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5:00 am. Domingo 24 de Enero de 2021
Opinión
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Contrario a su antecesor, el presidente Biden comenzó su campaña separándose de la exclusión eligiendo a una mujer como su fórmula vicepresidencial (primera vicepresidenta en la historia de los Estados Unidos) que además tiene orígenes africanos y asiáticos (Kamala Harris). En Seguridad Nacional, de origen cubano Alejandro Mayorkas, Miguel Cardona, en la secretaría de Educación, quien aprendió inglés en la escuela (English Language Lerner), de origen puertorriqueño. Xavier Becerra, en la secretaría de salud, de origen mexicano. Esto no es todo.

Biden nominó a 5 mujeres en su gabinete en cargos esenciales como la embajada ante la ONU, la Directora de la CIA y la secretaría del Tesoro, mujeres capacitadas y con la mejor formación en su campo. Igualmente tiene un ramillete de nominados de color, entre otras nominaciones, dejando claro el propósito del presente gobierno: Reconocer lo que es evidente en la contemporaneidad de los Estados Unidos, un pueblo de migrantes, de diversas, plurales y multiformes culturas, un país que con esta versión gubernamental busca dar voces a todas las fuerzas y poderes que caminan en las calles del suelo norteamericano.  

Con sus nominaciones, las cuales esperan confirmación del Senado de mayoría demócrata, Biden no sólo ha logrado una correcta compensación entre conseguir personas de los orígenes, raíces, géneros que forman la realidad sociológica de los Estados Unidos, sino que además con pergaminos sobresalientes y hojas de vida excepcionales, ratificando que se escoge a los mejores, sin preferir, irónicamente, un color de piel, un sexo, una preferencia sexual o un orígen cultural. Sin duda ha recibido críticas por no dar un giro más radical y contundente en sus nominados, pero sus elecciones demuestran ser fundamentadas más en razones, que en sesgos de cualquier tipo.

Así, Biden ordena la casa: No volcando todo hacia un progresismo excluyente, dictatorial, poco dialogante, que discrimina igual que a los que critica, propagando verdades que no permiten contradictores; por el contrario, manda un mensaje de calma, de que entiende la nueva realidad de Estados Unidos, pero que no entregará el país a profundizar diferencias y mucho menos a manos inexpertas que aspiraban por simple criterios de raza, sexo, condición o cualquier otro, ocupar cargos determinantes en el gabinete.

Esto, a mi parecer, reflejará que con Biden, se ratifica el modelo de Obama, con casi ninguna diferencia.

No vendrá un gobierno milagroso, ni mucho menos de izquierda, sino la continuación de la lucha de Estados Unidos por el lugar que siempre ha querido y tenido, el de representar occidente, la tierra de las oportunidades para todos, la del orden, cumpliendo la ley y respetando a todos, que ve amenazada su hegemonía. Sin restarle importancia a Biden, ni mucho menos, el presente gobierno parece más un tercer turno de Obama que uno primero de Biden. Seguramente se retomará el multilateralismo, los temas del medio ambiente y los aliados globales. Estados Unidos tiene el gran reto de mirar hacia delante, nunca hacia atrás, para solucionar lo que quedó roto. Biden y su equipo deberán marcar la diferencia con el diálogo, la construcción de puentes y la conformación de estrategias que incluyan la voz de todos sus participantes.

Al fin y al cabo, no tendrá nada más que hacer sino hacer política, lo que olvidó su antecesor. Colombia, en todo esto, la puede tener bastante compleja. La malinterpretada jugada de algunos políticos internos de dar apoyos al contendor de Biden, poco o nada jugará en la definición de políticas hacia nuestro país, sino que vaticinan una relación marcada por las prioridades del anterior Gobierno Obama: Paz, Medio Ambiente y protección de los derechos humanos.

Sí o sí, el país debe dialogar bajo esos frentes y para eso, se deben tomar las decisiones internas y externas que sean necesarias, porque la retoma de aliados por parte de Estados Unidos debe tener sí o sí a Colombia dentro de la baraja de opcionados. Debemos estar listos para ser evaluados y tal vez, perder el examen si seguimos usando la vara con la que nos medía un gobierno que ya ha pasado a la historia, Mr. Trump.

El presidente estadounidense Joe Biden

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