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Jaime Echenique, jugador barranquillero en la NBA.
9:34 am. Lunes 03 de Enero de 2022
“Me hace falta el calor humano, pero al llegar a la NBA todo valió la pena”: Jaime Echenique
9:34 am. Lunes 03 de Enero de 2022
El primer colombiano en jugar en el baloncesto de Estados Unidos comentó sobre su experiencia.

El barranquillero Jaime Echenique, primer jugador colombiano en la NBA, sigue con los pies en la tierra, pero con el corazón en las nubes. Aunque se esfuerza por vivir estas horas “como cualquier otro día”, no pudo evitar reconocer que su vida le dio un vuelco.  

Echenique, pívot de 24 años y 2.11 de estatura cumple hoy la mitad de su contrato de 10 días con los Wizards de Washington, equipo con el cual debutó el pasado jueves jugando 3.02 minutos.

El Currambero manifestó que, pese a que se acerca la hora del fin de su firma, “hay muchas posibilidades, pero si no es aquí podría ser en otro lado”.

Y es que esos tres minutos de juego, fue algo para lo que se había preparado para toda su vida, hasta que finalmente las puertas se le abrieron por el contagio de un compañero por Covid-19.

Sin embargo, en entrevista con Jorge Cura, director de Zona Cero y Atlántico en Noticias, confesó que cuando era un niño en su mente no se le pasó llegar a la gran carpa del baloncesto.

“Si te soy sincero, la verdad no. Son etapas de la vida donde hay muchas veces que dudas. Hay un factor que incide demasiado, hay jugadores muy buenos que nunca llegan a la NBA. Dios tiene los caminos preparados”, afirmó.  

Y es que Jaime llegó a la pelota naranja por una casualidad. Cuando era un niño jugaba béisbol, pero un cambio de jornada de mañana a tarde en su colegio lo obligó a desprenderse del bate y la manilla.

“Yo estudiaba en el Pestalozzi y me cambiaron de jornada y no podía ir a los entrenamientos. Si no hace rato estaría en el béisbol, pero ya me enamoré del baloncesto”.  

Echenique poco a poco se fue dando cuenta de que tenía la calidad para ser un jugador de NBA.

“Desde que salí de la Universidad, cómo jugué en Europa, cñomo jugué en la Sumer League”, dijo.

“Mi fuerte siempre ha sido la defensa y el juego en la pintura. Trabajo todos los días en eso, ahora debo ampliar mi juego, y jugar en el perímetro”, añadió.  

Pisar el coliseo de Washington fue un momento en el que le ‘explotó la cabeza’. Sin embargo, supo poner los pies en la tierra para mantenerse competitivo y responder a la oportunidad.  

“Obviamente cuando tienes el primer impacto, sale tu niño interior: eres un fanático y ahora eres parte de esto. Pero este es mi trabajo, se convirtió en mi trabajo hace dos años. Sabía lo que significaba para mi país, pero no significaba que iba a detenerme”, indicó.

Sobre sus lágrimas en la conferencia de prensa tras el partido, dijo que fueron la expresión de muchos años de sentimientos represados.

“Recuerdas todas las decisiones que tuviste que tomar, todas las personas que dejaste en el camino. Sacrificar tu juventud, literalmente te da el sentimiento de que valió la pena y sigue valiendo la pena cada día”, aseguró.  

Echenique, quien es un vecino más del barrio ‘San Pacho’ en Barranquilla, le dedicó una palabra a los niños que comparten el mismo sueño que él acaba de lograr.

“Vale la pena soñar. Desde muy chiquito me propuse en vivir el día a día, metas a corto plazo. Pero sabía cuál era el final. Cuando te enfocas en el día a día, te ayuda a que las puertas se abran”, aconsejó.

En medio de las celebraciones de fin de año, Echenique tuvo que mantenerse concentrado y solo en la capital de los Estados Unidos, eso sí o evitó pensar en su familia y sobre todo su Barranquilla a la que extraña tanto.

“Yo tengo mi familia adoptiva acá, desde la universidad. Pero ellos viven en Texas. Ya me acostumbré muchísimo a la vida americana, ya no me da tan duro. Lo que más me hace falta de Barranquilla es el calor humano, la sazón de mi mamá y una que otra salchipapa por ahí. Pero ya no como tan mal”, cerró con humor.

Echenique seguirá tratando de ampliar su huella en el mejor baloncesto del mundo para terminar de consagrar su nombre. El mismo al que le bastaron tres minutos y dos segundos para quedar inmortalizado en el deporte colombiano.  

 

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