Unimetro
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10:53 am. Domingo 02 de Mayo de 2021
Opinión
10:53 am. Domingo 02 de Mayo de 2021

La problemática reforma tributaria del gobierno Duque ha recibido un rechazo generalizado en casi todos los estratos sociales. Ese rechazo presentó una cima muy visible en las protestas sociales que se produjeron en varias capitales del país.

Es claro que el Estado necesita refinanciarse para seguir afrontando los estragos de la pandemia, cumplir con sus trabajadores y funcionarios y seguir soportando las erogaciones por concepto de los programas sociales, incluida la vacunación contra la covid-19.

Pero la propuesta del ministro Carrasquilla despertó la indignación pues, a la postre, terminaría golpeando aún más a los sectores medios y a los de menores ingresos de la población, ya bastante azarados por la catástrofe provocada por el coronavirus.

Eso es lo que se desprende de incrementar el impuesto al valor agregado (IVA) para bienes de la canasta familiar que estaban en el 15% y que pasarían a pagar el 19%, según la reforma, así como el de otros artículos de la canasta sin IVA que serían gravados con este impuesto.

Lo mismo cabe decir de la ampliación de la base gravable para las personas naturales que pagan renta, del impuesto a las pensiones, y de otras medidas que terminarían asfixiando aún más a los sectores de ingresos medios y bajos, ya de por sí afectados por la crisis económica y de salud.

Los partidos políticos de la oposición izquierdista en el congreso de la república fueron los primeros en desmarcarse de la reforma tributaria de Duque-Carrasquilla. Todos a una han planteado cambios fundamentales en la manera de recabar los fondos para enfrentar el déficit fiscal.

Todos a una sostienen también la idea de que el gobierno retire el proyecto y presente otro, lo cual, si se llegara a cumplir, representaría una derrota política para el ejecutivo y una victoria para la oposición. Por ese motivo Duque no acepta retirar la propuesta.

Lo sorprendente de la coyuntura política que generó esta reforma tributaria consiste en que varios partidos aliados del gobierno han presentado reparos a esta, o una franca oposición a la misma.

Cambio Radical se apartó del proyecto y pide su retiro, lo mismo que el partido liberal, que ha estado en la oposición desde los inicios del mandato Duque. Esto crea un escenario terrible para la reforma en el congreso, si tenemos en cuenta que a esos partidos se les unen los integrantes de la oposición de izquierda.

Lo visible es que el gobierno se equivocó al lanzar una reforma tributaria sin antes haber logrado un consenso a su alrededor, al menos con sus aliados. La ligereza y falta de cálculo político de Duque y Carrasquilla provocaron el rechazo virulento de Cambio Radical, y las vacilaciones del Partido Conservador.

Ese mal manejo se proyectó también en la propia bancada del gobierno, pues algunos miembros del Centro Democrático salieron a defender la iniciativa, en tanto que el expresidente Uribe la criticó como si fuera integrante de la oposición.

El pulso en torno a la reforma tributaria está centrado en erradicar el paquete de medidas que golpean a los grupos medios y a los sectores populares, y en encontrar formas de financiación que no impliquen empobrecer aún más a estos estratos.

La oposición de izquierda, Cambio Radical, el Partido Liberal y otros grupos menores se han pronunciado ya a favor de esta alternativa. Ahora queda por ver qué se acuerda en el congreso para conseguir los dineros que permitan equilibrar las finanzas del Estado, ingresos nuevos calculados en unos 30 billones, según el ministro Carrasquilla.

Hay muchas propuestas rodando en la opinión pública (desde elevar los impuestos a los más ricos hasta vender activos nacionales, pasando por gravar con más carga impositiva al sistema financiero), pero será el congreso el que diga la última palabra.

Según las cifras congresionales de los partidos enfrentados a la reforma, ésta ya está agonizando y a la espera del cajón mortuorio. Pero el gobierno Duque se resiste a darle el entierro que se merece para no aparecer como el perdedor de la coyuntura.

¿Qué saldrá de este pulso político-económico entre las fuerzas del congreso que representan a la nación? Esta es la pregunta a resolver en el futuro cercano.

 Presidente Duque, al centro, y a la izquierda, Jorge Humberto Botero Presidente del Consejo Gremial Nacional; el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, y el Presidente de la ANDI, Bruce MacMaster.

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