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9:53 am. Domingo 19 de Septiembre de 2021
Opinión
9:53 am. Domingo 19 de Septiembre de 2021

 Este es el título del último libro del historiador colombiano César Ayala Diago, publicado bajo el sello de la Editorial de la Universidad del Rosario en este año 2021. La obra puede ser inscrita en el marco de la historia política, que es la línea de investigación preferida del autor.

El profesor Ayala Diago ha producido ya una maciza contribución en el campo de la historia política, si nos atenemos a algunos de sus esfuerzos anteriores: los tres tomos sobre la vida y obra de Gilberto Alzate Avendaño, y los libros La explosión del populismo en Colombia durante el Frente Nacional, y El populismo atrapado, la memoria y el miedo. El caso de las elecciones de 1970, entre otras investigaciones muy bien desarrolladas.

El tema central de este nuevo estudio es el trabajo caricaturesco en Colombia del húngaro Péter Áldor, quien llegó a trabajar al periódico El Tiempo en 1949, en los inicios de lo que los historiadores llaman el período de La Violencia. Áldor empezó a realizar caricaturas políticas en el país en plena “guerra caliente”, según las propias palabras del profesor Ayala Diago.

Péter Áldor podría ser considerado una víctima de las circunstancias que le tocó vivir: primero, a manos del fascismo; después, por la influencia del estalinismo en su país y, en el plano internacional, por los vaivenes o sufrimientos a que se vieron sometidos los intelectuales por los efectos de la Guerra Fría.

No eran tiempos fáciles los que vivían, mucho menos para quienes se dedican a opinar sobre los temas políticos. La actividad de un columnista de opinión, como la de un caricaturista político (que también opina a su manera) siempre está sujeta a la aprobación o desaprobación de los demás.

Podría decirse que un caricaturista se ve forzado a asumir una posición a favor o en contra de una ideología, de un partido o de una nación partiendo de la perspectiva que haya organizado a lo largo de la existencia. Esto es lo normal en cualquier período histórico, y así ha sido en Colombia, por lo menos desde el siglo XIX.

Empleando la sátira, el humor o la crítica abierta, quien caricaturiza la realidad expresa su propia ideología, su posición política, la rabia que experimenta por cualquier situación desagradable, o la simpatía que lo embarga cuando se refiere a situaciones que hacen parte de su modo de ver el mundo.

Esto suele provocar, en todas las épocas, el rechazo de quienes se sienten ofendidos por una caricatura, o la aceptación y el regocijo de quienes comparten el sentido de la crítica. 

Si nos instalamos en la actualidad, podemos apreciar que eso es lo que ocurre con las caricaturas del finado Antonio Caballero, de Vladdo o de Matador, tres representantes importantísimos de la especialidad en los tiempos que vivimos.

Matador ha tenido graves problemas con los seguidores del expresidente Uibe, a quien este caricaturista convirtió en su monigote preferido para vapulear a la ultraderecha. Lo mismo ha ocurrido con Vladdo y con Caballero, a quienes les han llovido truenos y centellas cuando critican la corrupción, a los gobiernos de turno o a los políticos caídos en desgracia.

Guardando las distancias históricas y de contexto, este papel siempre problemático del caricaturista es el que muestra el historiador Ayala Diago cuando analiza los dibujos de Péter Áldor.

Con el drama de su propio país en el cerebro, Áldor se decanta hacia una actitud basada en el cristianismo, y fuertemente crítica de las dictaduras fascistas y estalinistas. Es comprensible que sus fobias ideológicas lo lleven a estar siempre a favor de la democracia representativa y de los partidarios de la economía de mercado.

El efecto de la Guerra Fría en su pluma lo empuja casi siempre a criticar o censurar lo que se opone a su perspectiva, sesgada en contra de los modelos que no comparte y de los políticos que buscan imponer esos modelos.

Por esto la concepción política de Áldor se articula muy bien con la ideología dominante en el periódico El Tiempo, desafecta del estalinismo, del fascismo y de los sectores que se identifican, a nivel interno, con esas líneas gruesas de tipo global.

Ayala Diago califica la posición ideológica de Péter Aldor como anticomunista, y pienso que ese calificativo no tiene discusión, si nos atenemos a las condiciones históricas en las que el caricaturista trabajó.

La expresión “anticomunismo gráfico”, que resalta en el subtítulo del libro, suena fuerte y, quizás, no recoge el sentido completo de la obra de este caricaturista, quien no ridiculizó solamente a Hitler o a Stalin (o a cualquier otro dictador) sino a otras situaciones y personajes de la vida interna e internacional.

Áldor llegó a Colombia, como lo anota el historiador, en plena Guerra Fría, pero se incrustó en un país en plena “guerra caliente” como casi siempre ha ocurrido en nuestra nación a lo largo de sus más de dos siglos de vida republicana. Y aquí murió, en plena faena, en 1976.

Huyó de su tierra natal, repleto de prevenciones contra los regímenes totalitarios y quizás creyendo que salía de Guatemala, para aterrizar en Colombia, que atravesaba una crisis política terrible, por lo cual aparecía como Guatepeor.

Tal vez la crítica contra el comunismo de Péter Áldor, realizada en el ahora, hubiese tenido otra connotación a raíz de la caída de la Unión Soviética y de la mal llamada cortina de hierro, así como por los cambios económicos, en el sentido de la economía de mercado y del capitalismo, introducidos en sus naciones por los chinos y los vietnamitas.

Pero en aquellos años aún no era claro quién ganaría la Guerra Fría y qué iba a suceder con el socialismo y el capitalismo. Hoy el socialismo a lo Marx ha caído en un profundo desprestigio (debido a los fenómenos mencionados arriba), a tal punto que se ha agrandado el trabajo para quienes no somos partidarios del capitalismo salvaje, y para quienes aún soñamos con una sociedad de leyes, de democracia, y más igualitaria y justa.

Celebro esta tarea de análisis emprendida por uno de nuestros mejores historiadores políticos, y la celebro, sobre todo, porque enfrentó el tema de la caricatura política con la profundidad requerida y haciendo gala de un manejo prolijo de fuentes, como lo ha hecho en otras de sus obras.

Es importante que los historiadores mejor preparados abarquen otros objetos de estudio no tan convencionales, como este de la caricatura política. La prueba de que pueden producir análisis profundos y duraderos está en la obra Colombia en la mira: Péter Áldor y el anticomunismo gráfico, del historiador caucano César Ayala Diago.  

Portada del libro Colombia en la mira: Péter Áldor y el anticomunismo gráfico

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