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Estadio Édgar Rentería, considerado la 'joya de la corona' de los Juegos.
12:02 am. Jueves 19 de Julio de 2018
Barranquilla 2018, la segunda oportunidad para el deporte
12:02 am. Jueves 19 de Julio de 2018
Más de 5 mil atletas se medirán en nuevos escenarios que le dieron una nueva vida al deporte de la ciudad.

No había nada más que anhelos. Hace cuatro años, Barranquilla se sumía en la peor crisis deportiva de su historia y hoy, por arte de las ideas y el sudor empeñado por gente que ama su ciudad, se encuentra en la punta de lanza de la actividad del músculo no solo en el país, sino en toda la región.

Esto podría no ser más que una línea romántica y vaga, de esas que se escriben porque sí. Para quedar bien en el momento de alborozo histórico y para cuadrar en la armonía de la foto de la historia.

Pero no.

Las pruebas son claras: hace cuatro años el estadio Moderno permanecía cerrado por cuenta del peligro que ya significaba para los jóvenes que se formaban en el fútbol jugar con una inestable y antiquísima tribuna construida con, entre otras cosas, una mezcla de cemento y arena de mar.

El vetusto Tomás Arrieta estaba cerca de unirse en el más allá con el Coliseo Humberto Perea, ya liquidados por años de abandono y el paso del tiempo que hizo de las brillantes joyas deportivas de la ciudad un recuerdo arcaico y lejano, entre los nubarrones de arena de las calles de la ciudad.

Antiguo estadio Tomás Arrieta.

Solo el coliseo Elías Chegwin y el estadio Romelio Martínez aún conservaban algo de aquel encanto setentero y ochentero de sus años de mayor plenitud, pero ya visiblemente inútiles ante las exigencias de un mundo interconectado, donde es inevitable comparar los estadios de la calle 72, con los grandes recintos del baloncesto estadounidense o del fútbol europeo.

Unas piscinas que, por paradójico que sonara, cuando llovía se inundaban. Cuando salía el sol, sus cristalinos vertimientos se ponían verdes. Que de vez en cuando eran cerradas porque no había forma de pagar el recibo del agua. Una agonizante pileta de decadencia.

Nuevo Complejo Acuático Eduardo Movilla.

Y qué decir de todo lo que no había.

La ausencia de una pista de BMX llevó a sus desesperados practicantes a hacer una ‘artesanal’, donde una caída le costó la carrera de por vida a un joven prodigio. Un patinódromo inexistente que obligó a un campeón mundial a abandonar sus tierras y marchar a las heladas tierras boyacenses.

Y un largo rosario de etcéteras sobre lo mismo.

Esa Barranquilla destinada a la vergüenza, en palabras del nobel Gabriel García Márquez, ha recibido por fin y para siempre, una segunda oportunidad sobre la tierra. O mejor, su deporte.

Pista de BMX Daniel Barragán.

Una inyección de miles de millones de pesos han vuelto a colocar a la ciudad en el plano deportivo de primer nivel que llegó a tener hace más de sesenta años, para dar descanso y gratitud eterna a las glorias del pasado, para dar el paso alante que tanta falta hacía dar.

Los Humberto Perea y Tomás Arrieta se despidieron del mundo para dejar sus legados a los mejores y modernos Coliseo de Combate Sugar Baby Rojas y estadio Édgar Rentería, cuyas virtudes han sido ‘masticadas’ hasta el hartazgo por los más grandes expertos internacionales.

La ‘segunda’ juventud otorgada a los vecinos Elías Chegwin y Romelio Martínez los ponen ahora de nuevo en el primer plano nacional, como remodelaciones que pusieron a prueba la capacidad técnica de la ingeniería local.

Remodelado estadio Romelio Martínez.

Y por último, el pago de la deuda con las juventudes, representada con el bautismo a escenarios para deportes populares en las nuevas generaciones con nombres como la pista de BMX Daniel Barragán y el patinódromo Alex Cujavante.

Esta construcción y remodelación de 13 escenarios, más otra tanda de puntos innovadores como el centro de eventos Puerta de Oro y el Gran Malecón del Río prometen llevar a la ciudad al florecimiento de algo nunca antes visto.

Muchos dicen que las segundas oportunidades son escasas. Barranquilla ha recibido la más preciada de todas, salir del ostracismo y inexistencia de la mediocridad, para afrontar con determinación el reto más grande todos: albergar a los campeones del caribe en una noble batalla  por llevar la gloria y la honra del oro, la plata y el bronce.

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