Óscar Sevilla, ciclista español.
Óscar Sevilla, ciclista español.
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"Sabía que Bernal iba a ser un gran ciclista": Óscar Sevilla

El ganador de la Vuelta a Colombia y Clásico RCN señala que Egan "tiene todo para ganar".

Óscar Sevilla está viviendo una segunda juventud en los últimos tiempos. A sus 43 años sigue compitiendo a un alto nivel en las filas del equipo Medellín, en el que se siente una figura "importante", como lo fue en sus inicios profesionales en Europa en el Kelme-Costa Blanca.

Sevilla (Ossa de Montiel, Albacete; España, 1976) lleva una década en Colombia. Vive en Medellín y reconoce que desde el principio la gente con la que se encontró le abrió "los brazos para que se sintiera a gusto". Su sonrisa le delata, vive un buen momento y afronta con ilusión cada reto que se le pone por delante.

¿Qué le anima a seguir compitiendo con 43 años?

Ilusión. No me canso de pedalear, amo este deporte, es mi vida y por suerte tengo salud y buenas sensaciones. Y una familia que me apoya y sabe lo que significa para mí el ciclismo. Me gusta, además, ayudar a los muchachos y guiarles a que sean mejores. Me siento joven, me siento con chispa, pero queda poco y por eso disfruto cada carrera y cada día. El día que vea que llegó el momento lo dejaré, me quiero retirar con ilusión y no arrastrarme.

¿Cómo es su día a día?

Vivo en Bogotá. Tenemos un plan de trabajo, de entrenamiento, pero al final la disciplina de cada uno es la que vale. Me levanto a entrenar a las 5 o 5:30. A veces hago algo en ayunas, después llevo a mi hija al colegio y me voy a entrenar. La semana antes de San Juan hice entrenamientos de 33-35 horas, cosa que no había hecho antes. He aprendido a convivir de una manera muy agradable con mi familia y mi bicicleta.

Tengo ganas de mejorar, de aprender y de escuchar a compañeros que corren. Tengo la suerte de entrenar con grandes figuras del pelotón colombiano y mundial como Egan Bernal, Harold Tejada, Brandón Rivera y Nicolás Paredes. Me gusta darles consejos, pero también aprender de ellos.


¿Cómo es Egan Bernal?

Sabía que iba a ser un gran ciclista. Ganar un Tour de Francia es muy difícil, y hacerlo tan pronto, no es que lo viera imposible, pero sí complicado. Es muy bueno, pero hay mucha presión en esa carrera. Lo conozco hace cinco o seis años, era un niño que salía en bicicleta de montaña y se veía la condición que tenía.

Me impresiona lo físico y la cabeza que tiene. Es maduro, sabe analizar las cosas y sabe para dónde va. Tiene mucha clase en todos los sentidos. Es una persona diferente. A veces uno puede ser muy bueno, pero si la cabeza o el físico no te acompaña, malo. Egan tiene todo. Se ha visto en el Ineos, que tenía corredores por encima de él hasta que le dijeron que tirara y supo esperar. Es calmado y no tiene prisa. A todos nos sorprendió. Tiene clase para ganar mucho más.


¿Le costó cambiar el chip de España a Colombia?

No olvido mi casa, mis raíces y mi país. Tampoco la paella o el jamón, pero en Colombia me he encontrado con personas que me han tratado muy bien, en lo deportivo y en lo personal. Me lo han puesto fácil y me abrieron los brazos de una manera muy especial.

También digo que si mi mujer no hubiera estado a gusto me hubiera vuelto o hubiéramos ido a otro país. Colombia es hermoso, tiene mucho que mejorar, como en todos lados, pero hay personas muy buenas, aunque por desgracia a veces lo malo suena más que lo bueno.


¿Su familia está contenta?

Mi mujer me cambió la vida, me hizo verla de otra manera y disfrutarla más. Creo que nos quejamos demasiado. Hay que aspirar a más en todo, pero hay que ser agradecido y no avaricioso. He aprendido a disfrutar momentos que antes corrían demasiado deprisa. Ahora me paro a disfrutar cada momento. Soy feliz y me siento afortunado. Eso hace que todo sea una bola y se convierta lo deportivo en la ilusión, en esa chispa que me ayuda a seguir. Me siento, como dicen en Colombia, un privilegiado.

¿Siempre ha vivido en Bogotá?

Sí, pero voy mucho a Medellín. Me gusta ir y hacer eventos, pero no solo deportivos, sino también sociales. Trabajamos con niños, con gente mayor y es enriquecedor. Y para entrenar Medellín es un lugar muy bueno. La altura es un enemigo y un aliado, según se vea.

Con el Kelme (1998-2003) vivió grandes momentos. ¿Qué recuerda de aquella época?

Recuerdo cosas bonitas. Si volviera a nacer volvería a ser ciclista. Las redes sociales me recuerdan mucho aquella época, me hace ilusión y me entra emoción. No solo por lo deportivo, sino por lo personal.

Tengo amigos de esos años en Europa corriendo y recuerdo, por ejemplo, el podium en el Tour de Francia por equipos señalando al fallecido Ricardo Otxoa. Me gusta contarle esas cosas a los jóvenes porque Egan Bernal ni había nacido y le gusta que le cuente historias de aquella época.


¿Fue su mejor época como ciclista?

No, fue una etapa, aunque muy bonita. La de ahora también es bonita. Quizá no esté en las grandes carreras, pero estoy conociendo el ciclismo de otros países. He aprendido a valorar las cosas y a disfrutarlas.

Lleva más de diez años en Colombia. ¿Le ha sorprendido la evolución del ciclismo colombiano?

Cuando llegué compartí mucho tiempo con Santiago Botero, Félix Cárdenas, Hernán Buenahora o Víctor Hugo Peña. Vi la afición que hay pero también a los que se quedan en el camino por falta de patrocinadores o apoyo y es una pena.

Cuando corrí la Vuelta a Colombia por primera vez vi cosas que no había visto ni el Tour, ni en la Vuelta o el Giro. Dije ¿esto qué es?. Es muy bonito porque se corre a la manera antigua, a sensaciones. En un puerto a 80 kilómetros de meta se corre a todo. Si están bien atacan y no miran si tiene 100 o 120 kilómetros por delante. Como ciclismo es muy duro, es natural, de emociones, de sensaciones, pero la dureza y el nivel, sobre todo cómo subían montañas, me impresionaba. Faltaba cambiar el chip del colombiano.

La vida ha evolucionado y han ayudado las redes, internet y la cultura. Hay gente más preparada en todos los aspectos. La calidad estaba, pero ahora el ciclismo es más profesional y han aprendido a serlo. Hay mucha cantidad y calidad de corredores y cada vez vienen más. Muchos se quedarán por el camino porque faltan siete u ocho equipos para que corran ciclistas. También faltan patrocinadores.


Cuando acabe su carrera, ¿tiene pensado qué va a hacer?

No pienso más allá. En Colombia estoy muy bien y pienso en disfrutar el día a día. No quiero marcar un destino que a lo mejor no pueda cumplir. No olvido mi casa ni mis raíces. Vamos mucho, pero no sabría decirte qué vamos a hacer. Vivo bien en Colombia y mis hijas están asentadas en el país. Una nació en España y la otra en Colombia.

EFE

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