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Opinión
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A finales de 1977 el médico Rafael Juliao, uno de los más entusiastas miembros de la Sociedad de Mejoras Públicas,  a quien esto escribe, decía que estaba lleno de optimismo porque muy pronto estaría asegurada la inversión final para el Teatro Amira De la Rosa, cuyo proyecto original había sido diseñado por la firma Zeiel, Magagna y Lignarolo  en 1961. Pero no sería sino hasta 1980 cuando se pondría en marcha definitiva el proyecto que en el camino había encontrado muchas dificultades como toda obra de magnitud que por esos tiempos se pretendiera en Barranquilla.

Los gobiernos municipal y nacional anunciaban promesas tras promesas de inversiones, y la empresa privada, incrédula y prevenida, no pretendía incluirse como socio aportante. Solo en 1980 cuando la firma Barón y Bachi limitada, una de las más reconocidas en la ciudad definió los acabados y la parte técnica a cargo de los arquitectos  Hernán Vieco y  Alexis Barón, se creyó en la realización del proyecto.

Barranquilla estaba huérfana de un teatro cultural de magnitud tal que pudiera permitir presentaciones de artistas y espectáculos culturales de carácter nacional e internacional. En ese sentido Bogotá, Medellín y Cali podían darse el lujo de mostrar en sus plazas y teatros espectáculos que de América y Europa llegaban a Colombia.

Eminente médico nacido en Barranquilla el 30 de mayo de 1908, quien, además de dedicar su vida al ejercicio de su profesión, promovió por varios años la divulgación del proyecto del teatro Amira De la Rosa, el doctor Rafael Juliao, uno de los más entusiasmados, gozaba entonces con ver la realidad antes de fallecer. Era esa una de sus grandes emociones que le alentaban día a día. Por eso recorría los periódicos y medios de información anunciando cada paso que se daba para llegar a la meta. Dicen personas que lo conocieron, que desde años antes, este ilustre doctor de la medicina se identificó y gustaba tanto de las obras teatrales que él por cuenta propia adelantó una campaña entre amigos y conocidos recogiendo plata para comprar sillas y butacas del que sería luego un moderno escenario del arte.

En 1947 había formado parte de la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla y en 1948 fue nombrado presidente del comité pro-teatro municipal, y como tal intervino en los eventos cívicos y legales para formalizar dicho comité; intervino en la firma del contrato del teatro el 7 de abril de 1963 y dirigió el acto de colocación de la primera piedra en 1964.

La columnista Ivonne Arroyo, en un artículo titulado “Teatro Amira De la Rosa, un ícono que cerró sus puertas” (publicado en El Heraldo el 31 de julio del 2016) destaca que “Desde años antes, a finales de los 40, un prestigioso médico gestionaba las donaciones. Rafael Juliao se dedicó tanto al teatro que, cuando alguien lo veía caminar por la acera, se pasaban a la otra de inmediato. “Ya todos sabían que si se encontraban con Juliao, él les ‘tumbaba’ dinero para construir el teatro”, recuerda entre risas Rodolfo Zambrano, actual director de la SMS.

Destaca Ivonne Arroyo en su magistral artículo en El Heraldo que “A inicios de los 50, un cuento infantil impulsó la edificación del escenario. Luego de más de 60 años, gestores recuerdan la batalla por tener un emblemático complejo cultural.

“La única princesa que no quiere joyas ni vestidos es la de este cuento. Su capricho es un Teatro Municipal. Uno en Barranquilla, puerto de óperas y zarzuelas. Uno que tenga un suntuoso telón de boca, diseño de Alejandro Obregón; un piano de gran cola de Steinway; una lámpara de araña con lágrimas de cristal y un escenario de auténticas obras. Este fue el argumento de ‘La princesa caprichosa’, la primera función teatral realizada en Barranquilla para gestionar la construcción del emblemático Teatro Amira de la Rosa (antes Teatro Municipal), el mismo que hoy mantiene sus puertas cerradas. En aquella tarde de 1950, Eleuterio Vargas no podía con la tramoya, y los más de sesenta niños que actuaban en el drama, entre los 4 y 15 años, le ayudaban en medio de los pasajes musicales".

¡Oh sorpresa! En aquella lista de niños artistas no solo figuraron grandes gestores culturales como Emma Tovar de Buitrago y Gloria Peña. También danzaron tres personajes que seis décadas después ocuparían importantes puestos en el mundo político y de negocios: los hermanos Gerlein. Enrique, Roberto y Julio Gerlein —aunque este último lo niegue— .

En 1980, el primero de junio, se celebró la firma del contrato entre el Banco de la República y la Sociedad de Mejoras Públicas. El contrato era por 99 años en los que la entidad bancaria sería el encargado de la administración y funcionamiento del teatro en un llamado comodato. Y en medio del jolgorio la felicidad de todos se efecto la inauguración el 25 de junio de 1982 por el Presidente Julio César Turbay Ayala.

La función de gala en la inauguración estuvo a cargo del Ballet Eddy Toussaint, de Montreal, Canadá. Fue una noche inolvidable en la que se presagiaron muchos y seguidos éxitos que colocarían a Barranquilla como moderna capital de la cultura y el arte.

Hace un año el teatro fue cerrado ante el inminente riesgo para las personas. La falta de mantenimiento y de una adecuada administración llevó al Banco de la República a la triste decisión de cerrar sus puertas y la amenaza de  amenaza de tumbarlo.

“Los teatros no se cierran. A ellos les pasa como a uno. Cuando las mujeres llegan a los 50, quieren verse de 30. Que le hagan una cirugía, que lo maquillen”, desea Peña, quien como hacedora de la cultura, se concibe “princesa”.

Por suerte las fuerzas vivas de la ciudad encabezadas por el Alcalde Alex Char, “obligó” al Banco de la República a pronunciarse en la promesa de 100 mil millones de pesos para la recuperación del teatro.

Los estudios patológicos determinan que la restauración y recuperación es compleja por los daños estructurales que presenta. La obra como tal, según afirmó el Secretario de Cultura Distrital, Juan José Jaramillo,  no podrá ser tumbada por su condición de Patrimonio Cultural de la Nación.    

Fue declarado, por el Ministerio de Cultura, Bien de Interés Cultural de la Nación, según resolución 1277 del 31 de agosto de 2006. Esta distinción se basa en los antecedentes históricos, la originalidad, funcionalidad y diseño del edificio. El Consejo de Monumentos Nacionales determinó que el edificio del Teatro es un aporte a la arquitectura de la región y un importante ejemplo de ingeniería en el país.

El Teatro Municipal fue bautizado en 1982, a través del Concejo, con el nombre de la artista, poeta, actriz y dramaturga, autora de la letra del himno de Barranquilla. Amira Arrieta McGregor  De la Rosa (1903-1974),

Hoy, los barranquilleros quisiéramos tener la seguridad de una pronta realidad y no la duda de  esas promesas de cumbiamberas que se acaban cuando se apagan las velas. 

Solo hecha realidad la recuperación del Teatro, el doctor Rafael Juliao, condecorado con la Medalla Puerta de Oro el 19 de junio de 1982, a pocos días de la inauguración del Teatro Amira De la Rosa (el 25 de junio) y fallecido el 20 de octubre de 1985, podrá dormir tranquilo en su tumba. 

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