3:44 pm. Jueves 06 de Junio de 2019
Opinión
3:44 pm. Jueves 06 de Junio de 2019

Ahora a repetir título, a buscar el bicampeonato. Solo Nacional lo ha logrado en estos torneos cortos. Junior acude a estas instancias tras sufrir en el juego definitivo frente al cuadro antioqueño. 3-2 fue el marcador, suficiente para clasificar por el gol diferencia. Pero como casi siempre, pareciera estar escriturado el “parto” rojiblanco que hay que sufrir para llegar a la disputa de un título.

“Entre más bravo el toro, mejor la corrida”, reza el refrán. Es cierto; pero tan repetido nos hace sufrir más de lo esperado. La hinchada juniorista y, en términos generales, la afición caribeña de los “Tiburones” preferiría no tener que acudir a un “parto sin anestesia” como se ha hecho costumbre con nuestra divisa.

Razones las hay suficientemente extensas: tras un comienzo del torneo muy halagador que nos hizo creer en una clasificación a los cuadrangulares con antelación, la bajada productiva en los trámites finales y la clasificación un poco a empujones nos hizo perder casi la confianza y la ilusión de llegar con categoría a tales instancias. Pero fue importante saber superar malos momentos y colocar en cada competencia esa mística ovalada que a veces es necesario imponer cuando técnica o futbolísticamente no hay respuestas.

Ese fue el Junior de este primer semestre. El que terminó de campeón el año pasado enamorando con su juego dominador, armonioso y romántico que mereció gratos comentarios y elogios de la crítica especializada. El mismo que tuvo altibajos en este primer semestre, el mismo que supo superar malos momentos y enderezó las cargas en la recta crucial para mantener su categoría de campeón.

No interesa ahora que se haya ganado de visitante al Nacional después de 14 años, que se haya superado al Cali en su propia casa y que se le haya aguantado a un Tolima enjundioso y poderoso que igual merecía mejor suerte. Todos esos guarismos quedarán como estadísticas y bellos recuerdos para escribir en la historia; pero como dicen los técnicos, el juego jugado es cosa del pasado. Ahora hay que escribir otro capítulo que enriquezca esa historia rojiblanca. Capítulo que deberá escribir el equipo en dos juegos decisivos frente a un rival pastuso que luce inspirado tras la campaña que lo colocó merecedor de llegar a la disputa del campeonato.

Frente al Nacional tampoco fue la excepción a esa casi regla de que Junior siempre le impone a sus seguidores. Ese parto que pone a latir los corazones a revoluciones máximas y que confirma la teoría de que entre más bravo el toro...

Sin su figura principal, como lo es Luis Díaz, quedaba la esperanza de un Hinestroza con similares condiciones y despliegue futbolístico. Pero la suerte le jugó una mala pasada apenas iniciado el choque ante los antioqueños. El martirio debía seguir y la lesión del zaguero Ditta aumentaría la desalentadora ilusión. Y, como para redondear la faena, la lesión de Daniel Moreno nos impondría un severo castigo en gran parte del segundo periodo.

Agotados los cambios había que “Morir con las botas puestas”, con lo que nos restaba. Y fue allí donde apareció la enjundia, ese temperamento al que Edgar Perea llamada mística ovalada. Había que aguantar con lo poco que teníamos. Así lo entendieron los jugadores. No importaba el drama ante un rival que nos arrinconó todo el segundo tiempo y que quiso quitarnos el ponqué que teníamos ganado en el primer periodo. Como tampoco importaba el segundo gol del Tolima en Cali y que nos apretaba  el derecho de llevarnos a la gran final. Como verdaderos gladiadores había que defender la mínima diferencia, ese gol de ventaja que nos mantenía despíerta la gran ilusión.

A fé que se logró. Con  la fe del carbonero, con la verraquera que se requiere para soportar arremetidas de toda clase; había que “echar el resto” como se dice en el póker y juegos de azar, con lo poco que nos quedaba. Así lo hizo Junior. Al final se logró el objetivo: llegar a la final, al margen de conocer si hubo “parideras”, que seguramente las hubo o si hubo infartos que ojala que no.

Para quienes desestimaron de antemano las posibilidades de un Junior a ratos poco convincente  y para quienes siempre creyeron en el cambio mental y la ilusión, para todos, la cena está servida. Junior vs Pasto en un primer sorbo este sábado. Ojalá la noche sea de brindis por un primer triunfo y dejando para la otra semana el cierre victorioso que todos queremos. Entonces habrá que esperar la promesa del empresario Christian Daes de hacerle una estatua al técnico mejor conocido como Julio Noveno.

Con figuras importantes lesionadas, Comesaña deberá echar mano de lo que le queda en estos dos juegos finales.  De ser posible, hasta él mismo tendrá que jugar y hasta Viera si es necesario tendrá que jugar de atacante en busca de gol. Sea como sea, al público lo que le interesa es ver a Junior nuevamente enarbolando una nueva estrella, la número 9 en manos de Julio noveno.  

 

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