ha hecho recordar nuestra idiosincrasia nacional y cómo, no sólo para esto, sino para casi todo, nosotros los colombianos tendemos a exagerar cualquier logro, evento o episodio que implique o tenga efectos de pantalla nacional, sin mayor mal a cuestas.

Critican al Gobierno muy rápido, pero bajo el mismo rasero criticarían la euforia de todos los colombianos cuando le metimos el 5-0 a Argentina y terminamos derrotados por una tímida y venturosa Estados Unidos, un rival para el que esa selección, según “expertos”, no tenía de qué preocuparse; que según estos expertos no tenemos el segundo himno más hermoso del mundo, después de la Marsellesa por supuesto (hasta allá no llega nuestra criticada euforia colombiana); que para nosotros nadie nos gana con nuestro café, eso jamás, pero para estos críticos no representamos mucho de la cuota de participación del mercado mundial como nos creemos; que ya entramos a Europa con el aguacate Hass, buena noticia que nos alegra a todos, pero que para los críticos jamás llegaremos a ser el mejor aguacate del mundo; que somos felices como país a pesar de todas las cosas que nos pasan, pero estos críticos nos recuerdan que la JEP, así sin más, nos habla de más de 6 mil personas como falsos positivos; que Colombia es tierra querida, himno de fe y alegría y para ellos dicho himno popular sólo es reflejo de la exacerbación de nuestra idiosincrasia de maximizar pequeños logros que sólo son pasos de un camino largo que siempre dejamos a la mitad; olvidan los críticos que ellos también se incluyen allí, como parte de esta patria a medias.

El juego de los políticos, oficiales o críticos, es que no los olvidemos, a pesar de que los temas ni siquiera traten de ellos.

Ya Nietzsche dijo hace un tiempo, parafraseándolo, que el político dividía a la humanidad en dos tipos de personas, los instrumentos y los enemigos y al parecer, es la razón por la que seguimos distraídos de lo más importante ¿Ya revisaron el Plan Nacional de Vacunación? ¿Ya tenemos acceso a los contratos con las farmacéuticas? ¿Ya tenemos depurada la base de datos de los mayores de 80 años, cuando sabemos lo que pasa con nuestras bases de datos, su confiabilidad y seguridad? ¿Ya sabemos si las provincias alejadas y olvidadas tendrán para los super congeladores que se requieren? ¿Tenemos forma de verificar si a alguien le pusieron la vacuna, no le pongan otra cosa, engañándolo, para venderlas en el mercado negro? ¿Ya sabemos cómo va a operar todo esto? ¿O será que simplemente ya olvidamos las preguntas importantes?

Critiquemos el show mediático, sí, de lado y lado, pero realmente esto es un mal muy menor, poco relevante, nada de sustancia y mucho de forma, una exacerbación más entre la euforia de quien celebra y la dureza de quien critica; que nadie, ninguno, ha reclamado por las preguntas importantes tampoco.

Que sea más importante la foto, para ambos bandos, que los contratos por los cuales adquirimos las vacunas, entre muchas cosas, no tiene sentido alguno.

Sigamos así, ensalzando lo banal, criticando lo superficial e ignorando lo esencial, para quedarnos como todo aquello que celebramos antes de tiempo, en un “casi lo logramos”, en un “lo intentamos pero no se pudo”, o en un “perder es ganar un poco”.

Pasada ya la semana del show, volvamos en sí, salgamos de la red en la que nos metieron y adentrémonos en lo realmente importante: Tener fino y claro el plan de vacunación, su ejecución y puesta en marcha en todo el país para salir de esta berraca pandemia, recuperar la economía y reducir la brecha que nos ha dejado este mal, este maldito mal llamado COVID19, dejando de prestar atención a tanto show innecesario y a tanta crítica banal.   

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