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10:57 am. Domingo 12 de Septiembre de 2021
Opinión
10:57 am. Domingo 12 de Septiembre de 2021

El pasado 11 de septiembre se cumplieron 20 años del ataque a las Torres Gemelas, en la ciudad de Nueva York. Este ha sido el principal golpe militar propiciado por un enemigo extranjero en suelo norteamericano.

Los bombazos a las dos torres de 110 pisos se inscribieron en una estrategia más general que pretendía conmover a la opinión pública del mundo. Cuatro naves aéreas fueron convertidas en aviones bomba para herir al poder económico y a los demás poderes de los Estados Unidos.

El mayor triunfo de los terroristas ocurrió en las torres, por el efecto interno y externo. Pero también produjeron casi 200 muertos más destrozando parcialmente al Pentágono, y un cuarto avión, que quizás apuntaba hacia la Casa Blanca o el Capitolio, cayó en un campo de Pensilvania sin alcanzar el objetivo, debido al amotinamiento de los pasajeros.

Las torres gemelas envueltas en llamas, tras ser impactadas por los aviones.

Los ataques fueron la consecuencia de una acción meticulosa planeada por Khalid Sheikh Mohammed, preso en Guantánamo en espera de juicio, y autorizada por Osama Bin Laden, líder de al-Qaeda, muerto en Pakistán en un operativo de los norteamericanos.

Los dos aviones estrellados contra las torres habían salido de Boston con los tanques casi llenos de gasolina para un viaje largo al oeste del país, a Los Ángeles. El primer avión bomba se estrella contra la Torre Norte a las 8:46 de la mañana, y el segundo destroza parte de la Torre Sur a las 9:03 a.m.

El primero devasta inicialmente, con el golpe y la explosión, desde los pisos 93 a 99, y el otro provoca un daño parcial entre los pisos 77 a 85. Pero la idea no era solo matar civiles inocentes, sino tumbar estos dos símbolos del poderío económico de los Estados Unidos.

Las torres gemelas envueltas en llamas, tras ser impactadas por los aviones.

De hecho, en el atentado perecen casi 3000 personas, si se incluye a los 5 terroristas de cada avión, a los pasajeros de las naves y al personal de rescate que falleció en su labor. Varias de las víctimas se lanzaron desde las alturas para morir estrelladas contra el pavimento.

La explosión, la gasolina esparcida por los pisos y el fuego que avanzaba hacia arriba y hacia abajo lesionaron las vigas y las columnas de la estructura, afectando al acero y al concreto que mantenía en pie a las edificaciones. El peso de los derrumbes de los pisos superiores presionó aún más a la debilitada base de las torres, preparando su demolición forzada.

La Torre Sur colapsa primero, a las 9:58 a.m., y después cae la Torre Norte, a las 10:28 a.m., aumentando el número de víctimas y el pánico entre los habitantes de la ciudad. Los terroristas habían superado todos los controles para producir un ataque sorpresivo que puso en ascuas al gobierno y que agradó mucho a los enemigos de los Estados Unidos.

Tributo a las víctimas en el aniversario 20 del 11S

El ataque a las Torres Gemelas se inscribe en un proceso más general que enfrenta a los Estados Unidos desde hace décadas con los gobiernos, pueblos y grupos de talante musulmán. En algún sentido, es una respuesta a las espinas que ese país ha sembrado en Asia y África, tras avasallar poblaciones en la búsqueda de riqueza y poder.

La tragedia fue sembrada en territorio norteamericano por un grupo fundamentalista islámico cuyo fanatismo eliminó la diferencia entre civiles y militares, el cual, tratando de poner en práctica su visón de la verdad y la justicia, cometió un crimen terriblemente inhumano que legitimó el contraataque de su enemigo.

Tributo a las víctimas en el aniversario 20 del 11S

Nueva York fue inundada de miedo y cayó en una profunda depresión económica, pero este fue solo el principal acontecimiento de una coyuntura de “lucha contra el terrorismo” que prohijó la estigmatización de los musulmanes inocentes y el derrocamiento de los talibanes en Afganistán.

Aún queda en el ambiente la sensación de alto riesgo que afecta a la humanidad, propiciada por la pelea entre los poderes por motivos económicos, políticos, ideológicos y religiosos. Una situación que quizás nos depare una sorpresa mayor quién sabe cuándo.

    

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